El frío que prepara la próxima cosecha: qué está pasando hoy con los frutales del Alto Valle

Sergio Ziaurriz, ingeniero del INTA Villa Regina, explicó cómo evolucionó la acumulación de frío durante este invierno y qué señales comienzan a mostrar las primeras variedades de carozo. También confirmó una nueva jornada de corrección de termómetros para productores y empresas.
Hay procesos que ocurren lejos de la mirada cotidiana del productor. Durante buena parte del invierno, mientras las chacras parecen detenidas, los frutales están atravesando una etapa decisiva para lo que vendrá después.
La acumulación de frío es uno de esos procesos. Es el mecanismo que permite a las plantas superar la Endo dormancia y quedar preparadas para responder, cuando llegue el momento, a las temperaturas que impulsarán la brotación y la floración.
En el Alto Valle, ese proceso ya cumplió una etapa central.
El ingeniero Sergio Ziaurriz, del INTA Villa Regina, explicó que hacia fines de julio los principales frutales de la región ya habían completado sus requerimientos de frío. A partir de entonces comenzó a adquirir mayor importancia la acumulación de unidades de calor, que será determinante para acompañar el avance de la fenología durante las próximas semanas.
No todos los frutales necesitan el mismo invierno
Hablar de “horas de frío” puede parecer sencillo, pero detrás del concepto existe una respuesta fisiológica específica de cada especie y variedad.
Según explicó Ziaurriz, los frutales de carozo presentan requerimientos menores, en el orden de las 600 unidades de frío, mientras que perales y manzanos se ubican aproximadamente entre las 900 y 1.000 unidades.
Ese requerimiento no es un dato menor. Forma parte de la adaptación de cada especie a determinadas condiciones climáticas y ayuda a explicar, incluso, por qué determinadas producciones pueden desarrollarse en regiones con inviernos muy diferentes.
“Los frutales de peras y manzanas están en esta zona porque logran completar” sus requerimientos de frío, explicó el ingeniero. En regiones ubicadas más al norte, en cambio, algunas variedades de peral pueden tener dificultades para alcanzar esas necesidades.
El ejemplo también permite comprender por qué existen manzanos que pueden cultivarse en zonas de Uruguay o del sur de Brasil: se trata de materiales con menores requerimientos de frío.
El frío no es solamente una cuestión de temperatura
Uno de los aspectos más interesantes de la explicación de Ziaurriz está en comprender que el frío forma parte de un reloj biológico.
Una vez cumplido el período de Endo dormancia, las plantas comienzan a transitar otra etapa. Las yemas se hinchan y el aumento de las temperaturas empieza a impulsar los procesos que conducirán a la brotación y posteriormente a la floración.
Cuando ese proceso se cumple adecuadamente, el desarrollo fenológico tiende a producirse de manera más ordenada.
Pero si una planta no logra satisfacer sus requerimientos de frío, la respuesta puede ser diferente. Ziaurriz señaló que pueden generarse brotaciones y floraciones más extendidas, producto de modificaciones hormonales asociadas a la falta de cumplimiento de ese requerimiento.
La consecuencia termina trasladándose al cultivo: un proceso menos uniforme puede generar diferencias en el desarrollo y posteriormente en las unidades cosechadas.
Por eso, para la fruticultura, no se trata simplemente de saber si hizo frío o calor. Se trata de conocer qué ocurrió con la planta durante ese período y cómo responde posteriormente a las temperaturas que aparecen en el ambiente.
Un invierno frío no necesariamente significa daño
Existe además una confusión frecuente que el ingeniero del INTA ayudó a despejar: frío invernal y helada no son sinónimos de perjuicio para el frutal.
Durante el reposo invernal, los frutales caducifolios pueden soportar temperaturas muy bajas sin que necesariamente se produzcan daños.
Ziaurriz recordó lo ocurrido durante el invierno anterior, cuando en algunos sectores se registraron temperaturas de entre 15 y 16 grados bajo cero hacia fines de junio y comienzos de julio.
