Santibañez asume el gremio de la fruta: en un sistema bajo presión

El nuevo secretario general del SOEFRNyN inicia su gestión con un diagnóstico directo: pérdida del poder adquisitivo, fragilidad del sistema y la necesidad de “tener cintura” para sostener el empleo.

Audio de la entrevista a Máximo Santibañez.

En un escenario donde la fruticultura del Alto Valle exhibe señales persistentes de desgaste, el Sindicato de Obreros y Empacadores de la Fruta de Río Negro y Neuquén inicia una nueva etapa bajo la conducción de Máximo Santibañez. El dirigente, con base territorial en Villa Regina, asume la Secretaría General tras la salida de Marcos Bielma, en una transición que combina continuidad institucional con desafíos de alta complejidad.

Lejos de los discursos grandilocuentes, Santibañez eligió un tono prudente, casi austero, para describir el punto de partida de su gestión. “Recibimos un gremio y una obra social en orden”, sintetiza, marcando una línea de continuidad que, al menos en lo inmediato, no busca rupturas sino consolidación.

Un liderazgo sin promesas, pero con diagnóstico

El nuevo titular del gremio no esquiva el contexto. Lo define con una crudeza poco habitual en el discurso sindical: “Hoy no hay dinero que alcance”. La frase, simple en su forma, condensa una realidad más profunda: el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los trabajadores frutícolas, incluso en un esquema donde según remarca las paritarias del sector han logrado ubicarse por encima de otros convenios a nivel nacional.

La tensión es evidente. Por un lado, un gremio que sostiene haber alcanzado acuerdos salariales competitivos. Por el otro, trabajadores que llegan a cada temporada con ingresos ya comprometidos, arrastrando deudas y enfrentando una inflación que, en la práctica cotidiana, desborda cualquier referencia estadística.

“Vamos a la góndola y encontramos otra realidad”, plantea Santibañez, introduciendo un elemento clave en la lectura del conflicto: la brecha entre los indicadores formales y la economía real.

Equilibrio en un sistema en crisis

Uno de los ejes más sensibles de la entrevista aparece cuando se aborda la relación entre salarios y rentabilidad empresaria. Lejos de una posición rígida, el dirigente reconoce la complejidad del escenario: “La crisis es a nivel nacional y nos afecta a todos”.

En ese punto, su discurso incorpora una variable que atraviesa a toda la cadena: el desajuste entre costos en dólares y un tipo de cambio que, según describe, ha erosionado la competitividad de las empresas exportadoras. El resultado, advierte, es un proceso conocido en economías en tensión: concentración, desaparición de actores más pequeños y pérdida de diversidad productiva.

Una fruticultura que resiste, pero se transforma

El diagnóstico territorial aporta uno de los tramos más reveladores de la conversación. Santibañez describe un mapa productivo en mutación, con zonas donde la actividad se retrae de manera significativa. El caso de Río Colorado es ilustrativo: de cientos de trabajadores a apenas unas decenas, en un proceso de reconversión hacia otros cultivos.

Sin embargo, evita caer en una mirada fatalista. Señala que, en otras áreas del circuito frutícola, la actividad aún mantiene dinamismo, con empresas que reemplazan a otras y sostienen la demanda laboral. Esa dualidad retracción en algunos territorios, continuidad en otros define hoy el pulso de la fruticultura regional.

“Hay que seguir apostando y cuidar la fruticultura”, insiste, introduciendo una idea que atraviesa toda su intervención: la actividad no es solo un sector económico, sino una estructura social que articula empleo, territorio y ciclo productivo de manera permanente.

Conducción sindical: entre la negociación y el límite

En términos de gestión, Santibañez plantea una lógica que combina diálogo con firmeza. No promete evitar conflictos, pero sí priorizar instancias de conciliación. “El trabajador no quiere confrontar, quiere trabajar y cobrar”, resume, desplazando el foco hacia una demanda básica pero muchas veces insatisfecha: previsibilidad.

El límite aparece cuando se vulneran derechos esenciales. En esos casos, advierte, el gremio avanzará en medidas de fuerza si las

instancias administrativas no logran resolver los conflictos. No como estrategia, sino como última herramienta.

Precarización y tensiones estructurales

El nuevo secretario general no desconoce la existencia de trabajo no registrado, aunque lo ubica dentro de una problemática más amplia. “En todos los rubros hay precarización”, afirma, al tiempo que señala que el sindicato busca desincentivar esas prácticas incluso desde el discurso cotidiano con los trabajadores.

En paralelo, introduce un dato relevante: la reciente configuración de las escalas salariales, con componentes no remunerativos, como mecanismo para aliviar la carga patronal. Una señal, en su lectura, de que el gremio también ha buscado generar condiciones de sostenibilidad para el sistema.

La obra social como eje de gestión

Más allá de lo estrictamente sindical, Santibañez pone especial énfasis en la obra social, un punto crítico en el entramado laboral. Reconoce dificultades estructurales heredadas, pero sostiene que hoy el sistema funciona y garantiza acceso a medicamentos y prestaciones básicas.

El desafío, admite, está en mejorar la cobertura en determinadas localidades y resolver limitaciones en infraestructura sanitaria, particularmente en zonas donde la oferta es escasa.

“No hay varita mágica”: una gestión paso a paso

Quizás la definición más honesta y, a la vez, más política de su intervención aparece hacia el final: “No vengo con una varita mágica”. La frase marca un posicionamiento claro: evitar promesas desmedidas en un contexto donde las soluciones estructurales exceden al propio gremio.

La estrategia, en sus palabras, será avanzar “pasito a pasito”, consolidando lo existente y corrigiendo lo que sea necesario, con el acompañamiento de los secretarios generales y una conducción que busca mostrarse cohesionada.

La llegada de Santibañez a la conducción del gremio no inaugura una etapa de ruptura, sino de administración cuidadosa en un sistema que opera al límite de sus posibilidades.

Su discurso deja una señal clara: la prioridad será sostener el equilibrio. Entre salarios y empleo, entre conflicto y negociación, entre crisis y continuidad.

En la fruticultura del Alto Valle, donde cada variable está tensionada, ese equilibrio no es una consigna. Es, sencillamente, una condición de supervivencia.

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