Cuando el agua vuelve a los valles, también vuelve a abrirse el futuro

Los abanderados de la Escuela Agraria Alto Valle Este acompañaron la apertura de una nueva temporada de riego en el Dique Ballester, en un acto que volvió a poner en escena el valor estratégico del agua para la producción y el vínculo de las nuevas generaciones con el territorio.
Hay momentos que forman parte de la identidad de un territorio. La apertura de las compuertas del Dique Ballester es uno de ellos.
Cada año, cuando el agua comienza nuevamente a recorrer los canales del Alto Valle, no solamente se inicia una nueva temporada de riego. Se pone en marcha, una vez más, una parte esencial de la vida productiva de la región.
En esta oportunidad, entre quienes acompañaron ese momento estuvieron los abanderados de la Escuela Agraria Alto Valle Este, que representaron a la institución en el acto de inauguración de la temporada.
Su presencia tuvo un significado que trasciende lo protocolar.
Porque hablar de riego es hablar de producción, pero también de conocimiento, de trabajo y de futuro. Y pocas imágenes expresan mejor esa continuidad que la de los jóvenes que hoy se forman en una escuela agraria acompañando el momento en que el agua vuelve a tomar su lugar en el entramado productivo del valle.
El agua como punto de partida
El Dique Ballester volvió a abrir sus compuertas y con ello comenzó una nueva temporada para miles de hectáreas productivas del Alto Valle.
El sistema de riego constituye una infraestructura fundamental para la fruticultura y para el conjunto de las actividades que se desarrollan en los valles irrigados. Su funcionamiento permite transformar el recurso hídrico en producción, empleo y actividad económica, sosteniendo una matriz productiva que tiene profundas raíces en la historia regional.
Pero el agua no llega sola.
Detrás de cada temporada existe una tarea silenciosa y permanente de mantenimiento, planificación y puesta a punto de una infraestructura que debe estar preparada para responder durante los meses de mayor demanda.
De acuerdo con lo informado por el Departamento Provincial de Aguas, durante el período previo al inicio de la temporada se realizaron trabajos de mantenimiento en los canales principales y secundarios del sistema, con una inversión superior a los 4.000 millones de pesos.
El objetivo fue mejorar las condiciones de funcionamiento de la red y llegar al comienzo de esta nueva etapa con la infraestructura preparada para acompañar las necesidades de los productores.
Néstor Pérez, superintendente del DPA, definió la apertura como “una culminación y un inicio”: la culminación de los trabajos realizados durante los meses de mantenimiento y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva temporada productiva.
Una escuela mirando el territorio
En ese escenario, la presencia de la Escuela Agraria Alto Valle adquiere una dimensión particular.
Los estudiantes que llegaron representando a la institución no fueron espectadores ajenos a la escena. Son parte de una comunidad educativa cuya formación está estrechamente vinculada con el mundo rural, la producción y las actividades que construyen la identidad económica y social de la región.
Los abanderados llevaron consigo algo más que las insignias de la escuela.
Representaron a una generación que comienza a comprender que producir en el Alto Valle implica conocer profundamente el territorio, interpretar sus ciclos, cuidar sus recursos y asumir los desafíos que plantea una actividad productiva cada vez más exigente.
Por eso, ver a los jóvenes junto a una obra como el Dique Ballester permite también pensar en el futuro.
El agua que hoy comienza a recorrer nuevamente los canales será la que acompañe una nueva campaña productiva. Y esos mismos jóvenes, que hoy observan y aprenden, serán mañana técnicos,
productores, profesionales, trabajadores y protagonistas de las decisiones que deberán tomarse para sostener una producción que necesita cada vez más conocimiento.
Una obra, muchas historias
El Dique Ballester también guarda sus propias historias.
Durante el acto, Néstor González, operador y guardadique, compartió una historia familiar profundamente ligada a este lugar. Su abuelo también desempeñó tareas como guardadique y su abuela, Balbina, trabajó como cocinera junto al ingeniero Ballester. Otros integrantes de su familia también desarrollaron actividades vinculadas al emblemático complejo hidráulico.
Es una historia que ayuda a comprender que detrás de la infraestructura existe también una dimensión humana.
Generaciones enteras han construido su vida alrededor de estos canales, de sus compuertas y del trabajo cotidiano necesario para que el agua llegue allí donde se la necesita.
De alguna manera, la presencia de los alumnos de la Escuela Agraria Alto Valle incorporó una nueva generación a esa larga historia.
No necesariamente porque vayan a repetir los mismos caminos, sino porque serán ellos quienes deberán escribir los próximos capítulos de la producción regional.
Cuando se abren las compuertas
La apertura de la temporada de riego puede observarse desde distintos lugares.
Para el sistema hídrico, significa el inicio de una nueva etapa de distribución. Para los productores, representa una herramienta indispensable para comenzar el ciclo productivo. Para quienes trabajan en el mantenimiento y operación de la infraestructura, es la culminación de meses de preparación.
Y para una escuela agraria, puede significar también una oportunidad educativa fuera de las aulas.
Porque hay conocimientos que se explican en los libros, pero también hay otros que se comprenden frente a una compuerta que se abre y ante el agua que comienza a avanzar por un canal.
Allí aparece una de las grandes riquezas de la educación vinculada al territorio: aprender no solamente sobre producción, sino comprender de dónde proviene el agua que la hace posible, quiénes trabajan para administrarla y por qué su disponibilidad resulta determinante para el futuro del valle.
Los abanderados de la Escuela Agraria Alto Valle estuvieron allí.
Y su presencia dejó una imagen que vale la pena conservar: el agua comenzando nuevamente su recorrido y, junto a ella, una nueva generación mirando de frente el territorio que algún día deberá continuar construyendo.
Porque cada temporada de riego comienza cuando se abren las compuertas.
Pero el verdadero desafío comienza mucho antes y continúa mucho después: garantizar que el agua, el conocimiento y el trabajo sigan encontrando un punto de encuentro para que el Alto Valle pueda seguir produciendo.











