Maíz bajo la lupa: producir una hectárea cuesta más de $2,3 millones y el margen vuelve a quedar en el centro del debate

Un informe del INTA Alto Valle y Valle Medio actualizó los costos de producción de maíz para grano en mayo de 2026. La inversión necesaria para implantar y cosechar una hectárea supera los 2,3 millones de pesos y exige rindes superiores a las 9 toneladas para cubrir los costos.
La ecuación económica del maíz vuelve a plantear un desafío conocido para los productores del norte patagónico: invertir cada vez más para sostener la producción y depender de rendimientos elevados para alcanzar rentabilidad.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle y la Agencia de Extensión Rural Valle Medio, presentó la actualización de los costos de producción de maíz para grano correspondiente a mayo de 2026, una herramienta que permite analizar con mayor precisión la estructura de gastos y los márgenes esperados del cultivo. (Ver informe)
Según el relevamiento, el costo directo total alcanza los 2.307.223 pesos por hectárea, equivalentes a 1.652 dólares, considerando un tipo de cambio de referencia de $1.397 por dólar.
La cifra incluye semillas, labores, fertilización, agroquímicos, riego y cosecha, además de contemplar el costo de la tierra bajo un esquema de alquiler equivalente a 1,5 toneladas por hectárea.
Fertilizantes y labores: los rubros que más pesan
El informe muestra con claridad dónde se concentra la mayor parte de la inversión.
Los fertilizantes representan el 30% de los costos directos, con un desembolso cercano a los 699 mil pesos por hectárea. Muy cerca aparecen las labores agrícolas, que también explican otro 30% del presupuesto total, con más de 612 mil pesos por hectárea.
La semilla ocupa el tercer lugar dentro de la estructura de gastos, con una participación del 19%, mientras que la cosecha representa el 17% del costo total.
En cambio, los agroquímicos explican apenas el 4% de la inversión total, un dato que refleja el fuerte peso que han adquirido los insumos nutricionales y los servicios de maquinaria en la economía del cultivo.
El rendimiento de equilibrio: la frontera entre ganar y perder
Para la campaña analizada, el INTA calculó un rendimiento de equilibrio de 9,2 toneladas por hectárea.
En otras palabras, cualquier resultado por debajo de ese nivel implica pérdidas económicas, mientras que los rindes superiores comienzan a generar márgenes positivos.
La referencia se construyó tomando un precio de maíz de $249.500 por tonelada, valor de pizarra utilizado para la elaboración de la cartilla técnica.
La rentabilidad depende de cada tonelada
Los números muestran con claridad la sensibilidad económica del cultivo frente a pequeñas variaciones de rendimiento.
Con una producción estimada de 13.000 kilos por hectárea, el margen bruto alcanza los $936.277 por hectárea y la rentabilidad se ubica en torno al 41%.
Si el rendimiento cae a 10.000 kilos por hectárea, el margen se reduce drásticamente hasta los $187.777 y la rentabilidad baja al 8%.
La situación cambia de signo cuando la producción desciende a 9.000 kilos por hectárea. En ese escenario el resultado ya es negativo, con una pérdida de $61.723 por hectárea y una rentabilidad de -3%.
Con rindes de 8.000 kilos por hectárea, las pérdidas se profundizan hasta superar los $311.000 por hectárea, llevando la rentabilidad a valores cercanos al -13%.
Una herramienta para la toma de decisiones
Más allá de los números puntuales, la actualización elaborada por los equipos técnicos del INTA constituye una referencia clave para productores, asesores y empresas que deben proyectar campañas en un contexto de costos crecientes y márgenes ajustados.
La información permite dimensionar el capital necesario para producir, evaluar estrategias de manejo y analizar distintos escenarios productivos antes de tomar decisiones de inversión.
En una región donde el maíz cumple un rol estratégico tanto para la rotación de cultivos como para la provisión de forraje y granos, conocer con precisión cuánto cuesta producir se ha transformado en una condición indispensable para gestionar riesgos y sostener la competitividad.








