Entre tijeras, experiencia y futuro: el INTA Villa Regina volvió a poner en valor el arte de podar los montes frutales

En una región donde cada invierno define buena parte del destino productivo de la próxima temporada, la poda vuelve a ocupar un lugar central en el calendario frutícola del Alto Valle. Y esta vez, el interés superó todas las expectativas. El curso de poda en frutales de pepita y carozo organizado por INTA a través de la agencia de Villa Regina reunió a 60 participantes, una convocatoria que obligó incluso a reorganizar la dinámica de trabajo para garantizar una capacitación verdaderamente personalizada y de calidad.

La actividad es coordinada por el ingeniero agrónomo Sergio Ziaurriz y se desarrolla en la chacra del productor Armando Paternoli, un espacio que se transformó durante estas jornadas en una verdadera aula a cielo abierto donde convergen experiencia, técnica y transmisión de conocimiento.

Días atrás, Agrovalle había dialogado con Ziaurriz sobre la importancia estratégica de recuperar y profesionalizar las labores culturales dentro de los montes frutales. Aquella entrevista ya anticipaba un dato revelador: existe una necesidad concreta de formación, especialmente en tareas que requieren precisión, criterio agronómico y conocimiento fisiológico de las plantas. La masiva inscripción terminó confirmándolo.

Frente a semejante convocatoria, la organización decidió dividir a los asistentes en grupos reducidos de 15 personas. La medida no fue casual. En poda, observar de cerca, preguntar, corregir movimientos y analizar cada estructura vegetal resulta fundamental para comprender cómo intervenir correctamente sobre el árbol.

Porque podar no significa solamente cortar ramas. Implica interpretar el equilibrio entre vigor y producción, comprender la entrada de luz, anticipar la carga futura y construir arquitectura vegetal para lograr fruta de calidad. Y ese conocimiento, históricamente transmitido de generación en generación en el Valle, hoy vuelve a ser demandado con fuerza en un contexto donde la eficiencia productiva se volvió indispensable.

Durante las prácticas, los participantes trabajan directamente sobre montes de perales, manzanos y frutales de carozo, analizando distintos sistemas de conducción y estrategias de intervención según la edad de la planta, el estado sanitario y el objetivo productivo. La propuesta combina teoría y práctica intensiva, pero sobre todo recupera algo que muchas veces escasea: el aprendizaje en territorio.

La imagen de grupos reducidos caminando entre hileras de árboles, tijera en mano, escuchando atentamente las explicaciones técnicas y debatiendo decisiones de manejo sintetiza también una dimensión más profunda. En tiempos donde gran parte del debate agropecuario gira en torno a costos, crisis y rentabilidad, estas capacitaciones reflejan que todavía existe capital humano dispuesto a formarse, mejorar y sostener la cultura productiva regional.

La poda, quizás una de las labores más silenciosas del invierno, sigue siendo una de las más determinantes para el futuro de la fruta patagónica. Y el interés despertado por este curso del INTA deja una señal clara: el conocimiento técnico continúa siendo una herramienta esencial para defender la competitividad y la identidad frutícola del Alto Valle.

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