Una reina nacida en el Valle Medio conquistó el país: la historia de la apicultora que ganó el premio nacional de genética apícola

La productora apícola, María Cristina Gómez, responsable de la Cabaña Antünei, obtuvo el primer puesto en el concurso de mejor fenotipo de abeja reina durante el 9º Encuentro Nacional de Criadores de Abejas Reinas. El reconocimiento pone en valor años de trabajo paciente en selección genética y confirma que desde el Valle Medio rionegrino también se construye excelencia en la apicultura argentina.
Audio de la entrevista a la productora apícola, María Cristina Gómez.
Cuando la paciencia del apiario llega al reconocimiento nacional
En el mundo de la apicultura, los grandes logros rara vez hacen ruido. Se construyen en silencio, entre colmenas abiertas con cuidado, observación permanente y años de aprendizaje sobre el comportamiento de uno de los insectos más extraordinarios de la naturaleza.
Ese camino es el que ha recorrido durante décadas María Cristina Gómez, criadora de abejas reinas y responsable de la Cabaña Apícola Antünei, quien acaba de lograr uno de los reconocimientos más importantes del país para su actividad.
Durante el 9º Encuentro Nacional de Criadores de Abejas Reinas, realizado en la provincia de Buenos Aires, su colmena obtuvo el primer puesto en el concurso de mejor fenotipo de abeja reina, una evaluación técnica que convoca a criadores de todo el país y que examina con rigurosidad genética el comportamiento y las características de las colonias.
Para Gómez, el premio representa mucho más que una distinción.
“Para mí es una gran satisfacción. Es el reconocimiento al trabajo, al esfuerzo y a la dedicación que uno pone para lograr una buena reina, que sea eficiente y que realmente le sirva al apicultor”, explicó durante una entrevista con Agrovalle.
La genética que define una colmena
La reina premiada pertenece a la línea **carniola**, una genética reconocida internacionalmente por su mansedumbre, su capacidad de adaptación a climas fríos y su eficiencia productiva.
Estas características son particularmente valoradas en regiones donde las floraciones son breves y las condiciones climáticas pueden ser exigentes.
“Es una colmena muy tranquila, muy mansa. Además es higiénica y se defiende muy bien de la varroa. En zonas de clima frío trabaja muy activamente porque el período de floración es corto”, explicó Gómez.
La genética desarrollada en la cabaña no sólo se utiliza en la Patagonia. También es demandada por apicultores de distintas regiones del país e incluso ha sido utilizada para generar cruzamientos en programas de mejoramiento.
Un trabajo que lleva años
Lograr una reina capaz de competir en un concurso nacional no es un proceso rápido. Requiere años de selección genética, observación y manejo técnico.
“Lleva mucho tiempo aprender a trabajar con genética apícola. Hay que seleccionar madres, elegir zánganos adecuados y evitar la consanguinidad. Es experiencia, estudio y mucho trabajo en el campo”, explicó la apicultora.
Detrás de cada reina hay decisiones precisas: elegir las mejores colmenas madres, controlar la calidad del semen de los zánganos, observar el comportamiento de las colonias y evaluar permanentemente su adaptación al ambiente.
En ese proceso, incluso el clima y la flora regional juegan un papel clave.
Cómo se evalúa la mejor reina
El concurso de fenotipo de abeja reina es una de las evaluaciones más exigentes de la apicultura.
Durante dos jornadas, especialistas analizan múltiples aspectos del comportamiento de la colonia y de la calidad genética de la reina.
Entre los criterios más importantes se encuentran:
* Mansedumbre de la colmena
* Capacidad higiénica frente a enfermedades
* Calidad de la postura de la reina
* Uniformidad de la cría
* Reservas de miel y polen
* Características morfológicas de la reina
En la colmena presentada por Gómez, uno de los aspectos que más se destacó fue su comportamiento sanitario.
“El 96% de las larvas muertas fueron retiradas por las obreras. Eso demuestra que es una colmena muy limpia y con muy buena defensa frente a enfermedades”, explicó.
Una historia que también tuvo proyección internacional
El trabajo de la criadora rionegrina con genética apícola comenzó hace muchos años y tuvo incluso proyección internacional.
En los primeros tiempos de su actividad participó en una exportación de abejas reinas hacia Europa.
“Fue mi primera exportación. Nos pidieron dos mil reinas y fue una experiencia muy importante para nosotros”, recordó.
Aquella experiencia marcó el inicio de un camino que hoy continúa consolidándose con trabajo constante y nuevas líneas de mejoramiento.
Una pasión que no se detiene
A pesar del reconocimiento nacional, Gómez asegura que su mayor motivación sigue siendo la misma que cuando comenzó a trabajar con abejas.
“Mientras pueda voy a seguir trabajando con las abejas. Es un mundo maravilloso. La colmena te da bienestar, te da salud y mucha satisfacción”, afirmó.
Entre sus próximos desafíos aparece uno particularmente ambicioso: profundizar el trabajo de selección genética en campo y desarrollar nuevas líneas de madres que permitan seguir mejorando la calidad de las colmenas.
“No sé si será fácil, pero lo voy a intentar. Lo peor que hay es no intentarlo”, señaló.
Un orgullo para el Valle Medio
El premio obtenido por María Cristina Gómez no sólo representa un logro personal. También pone en valor el trabajo que se realiza en el Valle Medio de Río Negro, una región donde la apicultura crece sostenida por conocimiento técnico, dedicación y compromiso productivo.
Desde allí, entre montes frutales y paisajes patagónicos, se desarrollan líneas genéticas que luego sostienen la productividad de miles de colmenas en distintos puntos del país.
Un trabajo silencioso, paciente y profundamente profesional que hoy, gracias a este premio nacional, también encuentra el reconocimiento que merece.












