Fruticultura regenerativa: del concepto difuso a la gestión concreta, el giro silencioso que empieza a tomar forma en el Alto Valle

Lejos de las etiquetas y más cerca de la medición, el INTA impulsa una nueva forma de producir fruta: sistemas que no solo reduzcan impacto, sino que regeneren. El desafío ya no es conceptual, sino operativo.

En la fruticultura del Alto Valle, donde cada decisión productiva está atravesada por márgenes ajustados, mercados exigentes y un clima cada vez más impredecible, empieza a emerger una discusión que trasciende lo técnico para instalarse en el corazón mismo del modelo productivo.

La agricultura regenerativa o, en términos más precisos, la fruticultura regenerativa deja de ser un concepto difuso para comenzar a adquirir forma, método y, sobre todo, indicadores.

“Más que una definición, lo importante es poder medir si realmente estamos avanzando o no”, plantea Sergio Romagnoli, licenciado en Gestión Ambiental y Master Science en Ingeniería Ambiental, referente del INTA Alto Valle, con una claridad que evita los lugares comunes y pone el foco donde hoy se juega la discusión: la capacidad de transformar ideas en gestión.

Regenerar no es solo producir mejor, es producir distinto

A diferencia de los enfoques tradicionales, la fruticultura regenerativa no se limita a reducir impactos negativos. Su ambición es más profunda: reconstruir la funcionalidad de los sistemas productivos.

“Se trata de identificar prácticas que mejoren el suelo, optimicen el uso del agua y promuevan una biodiversidad funcional que permita equilibrar el sistema”, explica Romagnoli.

Ese equilibrio no es una abstracción. Tiene traducción concreta en el campo: menor presión de plagas, mayor resiliencia frente a eventos climáticos y una base productiva más estable en el tiempo.

En ese sentido, el suelo deja de ser un soporte inerte para convertirse en un activo estratégico. Su contenido de carbono, su estructura y su vida biológica pasan a ser indicadores clave de desempeño.

El salto cualitativo: de la idea a la medición

Durante décadas, la sustentabilidad fue un horizonte compartido, pero difícil de operacionalizar. La gran diferencia que introduce el enfoque regenerativo según Romagnoli es su capacidad de volverse medible.

“El concepto siempre fue el mismo: cuidar los recursos, no degradarlos, sostener la productividad. Lo que cambia ahora es que podemos cuantificar si vamos en ese sentido o no”, sostiene.

En esa línea, el desarrollo de guías metodológicas como la impulsada por equipos del INTA marca un punto de inflexión. Por primera vez, los productores cuentan con herramientas concretas para diagnosticar sus sistemas y evaluar su evolución.

Medir carbono en suelo, monitorear biodiversidad o evaluar eficiencia en el uso del agua deja de ser un ejercicio teórico para convertirse en una práctica de gestión.

Más allá de la sustentabilidad: una evolución operativa

Romagnoli introduce una distinción clave que ayuda a entender el momento actual: la diferencia entre el concepto de sustentabilidad y su implementación real.

“La sustentabilidad muchas veces quedó en una idea. Estos nuevos enfoques como la agricultura regenerativa o la economía circular permiten bajarla a tierra, hacerla operativa”, señala.

No se trata de un cambio filosófico, sino de un avance metodológico. La posibilidad de medir, verificar y reportar transforma un ideal en una herramienta de decisión.

En otras palabras, el productor deja de moverse por intuición o principios generales y comienza a gestionar con datos.

Un sistema con capacidad, pero condicionado por la economía

Lejos de plantear la regeneración como un salto disruptivo inalcanzable, Romagnoli introduce una mirada pragmática sobre la capacidad del sistema productivo.

“Hay mucho de esto que implica volver a las bases. Los productores están preparados, tienen conocimiento y experiencia. No es un cambio tan lejano”, afirma.

El capital humano, tanto en el ámbito público como privado, aparece como una fortaleza del Alto Valle. Técnicos, asesores y productores muestran según el diagnóstico del INTA una creciente sensibilidad y predisposición hacia estos enfoques.

Sin embargo, el principal condicionante no es técnico, sino económico.

“Las limitantes están en la rentabilidad y en el acceso al financiamiento. Muchas de estas prácticas requieren inversión, y ahí aparece la restricción”, advierte.

¿Nuevo estándar o nicho en expansión?

La gran pregunta que sobrevuela la discusión es si la fruticultura regenerativa se consolidará como norma o quedará confinada a experiencias aisladas.

Romagnoli no duda en su proyección: “Hoy puede parecer un nicho, pero es un nicho que crece muy rápido”.

Más aún, arriesga un horizonte temporal: en el mediano plazo, difícilmente exista otra forma de producir que no incorpore estos principios.

Pero introduce un matiz conceptual relevante: la regeneración no es un punto de llegada, sino un proceso continuo.

“No es algo que se alcanza y termina. Es una transición permanente, una dirección hacia la cual avanzar”, explica.

El cruce inevitable: ambiente, economía y tecnología

La fruticultura del futuro si algo deja en claro esta transición no se definirá únicamente en el plano agronómico.

Será el resultado de un cruce cada vez más estrecho entre variables ambientales, exigencias de mercado y capacidades tecnológicas.

En ese escenario, la regeneración no es solo una respuesta al cambio climático. Es también una estrategia de posicionamiento.

Porque en un mundo donde producir ya no alcanza, la diferencia estará en cómo se produce… y en la capacidad de demostrarlo.

Una transición en marcha

El Alto Valle no parte de cero. Tiene condiciones estructurales, conocimiento acumulado y experiencias en desarrollo que le permiten avanzar.

Pero como toda transición, el tiempo es un factor crítico.

La fruticultura regenerativa no irrumpe como una revolución estridente. Avanza de manera silenciosa, apoyada en datos, prácticas y decisiones que empiezan a reconfigurar el sistema desde adentro.

Y aunque todavía no sea la norma, todo indica que ya dejó de ser una alternativa.

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