Fruticultura bajo presión: menos exportación, más industria y un mapa comercial en transformación

Un informe conjunto de organismos técnicos revela cómo se reconfigura el destino de la fruta del Valle, entre mercados que crecen, otros que se retraen y una matriz productiva cada vez más tensionada
Hay datos que, leídos en frío, parecen simplemente números. Pero cuando se los pone en contexto, cuando se los cruza con la realidad del productor y con la dinámica de los mercados internacionales, dejan de ser estadísticas para convertirse en señales. Y eso es lo que hoy está ocurriendo con la fruticultura del norte patagónico.
El último informe elaborado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Secretaría de Fruticultura de Río Negro ofrece una radiografía precisa y, al mismo tiempo, inquietante sobre el comportamiento de peras y manzanas al mes de febrero en Río Negro y Neuquén.
Detrás de los volúmenes exportados, de los porcentajes y de los destinos, se empieza a delinear un cambio de época: menos fruta en los mercados internacionales, mayor peso de la industria y una dependencia creciente de algunos pocos destinos clave.
Peras: el sostén exportador, con matices
La pera continúa siendo el principal vector exportador de la región. Al 28 de febrero, las exportaciones alcanzaron las 65.909 toneladas, con Brasil consolidándose como el principal destino, absorbiendo más de 26.000 toneladas.
Pero el dato no es lineal. Mientras Brasil crece un 14% y Rusia muestra un salto significativo del 63%, otros mercados se retraen con fuerza. Estados Unidos cae un 51% y México directamente desaparece del mapa comercial en este período.
El saldo general es una leve caída del 2% en las exportaciones. Un número que, en apariencia, podría leerse como estabilidad, pero que en realidad esconde una redistribución profunda de los destinos y una mayor vulnerabilidad comercial.
Porque cuando menos mercados sostienen el volumen, mayor es la exposición del sistema.
Una matriz que se desplaza hacia la industria
Quizás uno de los datos más reveladores del informe no está en la exportación, sino en cómo se distribuye la fruta.
Del total producido en peras:
El 41% se destina a exportación
Apenas el 12% al mercado interno
Y un contundente 47% a la industria
Es decir, casi la mitad de la producción termina procesada.
El dato no es menor. La industria jugos, pulpas, derivados se convierte en el principal receptor de la fruta, lo que habla tanto de una estrategia de aprovechamiento como de una dificultad estructural para colocar volumen en fresco.
A su vez, el 88% de ese procesamiento se realiza dentro de la Patagonia, lo que muestra un entramado industrial activo, pero también tensionado por la sobreoferta.
Manzanas: el eslabón más debilitado
Si la pera muestra matices, la manzana expone con crudeza las dificultades.
Las exportaciones apenas alcanzaron las 6.592 toneladas, con una caída global del 33%. Brasil históricamente un mercado relevante reduce sus compras en un 51%, mientras que Bolivia y Paraguay también retroceden.
En contrapartida, Rusia vuelve a aparecer con un crecimiento del 62%, aunque insuficiente para compensar la caída general.
El dato más contundente es estructural:
Solo el 11% de la manzana se exporta
El 55% se destina al mercado interno
Y el 34% va a industria
La manzana, históricamente símbolo de la fruticultura regional, hoy pierde protagonismo en los mercados internacionales y se repliega hacia circuitos de menor valor relativo.
Más allá de la pera y la manzana: economías complementarias
El informe también aporta datos sobre otras producciones, que si bien tienen menor volumen, ayudan a comprender la diversificación del sistema.
Las cerezas, con más de 4.400 toneladas exportadas, mantienen su perfil internacional, con destinos como China, Estados Unidos y España, y un alcance que incluye a toda la Patagonia.
En cambio, frutas como ciruelas, duraznos y pelones muestran volúmenes exportadores bajos, concentrados principalmente en mercados regionales como Brasil, Paraguay y Uruguay.
Son producciones que, aunque más acotadas, reflejan la búsqueda de alternativas dentro de un sistema que necesita diversificar riesgos.
Un sistema que resiste, pero cambia
Lo que emerge de este informe no es un colapso, pero tampoco una zona de confort. Es, más bien, un sistema en transición.
Una fruticultura que:
Depende cada vez más de la industria
Pierde volumen en mercados internacionales clave
Se apoya en pocos destinos para sostener exportaciones
Y muestra fuertes diferencias entre especies
En ese contexto, cada número deja de ser aislado para convertirse en parte de un mismo diagnóstico: la necesidad de repensar la competitividad, la estrategia comercial y el posicionamiento global de la fruta patagónica.
La fruticultura del Valle no está detenida. Produce, exporta, industrializa. Pero lo hace en un escenario más estrecho, más exigente y más selectivo.
Y allí es donde aparece el verdadero desafío: no solo sostener volúmenes, sino recuperar valor.
Porque, en definitiva, detrás de cada tonelada hay algo más que fruta. Hay trabajo, hay historia y hay una economía regional que sigue buscando su equilibrio en un mundo que cambia más rápido que nunca.







