“No es tierra en desuso: es conocimiento en riesgo”

El gremio del INTA advierte que la desafectación de campos y el ajuste estructural ponen en jaque la investigación pública y el desarrollo territorial

La discusión por el futuro del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) volvió a encenderse con fuerza en el cierre del año. La decisión del Gobierno nacional de avanzar con la desafectación de casi 34.000 hectáreas consideradas “en desuso”, sumada a un proceso de reestructuración institucional que incluye retiros voluntarios y una posible reducción drástica de las estaciones experimentales, reavivó la tensión entre las autoridades y los trabajadores del organismo.

En diálogo con Agrovalle, Julio Ojeda, dirigente de APINTA, trazó un diagnóstico contundente: no se trata de campos ociosos, sino de activos estratégicos para la investigación, la experimentación y la presencia territorial del INTA en las economías regionales.

“Nos estamos descapitalizando como institución”

Ojeda describió 2025 como un año “sumamente complicado” para el INTA y sus trabajadores. “Fue un año de mucha lucha, de estar siempre a la defensiva frente a decisiones del Gobierno que se presentan como modernización, pero que en los hechos van mucho más allá de eso”, señaló.

Respecto de la desafectación de tierras, el dirigente gremial fue categórico: “Son tierras que en todos los casos se utilizan para ensayos y actividades propias del INTA. Cuando se avanza sobre esos campos, lo que se hace es descapitalizar a la institución”.

Desde la mirada gremial, el argumento oficial de “tierras en desuso” no resiste el análisis técnico. “El INTA siempre tuvo esas tierras y las usa para investigación, para pruebas, para generar conocimiento aplicado. Por eso creemos que detrás de esta decisión hay otros intereses, incluso inmobiliarios”, advirtió.

Preocupación federal y economías regionales en riesgo

La medida impacta de lleno en provincias clave como Chubut, La Rioja, Santiago del Estero y Río Negro, donde el INTA cumple un rol central en la adaptación tecnológica, la asistencia a productores y el desarrollo regional. “A nivel local hay una preocupación enorme. Estas estaciones no son un edificio aislado, son parte del entramado productivo de cada región”, explicó Ojeda.

Si bien el gremio aún no definió medidas concretas frente a esta avanzada, dejó en claro su posición: “Estamos totalmente en desacuerdo con cualquier acción que implique perder tierras del INTA. En todo lo que sea defender ese patrimonio, vamos a acompañar”.

Incertidumbre laboral y retiros voluntarios

El conflicto institucional se combina con un clima de fuerte incertidumbre puertas adentro. Según APINTA, el año comenzó con propuestas de reducción de personal y cerró con la implementación de un esquema de retiros voluntarios.

“Estamos en una incertidumbre total. Pasamos de hablar de despidos a hablar de retiros voluntarios, todo canalizado a través del Consejo Directivo, el mismo que el Gobierno intentó disolver y que los trabajadores logramos sostener”, recordó Ojeda.

A nivel nacional, el dirigente estimó que alrededor de 300 trabajadores ya adhirieron al retiro voluntario. En el caso de la Estación Experimental Bariloche, el impacto es significativo: “Tuvimos 15 retiros sobre una planta de unas 120 personas. Es cerca del 10 por ciento del personal”.

Salarios atrasados y costo de vida

La situación salarial suma otro factor de tensión. Ojeda detalló que los incrementos acumulados rondaron el 13 por ciento anual, muy por debajo de la inflación. “Estamos en una batalla para que no nos despidan, pero además los salarios quedaron muy atrasados. El poder adquisitivo del trabajador del INTA está muy por debajo”, sostuvo.

En ciudades como Bariloche, el escenario es aún más complejo. “Muchos compañeros vienen de otras localidades y alquilan. Con el turismo, los alquileres son carísimos y temporarios. A varios no les alcanza para llegar a fin de mes, aun cobrando zona”, explicó.

A la espera de definiciones

De cara a 2026, el gremio permanece en estado de alerta. Según Ojeda, el Consejo Directivo retomaría las discusiones en marzo o abril, con nuevas propuestas sobre la mesa. “Estamos esperando ver qué es lo que van a plantear. Las propuestas las hacen ellos, no nosotros, y en función de eso actuaremos”, afirmó.

Mientras tanto, APINTA sigue de cerca cada movimiento. “Estamos atentos a todas las acciones del Consejo Directivo y de la presidencia del INTA. Como gremio, vamos a seguir defendiendo la institución, el trabajo y el rol estratégico que el INTA tiene para el agro argentino”, concluyó.

Una discusión que excede la coyuntura

La disputa por las tierras y la estructura del INTA no es solo un debate administrativo. En el fondo, pone en juego el modelo de ciencia y tecnología agropecuaria que el país quiere sostener: uno con fuerte anclaje territorial, presencia federal y mirada de largo plazo, o uno reducido a una lógica de ajuste y eficiencia fiscal de corto alcance.

Para los trabajadores, el mensaje es claro: lo que hoy se presenta como “desafectación” o “modernización” puede significar, en los hechos, un retroceso en capacidades estratégicas construidas durante décadas.

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