Villas agroecológicas: la propuesta de Jorge Aragón para recuperar las chacras abandonadas sin resignar el futuro productivo del Alto Valle

El ingeniero agrónomo sostiene que el verdadero debate no pasa por enfrentar producción y urbanización, sino por planificar el territorio. Desde una experiencia desarrollada en Contralmirante Cordero, impulsa un modelo que combina vivienda, producción diversificada, venta directa y preservación del sistema de riego. «No se trata de decir loteos sí o loteos no; se trata de darle un buen uso al suelo», afirma.
Durante décadas, el Alto Valle construyó su identidad alrededor de la producción bajo riego. Sin embargo, esa misma región que transformó el desierto en uno de los oasis productivos más importantes del país enfrenta hoy una paradoja: miles de hectáreas permanecen abandonadas mientras las ciudades avanzan sobre tierras que alguna vez fueron chacras.
El fenómeno ya no puede analizarse únicamente desde la crisis frutícola. Detrás del abandono aparecen desafíos vinculados con el ordenamiento territorial, el crecimiento demográfico, la conservación de la infraestructura de riego y la necesidad de encontrar nuevos modelos productivos capaces de adaptarse a una realidad diferente.
En ese escenario, el ingeniero agrónomo Jorge Aragón impulsa una iniciativa que comienza a instalarse en el debate regional: las villas agroecológicas productivas, un esquema que propone compatibilizar vivienda, producción y preservación ambiental dentro de una misma unidad territorial.
En diálogo con Agrovalle, Aragón explicó los fundamentos de una propuesta que ya comenzó a desarrollarse en Contralmirante Cordero y que, a su entender, podría convertirse en una alternativa para recuperar tierras improductivas sin perder la esencia agrícola del Alto Valle.
El verdadero problema: la falta de ordenamiento territorial
Para Aragón, el punto de partida no es la discusión entre campo y ciudad.
«La palabra correcta es ordenamiento territorial», sostiene, convencido de que la planificación del uso del suelo debe transformarse en una política pública permanente de los municipios.
Recuerda que el proyecto comenzó a gestarse hace más de quince años junto al municipio de Contralmirante Cordero, donde la realidad resulta particularmente preocupante.
«Más del 70% de las tierras que alguna vez fueron productivas hoy están sin uso.»
Esa situación, explica, trasciende ampliamente la cuestión económica.
Un pasivo ambiental que crece año tras año
Las chacras abandonadas no representan únicamente una pérdida productiva.
Para Aragón constituyen un verdadero pasivo ambiental.
Son predios donde proliferan malezas, aumenta el riesgo de incendios, se deterioran los canales de riego y desaparece el manejo agrícola.
Sin embargo, lejos de considerar esos campos como espacios perdidos, sostiene que conservan un enorme potencial.
«El sistema de riego es un capital de todos los rionegrinos.»
Y agrega un concepto que rompe con varios prejuicios.
«Como agrónomo te aseguro que un suelo que estuvo veinte años abandonado puede recuperar rápidamente toda su fertilidad cuando vuelve a trabajarse correctamente.»
Ni totalmente rural ni completamente urbano
La pandemia terminó acelerando una idea que Aragón venía madurando junto al municipio.
El resultado fue un modelo de usos mixtos del suelo.
«No son ni urbano ni rural.»
La lógica consiste en evitar los dos extremos.
Por un lado, mantener grandes chacras prácticamente improductivas con una sola vivienda.
Por otro, impedir que esas mismas tierras terminen convertidas en loteos urbanos convencionales.
Así nació el concepto de villas agroecológicas productivas, pequeñas comunidades donde cada familia dispone de su vivienda y de un espacio destinado obligatoriamente a producir alimentos.
Producción para abastecer a la propia comunidad
El corazón del proyecto no está puesto solamente en construir viviendas.
Su objetivo central consiste en recuperar la función productiva de la tierra.
Cada parcela busca generar alimentos destinados, en primer lugar, al consumo de quienes viven allí y luego comercializarlos mediante el concepto de kilómetro cero, reduciendo costos de transporte y acercando productor y consumidor.
