Malma en París: cómo una bodega neuquina juega en la liga mayor del vino mundial

Desde la VinExpo 2026, Julio Viola expone cómo la Patagonia construye posicionamiento global a partir de identidad territorial, calidad diferenciada y estrategia de valor, en un contexto macroeconómico que sigue condicionando la competitividad argentina.
Audio de la entrevista a Julio Viola
Participar de la VinExpo Paris no es una postal turística ni una acción promocional aislada. Es sentarse en la mesa donde se define buena parte del comercio global del vino. Allí estuvo Julio Viola, representante de Bodega Malma, integrando el stand de pymes neuquinas impulsado por el Centro PyME-ADENEU con financiamiento del CFI.
“Es como tener una pequeña oficina en la capital del vino durante tres días”, sintetizó Viola al regresar de París. Los números son elocuentes: más de 6.500 expositores y 63.000 visitantes profesionales de 150 países. Un ecosistema estrictamente de trade, donde se negocia, se degusta y se decide.
Para una provincia que representa apenas el 0,7%–0,8% de la producción vitivinícola argentina, la escena adquiere otra dimensión.
De Burdeos a París: la reconversión de una feria clave
Viola recordó que las primeras ediciones de VinExpo, en los años 2000, estaban fuertemente orientadas al vino francés en Burdeos. El traslado a París, en cambio, consolidó su perfil verdaderamente internacional.
“París es hiperconectada. Un importador puede viajar por el día desde Londres, asistir a la feria y regresar a dormir a su casa. Eso cambia todo”, explicó. La accesibilidad logística transforma a la capital francesa en un nodo estratégico que, según su mirada, hoy volvió a ocupar el lugar de feria más influyente del mundo del vino.
Patagonia: una marca que excede al vino
Neuquén cuenta con 1.500 hectáreas implantadas, 13 bodegas y una fuerte concentración productiva en San Patricio del Chañar. Un volumen modesto en términos absolutos, pero con un activo intangible decisivo: la palabra Patagonia.
“La Patagonia es una marca recontra internacional. Cuando decís Patagonia, el consumidor del mundo tiene una imagen positiva, incluso antes de probar el vino”, sostuvo Viola.
Esa construcción simbólica permite, incluso, disociarse de las turbulencias macroeconómicas argentinas en la percepción del consumidor final. Pero la ventaja reputacional convive con desventajas estructurales: mayores costos logísticos, distancia del clúster mendocino y sobrecostos financieros derivados del transporte y abastecimiento de insumos.
La conclusión es clara: Patagonia no puede competir por precio.
“Nosotros no podemos entrar en el barro del vino que gana por descuento. Tenemos que ganar por imagen de marca y por calidad.”
Pinot Noir: la carta diferencial
En términos varietales, el Pinot Noir aparece como el estandarte neuquino. Viola destacó que en mercados como Noruega fue el varietal argentino más vendido el último año.
El Malbec sigue siendo el emblema nacional, pero en un escenario global saturado de etiquetas, la Patagonia encuentra en el Pinot Noir —y también en Chardonnay y Merlot de perfil frío— una identidad distintiva.
En ese camino, Malma viene profundizando una estrategia. Desde 2019 amplió su línea tope de gama, con vinos de mayor valor agregado que, según indicó, están encontrando buena recepción internacional.
El rol del Estado y la competencia global
Viola fue explícito al reconocer la importancia del acompañamiento público para participar en este tipo de ferias. Recordó que países europeos cuentan con fuertes esquemas de subsidios a la promoción externa y mencionó cifras millonarias destinadas por la Unión Europea a la publicidad internacional de sus vinos.
En ese tablero, la competitividad argentina se ve condicionada por la macroeconomía.
“El tipo de cambio es clave. Si tenés inflación en pesos y tipo de cambio atrasado, tenés que subir precios en dólares. Y nadie en el mundo quiere pagar más”, explicó.
La volatilidad macroeconómica, sostuvo, erosiona esfuerzos comerciales de años y obliga a recomponer relaciones en mercados que no comprenden la lógica argentina.
Sostenibilidad: requisito institucional más que demanda emocional
En Europa, la sustentabilidad dejó de ser un diferencial para transformarse en condición de acceso en algunos mercados. Viola explicó que en países escandinavos, donde el Estado monopoliza la compra de alcohol, las licitaciones exigen certificaciones ambientales específicas.
Si la bodega no cumple, directamente no compite.
Aun así, aclaró que en términos generales el binomio precio-calidad sigue siendo determinante en la decisión del consumidor.
Un granito de arena con historia
Cuando se le pidió definir el lugar del vino neuquino en el mapa mundial, la respuesta fue honesta: “Somos un granito de arena”. En una feria con 6.500 expositores, Argentina representa apenas 90 bodegas; Neuquén, cinco.
Sin embargo, en un mercado atomizado y profundamente narrativo, donde la historia pesa tanto como la ficha técnica, el tamaño no es el único factor decisivo.
“El consumidor de vino busca una historia que lo interpele. Y si tenés un buen mensaje y un buen vino, siempre un lugar te vas a hacer.”
El camino: percepción de valor
Para Viola, el futuro de la vitivinicultura neuquina no está en expandirse en volumen, sino en consolidar percepción de valor.
Malma —propiedad de la familia Viola, pionera del polo vitivinícola de San Patricio del Chañar— nació con una identidad clara: su nombre significa “orgullo” en mapudungun. Orgullo por el territorio, por el origen y por una filosofía orientada a “encontrar la esencia última del terruño y llevar la Patagonia al mundo”.
Neuquén es pequeña en hectáreas. Pero en posicionamiento simbólico y ambición estratégica, busca jugar en la mesa grande.
El audio completo de la entrevista se encuentra disponible en todas nuestras plataformas de audio.









