Buenas prácticas que protegen vidas y fortalecen la fruticultura: Río Negro amplía un programa que ya capacitó a más de 1.600 personas

Tras una exitosa primera jornada del ciclo 2026 en Villa Regina, la Secretaría de Fruticultura continúa con las capacitaciones en Lamarque y Allen. La subsecretaria María Laura Malaspina destacó que el objetivo no es solamente cumplir una norma, sino construir una producción más segura, competitiva y sustentable, poniendo en el centro a las personas que trabajan todos los días en las chacras.

Audio de la entrevista a la subsecretaria de fruticultura de Rio Negro Ing. María Laura Malaspina.

La seguridad de un trabajador que aplica un fitosanitario, la estabilidad de una escalera durante la cosecha, el orden de un depósito de agroquímicos o la correcta gestión de un envase vacío pueden parecer detalles aislados. Sin embargo, detrás de cada uno de ellos existe una decisión que impacta directamente en la salud de las personas, en la calidad de los alimentos y en el futuro de la producción frutícola.

Con esa mirada integral, Río Negro continúa desarrollando el ciclo de capacitaciones en Buenas Prácticas Agrícolas y seguridad laboral, una propuesta que desde 2023 recorre distintas localidades productivas de la provincia y que este año inició una nueva etapa con una convocatoria realizada en Villa Regina.

La subsecretaria de Fruticultura de Río Negro, María Laura Malaspina, explicó que la actividad realizada en Regina marcó el comienzo del ciclo 2026, aunque aclaró que se trata de un programa que ya tiene una trayectoria consolidada.

«Más de 1.600 productores y trabajadores agrarios participaron de estas capacitaciones desde que comenzaron en 2023», destacó, al remarcar que el crecimiento sostenido del programa demuestra el interés que existe dentro del sector por incorporar herramientas que mejoren las condiciones de trabajo y la producción.

Una capacitación que va mucho más allá de cumplir una norma

Uno de los conceptos que más enfatizó la funcionaria es que las Buenas Prácticas Agrícolas no representan únicamente una exigencia legal.

Si bien recordó que forman parte del Código Alimentario Argentino y, por lo tanto, son de cumplimiento obligatorio, sostuvo que el verdadero valor de estas capacitaciones consiste en acercar ese conocimiento a quienes trabajan diariamente en las chacras para que el desconocimiento nunca sea una causa de incumplimiento.

Pero el objetivo trasciende lo normativo.

Cada encuentro pone especial atención en la prevención de accidentes y enfermedades laborales, especialmente durante la manipulación y aplicación de productos fitosanitarios, una de las tareas de mayor riesgo dentro de la actividad.

El uso adecuado de elementos de protección personal, la preparación correcta de los productos, el almacenamiento seguro, el manejo responsable de los residuos y el mantenimiento de las herramientas forman parte de una serie de prácticas que, muchas veces, no requieren grandes inversiones económicas sino organización, capacitación y compromiso.

Competir también significa producir con responsabilidad

Malaspina subrayó además que las exigencias de los mercados internacionales evolucionan permanentemente.

Aunque muchas certificaciones privadas son voluntarias, explicó que cada vez más compradores internacionales solicitan estándares vinculados a la inocuidad alimentaria, el cuidado ambiental y la seguridad laboral.

En ese contexto, estas capacitaciones también brindan herramientas que ayudan a los productores a prepararse para cumplir con esos requisitos y fortalecer la competitividad de la fruta rionegrina en los mercados externos.

Un trabajo construido entre instituciones

Otro aspecto distintivo del programa es su carácter interinstitucional.

Las capacitaciones son planificadas de manera conjunta por organismos públicos y privados, entre ellos la Secretaría de Fruticultura de Río Negro, la Secretaría de Producción de Neuquén, INTA, SENASA, RENATRE, CASAFE, Campo Limpio, FUNBAPA, la Federación de Productores y CAFI.

Según explicó la subsecretaria, todas las instituciones acuerdan los contenidos y colaboran para que la capacitación llegue a las distintas regiones productivas, sumando además el acompañamiento de cámaras de productores y municipios.

Cuando la experiencia del productor mejora la capacitación

Lejos de tratarse de clases unidireccionales, cada jornada se convierte en un espacio de intercambio.

Los productores y trabajadores comparten las dificultades que encuentran al momento de aplicar la normativa en el trabajo cotidiano y, a partir de esas experiencias, los equipos técnicos ajustan contenidos y buscan soluciones más prácticas.

Uno de los ejemplos mencionados por Malaspina fue el manejo del caldo sobrante luego de una aplicación fitosanitaria.

¿Qué hacer cuando queda producto preparado una vez finalizado el tratamiento? La respuesta no es sencilla y justamente estas capacitaciones buscan ofrecer alternativas que permitan evitar tanto riesgos para el trabajador como impactos negativos sobre el ambiente.

Ambiente, salud e inocuidad: un mismo objetivo

El cuidado ambiental aparece como otro de los ejes centrales del programa.

La correcta gestión de los envases vacíos y el trabajo conjunto con Campo Limpio forman parte de una estrategia destinada a evitar contaminaciones y promover el reciclado responsable.

Para ello, la capacitación insiste en aspectos fundamentales como el triple lavado de los envases y su adecuada preparación antes de ser entregados en las campañas de recuperación.

Más localidades y una mirada que incorpora a la horticultura

Después de Villa Regina, el programa continuará el 5 de agosto en Lamarque y el 12 de agosto en Allen.

La selección de las sedes responde a varios criterios: acercar las capacitaciones a las principales zonas productivas, llegar a localidades donde aún no se realizaron encuentros y disponer de espacios adecuados para recibir a los participantes.

Además, durante este año el programa amplió su alcance incorporando contenidos específicos para la producción hortícola, adaptando algunos de los ejes tradicionales de la fruticultura para responder también a las necesidades de ese sector.

Una inversión silenciosa que fortalece toda la cadena

En una actividad donde la calidad comienza mucho antes de la cosecha, la capacitación deja de ser un complemento para convertirse en una herramienta estratégica.

Cada trabajador que aprende a manipular correctamente un fitosanitario, cada productor que mejora la organización de su establecimiento y cada práctica que reduce riesgos laborales representa un paso hacia una fruticultura más profesional, más segura y mejor preparada para responder a las crecientes demandas de los mercados y de la sociedad.

Porque detrás de cada manzana o cada pera que sale de los valles de Río Negro y Neuquén no solo hay producción: también hay conocimiento, responsabilidad y una decisión cotidiana de cuidar a quienes hacen posible que esa fruta llegue a la mesa de millones de consumidores.

Formulario: https://forms.gle/FgRDMShoBwMiLWb68

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