José Molinaro: «El Valle cambió para siempre, pero todavía hay productores que no bajan los brazos»

Con más de medio siglo dedicado a la producción, el histórico chacarero de Villa Regina reconstruye la transformación de la fruticultura desde sus comienzos hasta la actualidad. Recuerda los años en que la alfalfa dominaba el paisaje, las multitudinarias protestas de productores y advierte que el mayor desafío de hoy es sostener la actividad frente al aumento permanente de los costos.

Audio de la entrevista al Productor José Molinaro.

Hay voces que trascienden la coyuntura. No hablan únicamente del presente: permiten comprender cómo se construyó una región.

La de José Molinaro es una de ellas.

Su historia está profundamente ligada a la evolución de Villa Regina y del Alto Valle. Creció en la chacra cuando la fruticultura apenas comenzaba a abrirse camino y fue testigo privilegiado de cada una de las transformaciones que marcaron al sector durante las últimas décadas.

Con la serenidad de quien ha vivido casi todas las etapas de la actividad, recuerda que el Valle que conocieron las nuevas generaciones era muy distinto al de su juventud.

«Nos criamos trabajando en la chacra, pero en aquellos años la fruta todavía estaba dando sus primeros pasos. La producción principal era otra. Había mucha alfalfa, tomate, papa y verduras. La fruticultura fue creciendo muy lentamente», rememora.

Su padre llegó a Villa Regina en 1926, cuando el paisaje era apenas un territorio en construcción.

«No había nada. Había que hacerlo todo desde cero», resume, evocando aquellos años en los que conseguir plantas, levantar montes frutales y reunir capital representaban desafíos enormes para las familias productoras.

Cuando la fruticultura encontró su identidad

Molinaro sitúa el verdadero despegue de la actividad hacia mediados de la década del sesenta.

Fue entonces cuando las plantaciones comenzaron a consolidarse y la producción frutícola pasó lentamente a ocupar el lugar que hoy caracteriza al Alto Valle.

Regina se convirtió en uno de los principales polos productivos del país.

Sin embargo, al mirar el presente, observa un escenario completamente diferente.

«La Cámara de Productores de Villa Regina sigue siendo una de las instituciones que mejor se mantiene, pero hemos perdido muchísimos productores. Muchos fueron absorbidos, otros vendieron sus chacras y en muchos casos no hubo recambio generacional.»

Para Molinaro, el cambio cultural también explica parte de esa realidad.

«Los jóvenes buscan otros caminos porque producir hoy es cada vez más difícil. Si no sos parte de una estructura grande, cuesta muchísimo sostenerse.»

Las protestas que marcaron una época

Su trayectoria también estuvo ligada a la defensa del sector.

Participó durante décadas en la Cámara de Productores de Villa Regina y fue protagonista de algunas de las movilizaciones más recordadas de la fruticultura regional.

Recuerda especialmente las protestas desarrolladas durante los años noventa y, sobre todo, las largas jornadas de reclamo en los Tres Puentes de General Enrique Godoy a comienzos de los años 2000.

«Estuvimos más de veinte días reclamando. Hubo promesas, reuniones y gestiones. Algunas cosas cambiaron, otras no. Pero siempre había que seguir peleando.»

También evoca el profundo impacto que dejó la crisis financiera y la aplicación de la recordada Circular 1050.

«Muchas chacras se perdieron. Muchísimos productores no pudieron recuperarse de aquellas deudas.»

Pese a ello, sostiene que aquellas movilizaciones dejaron una enseñanza.

«Después de cada gran protesta, por lo menos se abría una puerta para dialogar. No siempre llegaban las soluciones, pero alguien escuchaba.»

Un presente atravesado por los costos

Cuando la conversación se traslada a la actualidad, el diagnóstico mantiene el mismo tono sereno, aunque no oculta su preocupación.

El productor observa un Valle con escasa actividad invernal.

Durante sus recorridas entre Villa Regina y General Roca asegura haber encontrado numerosas chacras sin podar y trabajos culturales demorados.

«Veo muchas plantaciones sin tocar. Hay productores que simplemente no tienen recursos para hacer las labores.»

La explicación, afirma, aparece rápidamente.

Los elevados costos de electricidad, combustible, mano de obra, conservación en frío y mantenimiento hacen cada vez más difícil afrontar las tareas habituales del establecimiento.

A ello se suma el impacto climático de las últimas campañas y un escenario comercial complejo para la fruta argentina.

La esperanza sigue estando en la gente

A pesar del diagnóstico, Molinaro evita caer en el desaliento.

Encuentra motivos para confiar cuando observa a pequeños grupos de jóvenes productores que comienzan a asociarse para trabajar en conjunto, compartir infraestructura y buscar nuevas formas de sostener la actividad.

«Hay chicos que se están organizando, alquilan galpones, trabajan en grupo y siguen apostando por producir. No es sencillo, pero están haciendo un esfuerzo muy importante.»

También considera necesario continuar ampliando las áreas productivas mediante nuevas obras de riego e infraestructura.

«La provincia está haciendo esfuerzos para desarrollar nuevas zonas. Eso es importante porque necesitamos producir más. El Valle necesita volver a moverse.»

Después de toda una vida entre montes frutales, José Molinaro no habla desde la nostalgia.

Habla desde la experiencia.

Y quizá por eso su reflexión final adquiere un significado especial.

La historia de la fruticultura no se explica solamente por los mercados, las exportaciones o los números de cada temporada.

También está escrita por generaciones de productores que construyeron una región trabajando la tierra todos los días.

José Molinaro pertenece a esa generación cuya memoria sigue siendo indispensable para comprender el pasado y pensar el futuro del Alto Valle.

Personal de la chacra.

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