Ecocert: cuando la certificación también impulsa educación, sostenibilidad y desarrollo territorial

De la mano del Lic., Mario Passo, country manager para Argentina, Paraguay y Uruguay, la firma internacional repasa su historia, su vínculo con universidades, organismos técnicos y productores, y una filosofía que busca ir más allá de las auditorías para convertirse en un motor de transformación del sector agroalimentario.
Audio de la entrevista al Lic., Mario Passo.
Durante muchos años, la certificación fue vista como una herramienta técnica destinada exclusivamente a garantizar el cumplimiento de normas y requisitos de mercado. Sin embargo, detrás de algunos de los principales organismos certificadores existe una visión más amplia, vinculada al desarrollo sostenible, la formación profesional y el fortalecimiento de las cadenas productivas.
Esa es precisamente la mirada que impulsa Ecocert Argentina, una compañía con fuerte presencia internacional que hoy opera en el país a través de una estructura regional que también alcanza a Paraguay y Uruguay.
En diálogo con Agrovalle, Mario Passo, country manager de la firma para los tres países, repasó la evolución de la empresa, su participación en instituciones estratégicas del sector y una serie de iniciativas que buscan generar impacto más allá de los procesos de certificación.
«Nos especializamos exclusivamente en estándares vinculados al medio ambiente, la sostenibilidad y la responsabilidad social. No trabajamos con certificaciones que no estén alineadas con esos valores», explicó.
UNA HISTORIA LIGADA AL NACIMIENTO DE LA PRODUCCIÓN ORGÁNICA
Para comprender el presente de Ecocert Argentina es necesario remontarse a los orígenes de ArgenCert, una de las primeras certificadoras del país.
La empresa fue fundada por la ingeniera Laura Montenegro, una figura reconocida dentro del desarrollo de la normativa orgánica argentina y protagonista de los procesos que permitieron al país convertirse en pionero regional en esta materia.
«Argentina fue uno de los primeros países de Latinoamérica en contar con una normativa propia para la producción orgánica, en espejo con la Unión Europea», recordó Paso.
Tras años de crecimiento y consolidación, ArgenCert pasó a integrar el grupo internacional Ecocert, uno de los organismos de certificación más importantes del mundo en materia de producción orgánica y sostenibilidad.
La incorporación permitió ampliar capacidades técnicas, presencia territorial y acceso a una red global con operaciones en múltiples continentes.
MÁS ALLÁ DE LAS CERTIFICACIONES
Aunque la certificación sigue siendo el núcleo de su actividad, Ecocert ha desarrollado una estrategia basada en la participación institucional y el acompañamiento de proyectos educativos y sociales.
La empresa forma parte activa de espacios como el Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) y la Cámara Argentina de Certificadoras (CACER), organismos que han sido claves para el crecimiento del sector en las últimas décadas.
«Desde nuestros inicios participamos en la construcción institucional del sistema orgánico argentino. Entendemos que es una responsabilidad acompañar esos procesos», señaló.
Esa filosofía también se traduce en acciones concretas vinculadas a la educación.
Durante los últimos años la compañía financió proyectos académicos orientados a la formación de futuros profesionales especializados en agricultura orgánica.
Uno de los casos más destacados fue el acompañamiento a la tecnicatura en Agricultura Orgánica de la Universidad de Buenos Aires, considerada una de las pocas propuestas académicas específicas en esta temática dentro del sistema universitario nacional.
A través de un programa de mecenazgo de tres años, la empresa aportó recursos para fortalecer la huerta demostrativa de la institución y apoyar distintas actividades formativas.
Actualmente desarrolla una iniciativa similar junto a la Universidad Católica de Santiago del Estero.
«Muchas veces son proyectos con enormes potencialidades, pero con presupuestos limitados. Nosotros intentamos colaborar para que puedan desarrollarse y multiplicarse», explicó Passo.
UNA INVITACIÓN A CONSTRUIR REDES
Uno de los aspectos más llamativos de la entrevista fue la apertura manifestada por el directivo para acompañar nuevas iniciativas vinculadas al desarrollo sostenible.
Passo aseguró que Ecocert mantiene programas permanentes de apoyo a organizaciones, instituciones educativas y proyectos con impacto social y ambiental.
Por eso invitó a escuelas, asociaciones civiles, grupos de productores y entidades interesadas a acercar propuestas que puedan ser evaluadas por la compañía.
La iniciativa cobra especial relevancia en regiones productivas como el Alto Valle, donde numerosas instituciones educativas y organizaciones rurales impulsan proyectos que muchas veces enfrentan limitaciones presupuestarias.
PRESENCIA EN LOS TERRITORIOS
La estrategia de Ecocert también incluye una fuerte articulación con organismos técnicos y entidades regionales.
INTA, INYM, Wines of Argentina y diversas instituciones provinciales forman parte de una red de trabajo que busca acercar información, capacitación y herramientas de certificación a productores y empresas.
Según explicó Passo, uno de los objetivos centrales es construir equipos regionales especializados que comprendan las particularidades productivas de cada zona.
«Creemos que los auditores y técnicos deben conocer profundamente las realidades locales para aportar valor a los productores», afirmó.
Esa lógica permitió desarrollar acciones específicas con productores yerbateros en Misiones, establecimientos vitivinícolas en Cuyo y emprendimientos vinculados a la agricultura orgánica en distintas regiones del país.
UN DESAFÍO QUE CRECE
En un contexto global donde los consumidores demandan cada vez más transparencia, sostenibilidad y trazabilidad, la certificación dejó de ser únicamente una exigencia comercial para convertirse en una herramienta estratégica de diferenciación.
Desde Ecocert observan que conceptos como agricultura regenerativa, comercio justo, producción orgánica y sostenibilidad ya forman parte de una agenda que seguirá creciendo durante los próximos años.
Pero, más allá de los sellos y las auditorías, la empresa apuesta a un desafío mayor: contribuir a la construcción de sistemas agroalimentarios más responsables, conectando productores, instituciones educativas, organismos técnicos y comunidades. Una tarea silenciosa que muchas veces ocurre lejos de los mercados y los consumidores, pero que resulta fundamental para imaginar el futuro de una producción más sustentable.








