FUNBAPA llevó la innovación patagónica a Marruecos: tecnología desarrollada en el Alto Valle despertó interés internacional

Desde la práctica y con recursos limitados, técnicos de la Patagonia diseñaron sistemas inéditos para combatir la mosca de los frutos en zonas urbanas. El trabajo fue presentado en un congreso internacional en Marruecos y posicionó nuevamente a la región como referencia sanitaria a nivel global.
Audio de la entrevista al ingeniero Alejandro Musi (FUNBAPA)
La Patagonia volvió a mostrarle al mundo que la innovación no siempre nace en grandes laboratorios ni en corporaciones multimillonarias. A veces surge desde la necesidad, desde la presión cotidiana por sostener un sistema sanitario estratégico y desde el conocimiento construido en el territorio. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Marruecos, donde técnicos de FUNBAPA presentaron desarrollos tecnológicos creados en el Alto Valle para el control de la mosca de los frutos, una de las plagas más temidas por los sistemas frutícolas del mundo.
El ingeniero Alejandro Musi, integrante del programa sanitario, explicó que la participación patagónica se concretó mediante la presentación de dos posters técnicos en el Congreso Internacional realizado días atrás en Marruecos, ambos centrados en desarrollos diseñados específicamente para las condiciones productivas y urbanas de la región.
“Nosotros no somos investigadores de laboratorio. Somos técnicos de la práctica”, resumió Musi, en una definición que quizás explique mejor que cualquier otra el espíritu de los trabajos presentados.
Uno de los proyectos exhibidos corresponde a las nuevas cámaras de emergencia y noqueo de moscas construidas especialmente para el centro de gestión que funciona en la ex Secretaría de Fruticultura. Se trata de estructuras diseñadas a medida para las dimensiones y necesidades operativas del programa sanitario regional, con capacidad de permitir la emergencia y manipulación de insectos estériles dentro de un mismo sistema.
Pero el mayor interés internacional se concentró en otro desarrollo: las máquinas liberadoras terrestres utilizadas en áreas urbanas de la Patagonia.
Tecnología pensada para ciudades, no para campos
Mientras en gran parte del mundo las liberaciones de moscas estériles se realizan sobre zonas rurales, en el Alto Valle el desafío sanitario tiene otra complejidad. La presencia de árboles frutales en ciudades y áreas periurbanas obliga a intervenir espacios urbanos densamente poblados, algo para lo cual prácticamente no existían antecedentes tecnológicos adaptados.
Frente a esa necesidad, FUNBAPA desarrolló vehículos autopropulsados capaces de realizar liberaciones automáticas y georreferenciadas dentro de ciudades.
El sistema funciona mediante un software que controla temperatura, humedad y pulsos de liberación. Los técnicos diseñan previamente un polígono digital sobre el mapa urbano y, una vez que la camioneta ingresa al área programada, el sistema comienza automáticamente a liberar moscas estériles sin intervención manual del operario.
“La camioneta sabe exactamente dónde tiene que liberar y dónde no. Podemos ver en una pantalla cada pulso realizado y determinar con precisión cuántas moscas colocamos por superficie”, explicó Musi.
La lógica tecnológica se asemeja a la agricultura de precisión aplicada a pulverizaciones o fertilización variable, pero trasladada al manejo sanitario biológico de una plaga cuarentenaria.
Patagonia: una barrera sanitaria clave para exportar
Detrás de estas innovaciones existe un objetivo mucho más profundo que el desarrollo tecnológico en sí mismo: sostener el estatus sanitario diferencial de la Patagonia, una condición estratégica para las exportaciones frutícolas argentinas.
La región patagónica es reconocida internacionalmente como área libre de mosca de los frutos, situación que permite exportar fruta fresca sin tratamientos cuarentenarios adicionales a mercados extremadamente exigentes.
Ese diferencial sanitario habilita, por ejemplo, que peras y manzanas patagónicas ingresen a Estados Unidos con ventajas competitivas, o que las cerezas puedan viajar directamente desde la región hacia China en tiempos mínimos.
“La cereza se cosecha acá y en dos o tres días puede estar en China”, señaló Musi, marcando el enorme valor agregado que implica sostener este sistema sanitario.
En un contexto de fuerte crisis para la fruticultura regional, especialmente para el sector de la pera, el acceso fluido a mercados internacionales se vuelve todavía más determinante para la economía regional y para el ingreso de divisas.
Innovar con recursos ajustados
Uno de los aspectos más reveladores del testimonio de Musi fue quizás el reconocimiento explícito de las limitaciones presupuestarias con las que trabaja el sistema.
FUNBAPA sostiene gran parte de sus programas con recursos aportados por los propios productores. Esa realidad obliga a maximizar eficiencia, creatividad y precisión operativa.
“Los recursos son muy justos y eso nos fuerza a pensar permanentemente cómo mejorar”, admitió.
Lejos de convertirse en una limitación paralizante, esa restricción parece haber funcionado como motor de innovación. Las herramientas desarrolladas en el Alto Valle no surgieron desde la abundancia tecnológica, sino desde la necesidad concreta de resolver problemas reales en condiciones complejas.
Y allí radica probablemente el valor diferencial que despertó interés en Marruecos.
La Patagonia como marca sanitaria global
La participación en el congreso internacional también tuvo un fuerte componente simbólico. Para los técnicos patagónicos, estar presentes en un escenario global implica validar décadas de trabajo sanitario silencioso que muchas veces pasa desapercibido fuera del sector.
“Nos reconocen como Patagonia en todo el mundo”, destacó Musi.
No se trata solamente de una cuestión de prestigio institucional. Detrás de ese reconocimiento existe una construcción sanitaria estratégica que sostiene exportaciones, empleo, producción y competitividad para toda la cadena frutícola regional.
La sanidad vegetal, muchas veces invisible para el consumidor final, termina siendo uno de los pilares estructurales sobre los cuales se sostiene la inserción internacional de la fruta patagónica.
Y en ese entramado, el trabajo cotidiano de técnicos, monitoreadores, operadores y profesionales adquiere una dimensión mucho más trascendente de lo que suele percibirse.
Una invitación a conocer el sistema desde adentro
Sobre el cierre de la entrevista, Musi dejó una invitación abierta para productores, técnicos y actores vinculados a la actividad que quieran conocer el funcionamiento del centro de gestión y los desarrollos tecnológicos implementados en la región.
Una apertura que también refleja otra característica del sistema sanitario patagónico: la construcción colectiva de conocimiento aplicado, nacido desde el territorio y puesto al servicio de una economía regional que sigue encontrando en la innovación una herramienta indispensable para sobrevivir y competir.