Para Aragón, esa cercanía representa también una mejora en la calidad de los alimentos.
Un tomate cosechado en el momento justo explica conserva sabor, textura y propiedades nutricionales que muchas veces se pierden cuando los productos recorren cientos o miles de kilómetros antes de llegar a la mesa.
Diversificar para fortalecer al Alto Valle
Lejos de imaginar un esquema exclusivamente frutícola, Aragón propone aprovechar todas las ventajas agroecológicas del valle.
Frutales. Horticultura. Producción animal. Invernaderos. Viñedos. Cultivos intensivos.
Incluso señala que el norte de la Patagonia posee condiciones excepcionales.
«Con agua, suelo, clima y el trabajo del agricultor podemos sembrar, trasplantar y cosechar durante todo el año.»
En la experiencia que desarrolla actualmente conviven frutales, animales y más de cien cultivos hortícolas diferentes distribuidos a lo largo de las distintas estaciones.
A su juicio, esa diversificación responde también a la estrategia impulsada por la provincia para ampliar la matriz productiva rionegrina.
Venta directa: recuperar el valor que pierde el productor
Otro de los pilares del proyecto es el modelo comercial.
Aragón cuestiona el funcionamiento tradicional de las cadenas de comercialización.
Recuerda que, históricamente, el productor primario recibía apenas entre un 10% y un 20% del precio final que pagaba el consumidor.
En cambio, mediante la venta directa dentro de la propia comunidad, sostiene que el productor captura el valor completo de su trabajo.
«La primera venta la hacemos nosotros.»
Esa eficiencia económica explica es posible gracias a una organización cooperativa que considera inseparable del funcionamiento de estas villas agroecológicas.
La protección del sistema de riego, condición indispensable
Uno de los aspectos que más preocupó a los organismos provinciales durante la aprobación del proyecto fue la preservación de la infraestructura hidráulica.
Aragón destaca que tanto el Departamento Provincial de Aguas (DPA) como Catastro realizaron inspecciones específicas para garantizar que el desarrollo no altere canales, drenajes ni servidumbres.
El sistema de riego remarca constituye una infraestructura pública construida durante generaciones y debe preservarse independientemente del uso que adopten las parcelas.
«Es un bien de todos los rionegrinos.»
Esa garantía quedará incorporada incluso en las escrituras de las nuevas unidades.
Una comunidad antes que un emprendimiento inmobiliario
Aragón insiste en diferenciar este modelo de un loteo convencional.
Las futuras familias conformarán un consorcio parcelario bajo régimen de propiedad horizontal, compartiendo espacios comunes, reglas de convivencia y objetivos productivos.
En esta primera etapa se proyectan 22 terrenos, de los cuales 21 estarán destinados a nuevas familias que se integrarán al emprendimiento.
Antes de definir valores económicos o modalidades de financiación, explica que la prioridad será construir una comunidad con objetivos comunes.
«Primero tenemos que definir entre todos cómo vamos a convivir.»
Recién después llegará la etapa de las obras y la organización financiera.
Pensar el Alto Valle que viene
La propuesta de Jorge Aragón no pretende presentarse como una solución única ni reemplazar al modelo tradicional de producción.
Tampoco busca enfrentar el desarrollo urbano con la actividad agrícola.
Su planteo apunta, más bien, a abrir una discusión que el Alto Valle parece postergar desde hace años: cómo administrar un territorio donde conviven la necesidad de nuevas viviendas, la preservación de una infraestructura de riego única en el país y la obligación de recuperar miles de hectáreas que hoy permanecen improductivas.
Como él mismo resume, el desafío no consiste en elegir entre chacras o ciudades.
El verdadero desafío es decidir qué uso queremos darle al suelo que constituye uno de los patrimonios productivos más valiosos de Río Negro.
Y hacerlo antes de que el abandono o el crecimiento desordenado terminen resolviendo esa discusión por sí solos.











