Mallas antigranizo: la Federación considera que el nuevo financiamiento puede marcar un punto de inflexión para la fruticultura

Sebastián Hernández presidente de la Federación de productores de fruta de Rio Negro y Neuquén, destacó la puesta en marcha de la línea de crédito del CFI y aseguró que era una demanda histórica de los productores. Valoró el respaldo del Fondo de Garantías Río Negro, calificó a la tasa como la más competitiva del mercado y estimó que unas 1.000 hectáreas podrían incorporarse en una primera etapa al sistema de protección.
En una actividad donde una tormenta de pocos minutos puede comprometer el trabajo de todo un año, la posibilidad de acceder a financiamiento para instalar mallas antigranizo dejó de ser un proyecto a futuro para convertirse en una necesidad inmediata.
Con esa mirada, la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén recibió con optimismo la presentación de la nueva línea de crédito impulsada por el Consejo Federal de Inversiones (CFI), una herramienta que permitirá financiar hasta el 80% de la inversión destinada a proteger los montes frutales frente a los eventos climáticos extremos.
Para el presidente de la entidad, Sebastián Hernández, la iniciativa representa el resultado de un trabajo que la Federación y las cámaras de productores venían impulsando desde hace tiempo, en un contexto donde el cambio climático profundizó la vulnerabilidad económica de las explotaciones frutícolas.
«Era un reclamo que veníamos realizando porque el granizo golpea cada vez más fuerte y, en la situación económica que atraviesa el productor, muchas veces después de una tormenta no tiene posibilidad de recuperarse.»
Una herramienta que responde a una necesidad concreta
Hernández recordó que durante los últimos meses la Federación mantuvo reuniones con organismos provinciales y nacionales para avanzar en distintas alternativas de financiamiento.
La reciente presentación de una línea del Banco Patagonia constituyó el primer paso, pero el sector esperaba especialmente el lanzamiento del programa del CFI, ya que participó activamente en
su construcción buscando que las condiciones fueran lo más accesibles posibles para los productores.
«Se trabajó mucho para que fuera una herramienta realmente útil y que llegara al productor. Hoy vemos que ese esfuerzo empieza a dar resultados», señaló.
El rol clave del Fondo de Garantías Río Negro
Uno de los aspectos que la Federación considera más importantes del programa es la participación del Fondo de Garantías Río Negro (Fogar Río).
Según explicó Hernández, el respaldo de este instrumento puede resolver uno de los principales obstáculos que históricamente enfrentaban los productores al momento de solicitar un crédito: la necesidad de ofrecer garantías patrimoniales que, en muchos casos, implicaban hipotecar la propia chacra.
«El valor de una instalación de mallas muchas veces supera el valor de la tierra. Por eso es tan importante contar con un fondo de garantía que acompañe al productor y le permita acceder al financiamiento sin poner en riesgo su patrimonio», explicó.
A su entender, esta herramienta amplía significativamente las posibilidades de acceso, especialmente para aquellos productores que encuentran mayores dificultades para obtener crédito en el sistema financiero tradicional.
Una demanda que ya muestra interés entre los productores
Antes incluso de conocerse las condiciones definitivas del financiamiento, la Federación realizó una preinscripción entre las cámaras de productores para medir el interés existente.
El resultado sorprendió.
Alrededor de 120 productores manifestaron su intención de incorporar mallas antigranizo aun sin conocer la tasa de interés ni las características del programa.
Esa primera inscripción representa aproximadamente 1.000 hectáreas, aunque Hernández considera que esa superficie podría duplicarse una vez que el sistema entre plenamente en funcionamiento.
«Muchos productores esperaban conocer las condiciones para tomar una decisión. Ahora que ya se conocen la tasa, el plazo y el período de gracia, creemos que la demanda va a crecer.»
Banco Nación, el próximo objetivo
Aunque valoró las herramientas ya disponibles, el dirigente consideró que todavía resta sumar un actor importante.
La Federación insistirá ante las autoridades nacionales para que el Banco Nación también habilite una línea específica destinada a financiar la instalación de mallas antigranizo.
