Ecocert refuerza la capacitación de sus equipos y pone el foco en una certificación cada vez más estratégica para el productor

La empresa realizó su reunión anual de auditores, un espacio destinado a actualizar criterios, revisar procedimientos y fortalecer la articulación entre los equipos que participan del proceso de certificación. Mario Passo, country manager de Ecocert para Argentina, Uruguay y Paraguay, destacó la importancia de sostener la calidad del servicio en un escenario económico que también desafía a las economías regionales.
Audio de la entrevista al lic. Mario Passo, country manager de Ecocert para Argentina, Uruguay y Paraguay
Certificar una producción como orgánica no es llegar a una meta de un día para otro. Detrás de un certificado hay años de trabajo, inversiones, registros, capacitación y cambios en la manera de producir. También hay un proceso de aprendizaje que involucra no solamente al productor, sino a los equipos que trabajan junto a él.
Con esa mirada, Ecocert llevó adelante su reunión anual de auditores 2026, una instancia que la empresa desarrolla cada año y que, en esta oportunidad, tuvo como eje no solamente la actualización normativa y técnica, sino también algo que muchas veces queda fuera de escena: cómo mejorar la comunicación interna y hacer más eficiente todo el proceso que termina llegando al cliente.
Mario Passo, country manager de Ecocert para Argentina, Uruguay y Paraguay, explicó que el encuentro reunió a los auditores de todo el país y también involucró a otras áreas de la organización, desde atención al cliente y administración hasta sistemas y los equipos vinculados con la toma de decisiones.
Mucho más que una actualización normativa
La certificación se encuentra atravesada por normas y requisitos que se actualizan permanentemente. Por eso, una parte central de la reunión estuvo destinada a revisar cambios normativos, procedimientos y criterios de trabajo.
Pero hubo otro objetivo que, según Passo, cobró especial importancia: lograr una mayor unificación de criterios entre los auditores que trabajan en el territorio.
“Lo que hacemos es actualizar el tema normativo, pero también trabajar en la unificación de criterios del auditor en el campo y en la visita a los clientes”, explicó.
La importancia de este aspecto puede entenderse cuando se observa el proceso completo. La auditoría es apenas una de las etapas de una cadena en la que intervienen diferentes equipos. La información que se genera en el campo luego debe ser analizada y procesada hasta llegar a la decisión de certificación.
Por eso, para Ecocert, mejorar la comunicación entre quienes participan de cada etapa no es una cuestión meramente interna. Tiene una consecuencia concreta sobre el servicio que recibe el productor o la empresa que necesita certificar.
La eficiencia también se construye puertas adentro
Uno de los cambios que la empresa viene profundizando en sus reuniones anuales tiene que ver justamente con la eficiencia operativa.
Passo señaló que, en los últimos encuentros, se le está otorgando cada vez más espacio al trabajo de integración entre los diferentes equipos.
El objetivo es que el cliente pueda contar con su certificación “en tiempo y forma”, pero también que quienes forman parte del proceso tengan herramientas adecuadas para desarrollar su tarea.
La ecuación, en este caso, tiene dos componentes: calidad del servicio y calidad de vida laboral.
“Para mí es muy importante también que el equipo esté motivado y darle todas las herramientas como para poder tener una calidad de trabajo y una calidad de vida en el trabajo satisfactoria”, sostuvo Passo.
Es una mirada que coloca al factor humano en un lugar central. En una actividad donde buena parte del trabajo se realiza en territorio y donde los criterios técnicos deben aplicarse sobre realidades productivas muy diferentes, la experiencia de los auditores y la comunicación con los equipos técnicos adquieren un peso considerable.

Un sector que también siente el escenario económico
La conversación con Passo también permitió poner la mirada sobre una cuestión que atraviesa actualmente a buena parte de las economías regionales: el impacto del contexto económico sobre la continuidad de determinados procesos productivos y comerciales.
La certificación orgánica no escapa a esa realidad.
Desde Ecocert reconocen que existen empresas que atraviesan dificultades y que algunas han tenido que discontinuar sus procesos. Sin embargo, también observan que muchas otras buscan sostener la certificación aun en momentos de menor actividad.
La razón es sencilla pero trascendente: abandonar una certificación orgánica no significa solamente dejar de pagar un servicio durante un período determinado.
