Micaela Romero, la joven que desafió la sequía y la crisis lanera con un proyecto de engorde estabulado para Merino.

Audio: Entrevista a Micaela Romero
Desde la Escuela Agropecuaria de General Roca, CET 17, una estudiante del último año desarrolló un trabajo técnico que podría marcar un nuevo rumbo para los pequeños productores ovinos del Alto Valle. En un contexto adverso, su propuesta de engorde estabulado demuestra que la educación agropecuaria no sólo forma profesionales, sino también soluciones para el territorio.
Una idea que nació en la sequía
En los campos patagonicos, donde la sequía se volvió parte del paisaje y el precio de la lana ya no sostiene a los productores, una joven estudiante decidió no resignarse.
Micaela Romero, alumna del último año de la Escuela Agropecuaria de General Roca,(CET 17), tomó un problema real —la falta de pasturas y la baja rentabilidad del Merino— y lo transformó en un proyecto de investigación aplicada que hoy despierta interés l.
“La idea surgió porque cada vez hay menos disponibilidad de pastura natural. El engorde estabulado apareció como una alternativa para sostener la producción en años difíciles”, explicó con una claridad que refleja más que estudio: compromiso.
Su trabajo, titulado “Alternativa de engorde estabulado en raza Merino en contexto de sequía y baja del precio de la lana”, fue parte de las prácticas profesionalizantes que los estudiantes deben realizar para obtener el título de Técnico Agropecuario. Pero, más allá del requisito académico, el proyecto se convirtió en una lección de campo sobre innovación y resiliencia.
El Merino: tradición y desafío
El Merino es una raza símbolo de la Patagonia. Fiel compañera del viento, productora de una de las lanas más finas del mundo, pero poco valorada en los últimos años.
A medida que los precios internacionales de la lana fluctuaron y la sequía redujo los pastos, muchos productores comenzaron a preguntarse si el modelo extensivo seguía siendo viable.
Ahí es donde Micaela buscó una respuesta distinta: confinar y alimentar, en lugar de esperar que el campo se recupere. Un concepto que, en palabras de la joven, no pretende reemplazar el sistema tradicional, sino complementarlo y dar oxígeno económico a los más vulnerables.
“Mi objetivo fue generar una alternativa de ingreso para los años difíciles. Aunque el Merino no es una raza carnicera, conseguimos buenos pesos y números alentadores”, relató.
Un ensayo con mirada de productora
El trabajo combinó precisión técnica y observación práctica. Micaela armó un pequeño sistema de corrales, 25 metros cuadrados para cuatro corderos, y utilizó tres madres representativas de un rodeo típico regional.
La dieta incluyó 20 % de maíz según peso vivo y el resto pasto, con una innovación adicional: la técnica de suplementar al cordero mientras aún está con la madre.
El resultado fue contundente: mejores pesos al destete y mejor condición corporal de las madres, ya que el cordero redujo la demanda de leche gracias a la alimentación temprana.
Aunque el análisis económico final aún está en proceso, los resultados productivos muestran una tendencia clara: el engorde estabulado en Merino puede ser viable y, sobre todo, replicable.
Desafíos, aprendizajes y espíritu de campo
No todo fue simple. El cambio de sistema implicó enfrentarse a comportamientos naturales de los animales. “Teníamos corderos escapistas”, reconoce entre risas.
El encierro, la castración en invierno y la rutina diaria de alimentar en el corral pusieron a prueba la paciencia y la planificación, pero también fortalecieron el vínculo con el trabajo rural.
“La mayor dificultad fue acostumbrar a los animales al sistema. Requiere estructura, constancia y tiempo, pero los resultados demuestran que vale la pena”, afirma con madurez técnica.
Su recomendación para productores es clara: comenzar de a poco, adaptar la infraestructura, reforzar los corrales y hacer un acostumbramiento progresivo para que los ovinos no sufran estrés.
Una alternativa pensada desde el territorio
El proyecto apunta especialmente a los productores familiares, aquellos con entre 100 y 300 cabezas, que suelen quedar más expuestos ante las sequías prolongadas.
“Los grandes productores pueden resistir un poco más, pero para los chicos una temporada mala puede significar perder todo”, explicó.
Micaela también sugiere que, si se dispone de genética complementaria, un macho terminador de raza carnicera podría potenciar el rendimiento, sin necesidad de abandonar la base Merino.
El sistema, en definitiva, abre la puerta a la diversificación: lana y carne como un doble ingreso que ayude a sostener la actividad ovina patagónica.
La escuela: semillero de conocimiento y vocaciones
CET 17,la Escuela Agropecuaria de General Roca —ubicada a unos 15 km del centro de la ciudad, es mucho más que una institución educativa. Es un espacio donde el conocimiento técnico se convierte en práctica viva, y donde jóvenes de la región aprenden a mirar el campo con ojos de futuro.
“Estoy totalmente agradecida con el colegio. Está lleno de profesionales capacitados, siempre dispuestos a ayudar. Gracias a ellos, salimos preparados para trabajar y pensar soluciones reales”, destacó la estudiante.
El próximo 14 de noviembre, la escuela presentará su muestra anual, donde se expondrán los trabajos de los futuros egresados en áreas como forrajería, enmiendas, ganadería y sustentabilidad.
Los proyectos estarán disponibles en el blog institucional para que productores, técnicos y otros estudiantes puedan conocer las experiencias desarrolladas durante el año.
Más allá del aula: el futuro en marcha
Micaela ya tiene definido su próximo paso: continuar su formación en Ingeniería o Tecnicatura Agropecuaria. Para ello planea trasladarse a Córdoba, con la misma convicción con la que diseñó su proyecto.
cuando la educación genera futuro
El proyecto de Micaela Romero es mucho más que un trabajo escolar. Es el reflejo del rol estratégico de la educación técnica agropecuaria en las zonas rurales: formar jóvenes capaces de analizar, innovar y proponer soluciones a los desafíos reales del territorio.
En tiempos de crisis hídrica y mercados inciertos, su propuesta de engorde estabulado en Merino se convierte en un ejemplo de cómo el conocimiento y la vocación pueden transformar la adversidad en oportunidad.
Detrás de cada dato, cada ensayo y cada corral, hay una idea poderosa: la educación es el primer eslabón de la cadena de valor más importante del campo argentino: el futuro.
Escucha la entrevista a Micaela Romero, disponible en todas nuestras plataformas de audio.







