Valle del Rio Negro: minería+petróleo vs. fruticultura

Fuente: Autores: Ing.Agr. Betina Ernst- topinfo
Hablar de manzanas y peras en Argentina es hablar del Valle del Rio Negro. A pesar de la diversificación agrícola, las crisis sufridas y la expansión urbana, sigue siendo la actividad que predomina y que le da el color al Valle. Pero esto está por cambiar: la fruticultura y agricultura están siendo amenazadas por el fuerte avance de la actividad minera y petrolera. Es la niña bonita de los gobiernos y atrae toda la atención, su brillo opaca todas las otras actividades.
Pero no todo lo que brilla es oro: la minería y el petróleo alteran fuertemente el medio ambiente, lo cual tiene que ser balanceado por otras actividades. Su efecto negativo sobre el medio ambiente tiene que ser compensado por actividades que recuperen el suelo, aire y agua. Los pulmones verdes, como zonas recreativas y cultivos comerciales, son fundamentales para mantener un hábitat agradable. Por ello, se requiere de una planificación de los espacios, de la ubicación de las poblaciones, las industrias, los depósitos de deshechos, así como las zonas de recuperación verde. Las zonas más aptas para cultivos, las cuales son cada vez más escasas, tienen que ser preservadas para tal fin y no caer en la especulación del negocio inmobiliario.
Desde el punto de vista social, hay que tener en cuenta la impronta negativa que tiene la industria minera-petrolera, en contraposición con la fruticultura, que es mejor vista entre la población, al preservar el medio ambiente y producir un producto sano y rico. Hay cierto romanticismo y emoción alrededor de la fruta. La fruta es un símbolo de la región y los habitantes de la zona sienten orgullo de su producto, algo que no les genera un metal o un barril de petróleo. Asimismo, la fruticultura es una actividad de empresas medianas, mayormente nacionales, y no hay grandes holdings extranjeros. ¿Cuánto pagarían las empresas mineras y petroleras por tener esta buena imagen? Normalmente son vistos por la población como quienes los contaminan y destruyen sus paisajes.
Los países árabes han comprendido el dilema de la actividad petrolera, volcando parte de su beneficio a fomentar otras actividades. En las regiones donde fue posible, subsidiaron la actividad agrícola. También Neuquén y Río Negro, que actualmente se benefician de las actividades mineras y petroleras, deberían visualizar esta oportunidad y fomentar a las actividades agrícolas, siendo la fruticultura por las óptimas condiciones agroclimática, tradición, empresariado e infraestructura existente, la que mejor se presta para tal fin.
Pero la fruticultura requiere un fuerte cambio para volver a ser sostenible y ubicarse nuevamente entre las más modernas y competitivas del mundo. Ya no es concebible una plantación a la antigua. Actualmente se necesitan productores y empresarios abiertos a los cambios, y eficientes tanto a nivel productivo como comercial. Es decir, se necesita un cambio de enfoque en el sector con más profesionalismo. Pero también se requiere de una gran inversión para incorporar las tecnologías más modernas, adaptar a los montes a los sistemas modernos de conducción, renovar las plantaciones y hacer un recambio varietal. Debido a que el sector privado comúnmente no cuenta con suficientes fondos y faltan líneas de financiación, son las provincias deberían asumir su rol en este punto. El gobierno nacional ha reducido y simplificado impuestos y trámites, pero aún queda un largo camino a recorrer. El gobierno central está centrado a otros temas; su situación fiscal, la lucha contra la inflación y los compromisos externos dejan poco espacio para actuar. Tienen que ser las provincias que asuman esta responsabilidad, dado que son ellas las más interesadas y las que más se beneficiarían de una recuperación de esta actividad.
Los gobernantes no deberían tentarse en usar los recursos en medidas cortoplacistas o que solo dan color, pero no atacan al real problema. Ejemplo de esto sobran: ampliar el staff de empleados públicos, crear nuevas delegaciones, construir edificios vistosos, comprar camionetas, contratar asesores caros, encargar estudios e investigaciones de los cuales hay más que suficientes, etc. Entre las acciones que deberían impulsar los gobiernos locales se destaca la baja de impuestos provinciales y municipales, líneas de crédito, renovación varietal y mejoras en infraestructura.
Incorporación de tecnología moderna: el cambio climático y las crecientes exigencias de los mercados obligan a incorporar cada vez más tecnología. Hoy, los crecientes eventos climáticos extremos obligan a tener una protección contra el granizo, las heladas y un sol cada vez más fuerte. A eso se suma el uso eficiente del agua, de los fertilizantes y un control fitosanitario adecuado. Para todo esto se necesitan líneas de créditos de largo plazo, adaptados a los años que lleva recuperar la inversión. Según los cálculos del INTA se requiere unos USD 55-60.000 para implantar una hectárea de manzanas o peras con la tecnología más moderna. Esto difícilmente pueda ser asumido por empresas sin ayuda externa.
Renovación varietal: tanto en peras como manzanas el Valle cuenta con solo unas pocas variedades, que son en general viejas, y no se adaptan a lo que requieren los mercados, ni los consumidores actuales. Además, un porcentaje elevado es de calidad inferior, sea por genética o falta de cuidados. Hoy estamos frente al dilema de exceso de oferta (de fruta mala) y a su vez de escasez (de fruta buena). Explorar en nuevas variedades, reemplazar las viejas; supera las posibilidades de los productores; por lo cual requieren financiación.
Los consumidores buscan fruta de buena a excelente calidad externa e interna. El precio pasa a segundo plano. La fruta de calidad menor es cada vez más difícil de ubicar. El consumidor la rechaza, aunque sea barata; porque termina tirándola. Prefiere gastar un poco más o comprar menos. Además, busca variedad. Actualmente se ofrece manzana roja o verde y pera amarilla o verde. El consumidor quiere variedad, también dentro de una misma fruta.
Bajar los impuestos provinciales y municipales: a pesar de algunas mejoras en tema impositivo, éstos aún son elevados y superan a los de nuestros competidores. Difícilmente el gobierno nacional pueda avanzar mucho en este tema. Pero sí lo pueden hacer las provincias y los municipios; siendo los primeros interesados en que la fruticultura vuelva ser competitiva.
Infraestructura: requiere de una importante inversión, en especial la red vial. Hay grandes distancias entre la zona de producción y los centros de consumo o los puertos. Y el estado actual de las rutas es malo, en algunos casos pésimo, más aún si se tiene en cuenta el gran movimiento que hay en momentos de cosecha y que se transporta fruta sensible a los golpes.
Hay una gran oportunidad y también tarea para el sector: recuperar la fruticultura y llevarla nuevamente a los estándares internacionales. Pero no lo podrá hacer solo, requiere de la ayuda y colaboración de los gobiernos locales. Estos se beneficiarán no solo por el regreso de una actividad que benefició durante tantos años a las provincias, sino que también ayudará a un crecimiento más homogéneo de todas sus actividades económicas.