Hay un capital acumulado durante años.
“Perder esa certificación es perder muchos años de trabajo y además un nicho competitivo”, señaló Passo.
La certificación como capital productivo
La producción orgánica exige tiempo. El pasaje desde un sistema convencional hacia uno orgánico implica modificaciones, aprendizaje y una adaptación que alcanza a distintas áreas de la empresa productiva.
No se trata solamente de incorporar una práctica determinada. También implica generar registros, capacitar personal, modificar procedimientos y sostener un sistema de trabajo que permita cumplir con los requisitos establecidos.
Por eso, desde Ecocert plantean la necesidad de acompañar a quienes atraviesan dificultades para evitar que una coyuntura económica termine haciendo desaparecer un proceso construido durante años.
En esa línea, Passo explicó que la empresa busca facilitar herramientas y registros para que el cumplimiento de los requerimientos resulte menos complejo para los productores y las empresas.
La intención es que la exigencia técnica no se transforme en una barrera innecesaria, sino en parte de un proceso que permita sostener el acceso a mercados donde la certificación constituye un atributo de diferenciación.
Un mercado que tampoco permanece quieto
El mercado internacional de alimentos orgánicos también atraviesa transformaciones. Passo señaló que la situación económica de distintos países y el comportamiento del consumidor tienen impacto sobre la demanda.
Inflación, aumento del costo de vida y una posible retracción del consumo forman parte de un escenario que termina repercutiendo sobre las cadenas productivas.
Sin embargo, hay una estrategia que aparece con fuerza en la mirada de Ecocert: cuando un mercado se retrae, no necesariamente hay que abandonar el posicionamiento construido.
“Cuando el mercado se retrae uno no deja de estar presente”, planteó Passo.
La lógica es sostener el vínculo con el mercado para estar en condiciones de aprovechar una eventual recuperación. En productos donde llegar a una certificación requiere años de trabajo, perder ese lugar puede tener un costo mucho mayor que el de atravesar un período de menor volumen.
El desafío de estar cerca del productor
Para una empresa que trabaja en distintas regiones del país, y también en Uruguay y Paraguay, otro de los puntos destacados por Passo es la presencia territorial.
En el caso del Valle, donde Ecocert tiene una trayectoria prolongada vinculada a la actividad frutícola, esa cercanía adquiere una dimensión particular.
Las economías regionales tienen realidades productivas específicas y no siempre responden de la misma manera ante los cambios de mercado o las dificultades económicas.
Contar con equipos zonales permite, según explicó Passo, conocer esas particularidades y tener capacidad de respuesta frente a las necesidades que aparecen en cada territorio.
Es, en definitiva, una relación que va más allá de una certificación puntual. Hay un vínculo construido a lo largo del tiempo entre productores, empresas, auditores y equipos técnicos.
Dos días para mirar hacia adelante
La reunión anual de auditores 2026 tuvo una instancia teórica inicial de manera virtual y luego continuó con dos jornadas presenciales en Buenos Aires, donde participaron auditores provenientes del interior del país.
El resultado que destaca Passo no se limita a los contenidos técnicos incorporados.
La empresa buscó generar un espacio donde quienes trabajan en el campo pudieran intercambiar experiencias con los equipos que continúan el proceso desde las oficinas y las áreas técnicas.
La respuesta, según señaló el directivo, fue positiva.
Y quizás allí esté uno de los aspectos más interesantes de la experiencia: en un sistema de certificación donde cada eslabón depende del anterior, mejorar la comunicación interna termina siendo también una forma de mejorar la respuesta hacia afuera.
Porque para el productor, el resultado final puede verse en un certificado. Pero detrás de ese documento existe una cadena de trabajo mucho más extensa, donde la actualización técnica, la experiencia de quienes recorren los establecimientos y la coordinación entre los equipos terminan siendo determinantes.
En tiempos en los que las economías regionales enfrentan un escenario exigente, sostener ese conocimiento y ese capital productivo puede ser tan importante como conseguir nuevos mercados.
Y para quienes ya hicieron el esfuerzo de transitar durante años el camino hacia la producción orgánica, conservar ese recorrido también significa preservar una herramienta de diferenciación que puede volver a cobrar todavía más valor cuando las condiciones del mercado cambien.









