La fruticultura busca reordenarse en un año complejo y apuesta a recuperar previsibilidad

Facundo Fernández admite un año “muy complejo”, descarta una crisis estructural y apunta contra la carga impositiva y la falta de financiamiento como ejes del problema
Audio de la entrevista al secretario de Fruticultura de Río Negro, Facundo Fernández.
La fruticultura del Alto Valle vuelve a exponer sus tensiones más profundas. No es una novedad, pero sí una reiteración cada vez más aguda de un mismo dilema: producir en una región con ventajas naturales extraordinarias, pero bajo un esquema económico que erosiona la rentabilidad y desalienta la continuidad.
En diálogo con Agrovalle, el secretario de Fruticultura de Río Negro, Facundo Fernández, ofreció un diagnóstico crudo, por momentos técnico y por otros inevitablemente humano, sobre una actividad que oscila entre la resiliencia y el desgaste.
“Es un año muy complejo, en todos los aspectos”, sintetiza sin rodeos.
Un sistema golpeado por el clima y tensionado por los números
La campaña 2026 deja una postal preocupante: caída de volumen, menor disponibilidad de fruta y un impacto directo en la estructura productiva. Pero detrás de ese cuadro, el funcionario introduce una precisión clave.
“No es solo una merma. Hoy tenemos casi 600 productores, de unos 900, con más del 50% de daño en sus producciones. Eso nos pone en un escenario de emergencia”, advierte.
El dato no es menor. Traducido a territorio, implica chacras parcialmente paralizadas, economías familiares en riesgo y una cadena que empieza a resentirse desde su base.
En ese contexto, la caída de exportaciones no responde según el análisis oficial a una pérdida de mercados, sino a una menor oferta disponible. La pera, especialmente afectada por eventos climáticos, deriva volumen hacia la industria, mientras la manzana muestra un comportamiento más heterogéneo.
Sin embargo, el clima no actúa solo.
“Es un cóctel complicado”, define Fernández. Y en esa fórmula aparecen variables conocidas pero cada vez más determinantes: energía, combustibles, presión impositiva y tipo de cambio.
La discusión de fondo: ¿crisis estructural o problema de reglas?
En un punto donde muchos actores del sector hablan abiertamente de crisis estructural, el secretario toma distancia y propone otra lectura.
“Yo creo que es coyuntural”, sostiene. Pero no lo hace desde el optimismo, sino desde una lógica comparativa.
Su argumento es claro: con una carga impositiva más baja y acceso a financiamiento razonable, la actividad volvería a ser rentable.
“Si pagáramos cargas sociales del 10 o 15% y no el nivel actual, si el gasoil tuviera menor carga impositiva, los números serían otros”, plantea.
Es, en esencia, una definición política: el problema no sería el modelo productivo en sí, sino el contexto macroeconómico en el que opera.
El productor en el centro de la fragilidad
Más allá de los indicadores, la entrevista deja entrever un elemento que atraviesa todo el sistema: la fragilidad del productor.
Fernández lo describe sin eufemismos. Familias que dudan en tomar créditos, estructuras productivas sin espalda financiera y decisiones postergadas por incertidumbre.
“Queremos evitar que una familia tenga que hipotecar su chacra para invertir”, señala, en referencia a los programas de financiamiento en análisis.
El desafío es mayúsculo. El funcionario reconoce que hoy las tasas disponibles del orden del 35% al 38% son directamente inviables para la fruticultura. El objetivo, en cambio, es acercarse a esquemas internacionales: tasas bajas, plazos largos y períodos de gracia que acompañen el ciclo productivo.
Pero ese horizonte aún está lejos.
“Necesitamos que las tasas bajen y que haya una respuesta más rápida. El productor no tiene el mismo tiempo que la macroeconomía”, advierte.
Mercados: estabilidad relativa, pero sin margen de error
En materia comercial, el diagnóstico es más matizado. No hay, según Fernández, una crisis de demanda.
Brasil sigue siendo un socio natural. Rusia y Europa responden a la dinámica global. Estados Unidos mantiene su ventana de oportunidad.
Incluso, señala, hay señales de firmeza en los precios internacionales cuando la oferta escasea.
Pero esa aparente normalidad esconde una limitación estructural: la falta de competitividad interna.
“No es un problema de precio, es un problema de costos”, insiste.
Y en esa afirmación se condensa una de las discusiones más sensibles del sector. Mientras el mercado fija valores, la ecuación productiva se define puertas adentro, donde los impuestos, la logística y la financiación terminan determinando quién sobrevive y quién queda en el camino.
La apertura de nuevos mercados, entre la estrategia y la urgencia
Consultado sobre la diversificación comercial, el secretario reconoce avances, aunque admite que el ritmo es más lento de lo deseado.
Centroamérica y el sudeste asiático aparecen como destinos en construcción. Sin embargo, introduce una reflexión que revela la prioridad actual del sistema.
“Si una empresa está corriendo atrás de los sueldos, pensar en abrir mercados queda en segundo plano”, explica.
La frase expone una realidad incómoda: la estrategia de largo plazo queda condicionada por la urgencia financiera del presente.
Una región que se achica y busca redefinirse
Quizás uno de los datos más contundentes de la entrevista sea el retroceso territorial de la actividad.
“El Alto Valle llegó a tener 50.000 hectáreas productivas. Hoy estamos en alrededor de 28.000”, señala Fernández.
La cifra no solo marca una caída, sino un cambio estructural en el uso del suelo. Frutos secos, forrajes y otras producciones avanzan sobre el espacio que antes ocupaban peras y manzanas.
Aun así, el secretario plantea un límite a esa retracción.
“Creemos que no se va a reducir mucho más. El desafío ahora es producir más con menos superficie, con sistemas de alta densidad”, proyecta.
Entre la resistencia y la redefinición
La entrevista deja una conclusión abierta, pero inevitable: la fruticultura rionegrina no está en retirada, pero tampoco logra consolidar un horizonte claro.
Se sostiene en su calidad, en su historia y en sus condiciones naturales. Pero enfrenta un entorno económico que, según el propio funcionario, la coloca en desventaja frente al mundo.
“No pedimos privilegios, pedimos reglas para competir”, resume Fernández.
En esa frase se sintetiza el núcleo del conflicto.
La pregunta que queda flotando y que atraviesa al productor, al Estado y al mercado es si esas reglas llegarán a tiempo.
Porque en la fruticultura, como en pocas actividades, el tiempo no es solo una variable económica.
Es, directamente, la diferencia entre producir o desaparecer.
La entrevista al secretario de fruticultura de Rio Negro, Facundo Fernández, se encuentra disponible en todas nuestras plataformas de audio