Aquellas temperaturas, explicó, no provocaron un perjuicio significativo sobre los frutales porque las plantas se encontraban en reposo y atravesaban precisamente la etapa en la que necesitaban acumular frío.
El escenario cambia cuando la planta abandona progresivamente ese estado y comienza a avanzar hacia la brotación y la floración. Allí, una baja temperatura puede adquirir otra dimensión y convertirse en un factor de riesgo.
Por eso, el seguimiento de la fenología se vuelve cada vez más importante.
Las primeras señales ya aparecen en los frutales de carozo
Los registros actuales del INTA muestran que algunas variedades tempranas de frutales de carozo comenzaron a anticipar sus fechas habituales de brotación y floración.
Ciruelos y algunas variedades tempranas de nectarinas o pelones ya muestran señales de actividad.
El motivo es que estos materiales completaron rápidamente sus requerimientos de frío, estimados por Ziaurriz entre 500 y 600 unidades, y quedaron entonces a la espera de condiciones térmicas capaces de activar el siguiente proceso.
Un período con temperaturas de entre 15 y 20 grados puede actuar como disparador de esa aceleración fenológica.
Sin embargo, no todas las variedades avanzan al mismo ritmo.
El ingeniero puso como ejemplo a duraznos como Oh Henry, cuya cosecha se ubica hacia febrero y que todavía se encuentran en una etapa de yema hinchada.
La diferencia vuelve a poner sobre la mesa un concepto fundamental: no existe un único calendario para todos los frutales.
Cada especie, cada variedad y cada condición ambiental construyen su propio recorrido hacia la primavera.
Por eso, Ziaurriz recomendó mantener un seguimiento diario o semanal de la fenología, especialmente en un contexto de humedad, para poder anticipar y realizar los tratamientos preventivos que correspondan.
El otro dato clave: termómetros que deben ser confiables
La conversación con el ingeniero del INTA Villa Regina también dejó un dato de utilidad directa para los productores.
Los días 18 y 19 de agosto se realizarán las segundas jornadas de corrección de termómetros en la Agencia de Extensión Rural del INTA Villa Regina.
Los instrumentos serán recibidos durante esas dos jornadas y la devolución está prevista para los días 20 y 21 de agosto.
La actividad está destinada a productores, productoras y empresas que utilizan estos instrumentos para controlar las condiciones térmicas de sus establecimientos y, particularmente, para tomar decisiones vinculadas con los sistemas de defensa contra heladas.
El costo establecido es de 15.000 pesos por termómetro.
Puede parecer un aspecto secundario frente a las grandes decisiones de una campaña, pero no lo es. Una lectura incorrecta de temperatura puede llevar a tomar una decisión tardía o innecesaria frente a una helada. En momentos críticos, la precisión de un instrumento puede tener consecuencias productivas concretas.
El invierno empieza a quedar atrás, pero la atención aumenta
La acumulación de frío ya cumplió su función principal en los frutales del Alto Valle. Ahora comienza otra etapa.
El frío dejó preparado el escenario. El calor irá marcando el ritmo.
Las primeras variedades de carozo comienzan a mostrarlo y, con ellas, también vuelve a instalarse una preocupación conocida por los productores: cuánto avanzará la fenología y qué condiciones encontrará cada cultivo durante las próximas semanas.
En ese período de transición, mirar el termómetro, registrar temperaturas y observar diariamente el comportamiento de las
plantas deja de ser una tarea rutinaria para convertirse en una herramienta de anticipación.
Porque una cosecha no comienza cuando aparece el fruto.
Empieza mucho antes, cuando durante el invierno una planta acumula silenciosamente el frío que necesita para volver a despertar.
Información para la corrección de termómetros
Recepción: 18 y 19 de agosto
Devolución: 20 y 21 de agosto
Lugar: Agencia de Extensión Rural INTA Villa Regina
Costo: $15.000 por termómetro
Contacto: 11 6849-1809










