Cereza argentina: menos volumen, presión de costos y un negocio que pide previsibilidad

La última temporada dejó números por debajo de las expectativas para la cereza argentina. La caída productiva, la presión de los costos y la creciente competencia internacional configuran un escenario desafiante para una economía regional que, sin embargo, mantiene reconocimiento por la calidad de su fruta. En diálogo con Agrovalle, el gerente de CAPCI, Aníbal Caminiti, trazó un balance profundo de la campaña y advirtió sobre los límites estructurales que enfrenta el sector.
Audio de la entrevista a Aníbal Caminiti
Una temporada con fuerte caída en los volúmenes
La campaña de cerezas que acaba de concluir dejó un saldo productivo sensiblemente inferior al del ciclo anterior. Según explicó Caminiti, la merma fue significativa tanto en la región patagónica como en el conjunto del país.
“El año pasado tuvimos una temporada récord que permitió exportar unas 8.100 toneladas a nivel país. En esta última campaña, en cambio, los envíos bajaron a cerca de 5.000 toneladas”, señaló.
La caída interanual ronda el 38%, un retroceso que se explica principalmente por la menor producción en las provincias de Río Negro y Neuquén, históricamente el corazón exportador de la cereza argentina.
La campaña anterior había sido particularmente favorable para la región, con condiciones climáticas que permitieron alcanzar altos niveles de producción. Este año, en cambio, el resultado fue más modesto y terminó alineándose con los promedios históricos de los últimos quince años.
Estados Unidos sigue liderando los destinos
En el mapa comercial de la cereza argentina, el principal destino continúa siendo Estados Unidos, mercado que absorbe alrededor del 30% de las exportaciones.
Si se analiza por regiones, América del Norte concentra aproximadamente el 35% de los envíos, seguida por Asia con el 28%, donde el principal actor es China.
También se destacó durante esta campaña una mayor participación de Unión Europea y del Reino Unido, mientras que los países de Medio Oriente representaron cerca del 11% de las exportaciones.
En un contexto internacional complejo, la calidad de la fruta argentina volvió a jugar un papel clave.
“La calidad fue muy buena. Argentina mantiene su prestigio en los mercados internacionales y eso permitió defender los precios dentro de un contexto global de caída de cotizaciones”, explicó Caminiti.
La presión de la sobreoferta chilena
Uno de los factores que condicionó el comportamiento de los precios internacionales fue la fuerte expansión de la oferta proveniente de Chile, el principal jugador del mercado global.
“La fruta chilena invadió prácticamente todos los mercados, generando una tendencia generalizada a la baja en los precios”, indicó el directivo.
Ese fenómeno también tuvo impacto en el mercado interno argentino. Durante la última temporada se registró un incremento significativo del ingreso de cereza chilena al país.
“Hoy el ingreso de fruta chilena representa alrededor del 25% del mercado interno”, detalló Caminiti, al tiempo que advirtió que la tendencia muestra una marcada presión a la baja sobre los valores, especialmente durante noviembre y diciembre.
Costos estructurales que erosionan la competitividad
Más allá de las fluctuaciones productivas o comerciales, el principal desafío del sector continúa siendo la estructura de costos de la economía argentina.
“El problema es el costo país. Perdemos competitividad en todos los mercados externos”, sostuvo Caminiti, señalando que esta situación afecta no solo a la cereza sino a toda la fruticultura.
Un dato ilustra con claridad esa desventaja: transportar cerezas desde la Patagonia hasta el mercado de Buenos Aires puede resultar más caro que llevar fruta desde Santiago de Chile hasta la capital argentina.
A esto se suman costos operativos y regulatorios que pesan sobre la cadena exportadora.
Uno de ellos es el financiamiento del programa sanitario del sistema de control de plagas, cuya carga económica hoy recae plenamente sobre el sector privado.
“Salir con una fruta de exportación implica un costo de unos 16 centavos de dólar por caja para sostener el programa sanitario”, explicó.
Logística cara y cuellos de botella operativos
La cereza es uno de los productos frutícolas más dependientes de la logística internacional. Más del 80% de los envíos argentinos se realizan por vía aérea, lo que vuelve especialmente sensible al sector frente a los costos de transporte.
Exportar a Estados Unidos, por ejemplo, implica afrontar costos adicionales que rondan los 21 centavos de dólar por kilo, asociados a controles y procedimientos sanitarios.
“Ese costo llega a ser más caro que la propia cosecha”, afirmó Caminiti.
A esto se suman problemas operativos en la terminal aérea de cargas del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, principal puerta de salida de las cerezas argentinas.
Según el directivo, durante los meses de mayor actividad se generan cuellos de botella logísticos que impiden embarcar parte de la fruta en los vuelos previstos.
“Hay momentos en que las bodegas de los aviones se van sin las cerezas porque la fruta no alcanza a ser cargada a tiempo”, explicó.
Rentabilidad bajo presión
La combinación entre costos elevados y precios internacionales en descenso configura un escenario complejo para la rentabilidad del negocio.
“Los costos siguen teniendo un impacto muy fuerte y se suman a una tendencia a la baja de los precios en todos los mercados”, advirtió Caminiti.
Si bien las empresas buscan mejorar la eficiencia dentro de los establecimientos, buena parte de los costos son externos al productor: energía, impuestos, servicios logísticos y regulaciones.
Incluso en provincias productoras de energía, como Neuquén, el costo eléctrico figura entre los más altos del país.
Un potencial de crecimiento que no logra despegar
A pesar de las dificultades actuales, el sector reconoce que la cereza argentina cuenta con ventajas estructurales importantes: condiciones agroclimáticas favorables, conocimiento técnico acumulado y demanda internacional sostenida.
Sin embargo, esas condiciones no se han traducido en expansión productiva.
“Hace quince años que Argentina no crece en superficie plantada de cereza”, señaló Caminiti.
El dato resulta particularmente llamativo si se considera que solo en la región patagónica existirían más de 10.000 hectáreas potencialmente aptas para incorporar nuevos proyectos productivos.
“No es que no sepamos producir cerezas o que no tengamos compradores. El problema es que no están dadas las condiciones económicas para invertir”, afirmó.
El costo de implantación de un nuevo proyecto puede rondar los 50.000 dólares por hectárea, una inversión que requiere previsibilidad macroeconómica para poder concretarse.
Un negocio con futuro, pero condicionado
La cereza sigue siendo una de las frutas con mayor proyección en el comercio internacional de productos frescos. No obstante, en Argentina su desarrollo continúa condicionado por factores estructurales que trascienden al propio sector.
La última campaña volvió a dejar en evidencia esa tensión: un producto de calidad reconocida en los mercados, pero inserto en un contexto económico que dificulta capitalizar plenamente su potencial.
Mientras la demanda internacional sigue vigente, el desafío para la cadena cerecera argentina parece estar menos en los mercados y
más en las condiciones internas que permitan transformar ese potencial en crecimiento real.
La entrevista completa con Aníbal Caminiti está disponible en todas las plataformas de audio de Agrovalle.