«Muchos productores operan con el Banco Nación y también necesitan tener acceso a este tipo de financiamiento. Vamos a seguir trabajando para que esa alternativa también esté disponible.»
Una carrera contra el calendario
Si bien la presentación del programa fue recibida positivamente, Hernández reconoció que el tiempo será un factor determinante.
La instalación de las mallas debe realizarse antes del inicio de la temporada de tormentas, pero ese proceso coincide con una etapa de intensa actividad dentro de las chacras.
«Estamos terminando la poda, hay que triturar los restos, preparar el suelo, hacer labores culturales y también defenderse de las heladas. Todo eso ocurre mientras hay que avanzar con las carpetas del crédito y coordinar el trabajo de las empresas instaladoras.»
A esa situación se suma otro desafío: la disponibilidad de contratistas especializados.
«Las empresas trabajan muy rápido, pero son pocas. Por eso necesitamos que toda la parte administrativa avance con la mayor agilidad posible.»
Mucho más que una protección contra el granizo
Para Hernández, la incorporación de mallas representa una inversión que trasciende la defensa frente a una tormenta.
Explicó que estos sistemas también reducen el daño por asoleado, mejoran la calidad comercial de la fruta y brindan mayor estabilidad
productiva, aspectos que terminan impactando directamente sobre la rentabilidad del establecimiento.
«No es solamente protegerse del granizo. También mejora la calidad de la fruta y le da al productor mayores posibilidades de obtener mejores resultados comerciales.»
Una tasa que consideran la más competitiva
Consultado sobre las condiciones financieras, el presidente de la Federación sostuvo que la propuesta del CFI resulta hoy la más conveniente entre las alternativas disponibles.
La línea contempla un plazo de hasta cinco años, dos años de gracia para el capital y una tasa bonificada durante ese período inicial.
«Hoy es la tasa más competitiva del mercado. Si uno compara con otras opciones financieras disponibles para el sector, claramente ofrece mejores condiciones.»
Además, consideró que el actual contexto macroeconómico aporta un elemento adicional de previsibilidad.
«La estabilidad del tipo de cambio y la expectativa de una baja gradual de las tasas permiten pensar en un escenario mucho más razonable para planificar inversiones de largo plazo.»
El desafío pendiente: financiar el 20% restante
Uno de los aspectos que todavía preocupa a la Federación es el aporte que deberá realizar el productor, ya que la línea financia hasta el 80% del proyecto.
En una inversión estimada en 15.000 dólares por hectárea, ese porcentaje restante puede representar cifras muy importantes para pequeños y medianos establecimientos.
«Tenemos que seguir trabajando para encontrar mecanismos que permitan resolver ese 20%. Es un tema que vamos a seguir conversando con la Secretaría de Fruticultura, Río Negro Fiduciaria y el Fondo de Garantías.»
Un proceso que recién comienza
Desde la Federación consideran que la puesta en marcha del programa no debe medirse únicamente por la cantidad de hectáreas que logren cubrirse durante este año.
La expectativa es consolidar una política permanente de financiamiento que permita incrementar gradualmente la superficie protegida en cada temporada.
Hernández explicó que, en esta primera etapa, la prioridad de los productores está puesta en cubrir aquellas variedades que hoy presentan mayor potencial comercial y mejores perspectivas en los mercados.
Pensar la fruticultura con una lógica de prevención
La dirigencia frutícola entiende que la incorporación de mallas antigranizo forma parte de un cambio más profundo en la manera de enfrentar el riesgo climático.
Durante años, gran parte de las respuestas llegaron después de las pérdidas. Hoy, el desafío consiste en promover inversiones que permitan evitarlas.
En ese camino, el nuevo financiamiento aparece como una oportunidad concreta para comenzar a transformar una realidad que condiciona desde hace décadas a la producción de peras y manzanas del Alto Valle. Si logra consolidarse en el tiempo y ampliar su alcance, podría convertirse en una de las herramientas más relevantes para fortalecer la competitividad y la sustentabilidad de la fruticultura regional.










