“La Patagonia ya juega en la élite del vino mundial”: Río Negro reunió a los grandes íconos vitivinícolas y consolidó una identidad que ya no quiere pasar desapercibida

Desde la cordillera al mar, la provincia exhibe una nueva generación de vinos, proyectos y enólogos que buscan posicionar a la Patagonia entre las regiones más prestigiosas del planeta. El reconocimiento a Marcelo Miras sintetizó una jornada cargada de simbolismo, tradición y futuro.
Audio de la entrevista a la directora de vitivinicultura de Rio Negro .Mariana Cerutti.
En una Patagonia donde el viento talla el paisaje, las heladas moldean el carácter y las distancias obligan a producir con convicción casi épica, el vino dejó hace tiempo de ser apenas una actividad productiva para transformarse en una expresión cultural profunda del territorio.
Y esa sensación quedó flotando en cada conversación, en cada copa servida y en cada intercambio técnico durante “Íconos de Patagonia”, el encuentro que reunió en Río Negro a algunos de los principales referentes vitivinícolas del sur argentino.
Enólogos, bodegueros, elaboradores y especialistas de Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa llegaron al Alto Valle convocados por el medio especializado “Caminos del Vino”, en una jornada donde no solamente se degustaron etiquetas de alta gama, sino donde también comenzó a consolidarse algo mucho más profundo: una narrativa común sobre el vino patagónico.
“Cada bodega presentó el vino que considera ícono de su línea. Fue una jornada realmente enriquecedora”, explicó Mariana Cerutti, directora de Vitivinicultura de Río Negro, durante una entrevista con Agrovalle.
Lejos de cualquier mirada localista, el encuentro tuvo un fuerte componente técnico y comparativo. Se cataron 25 etiquetas patagónicas junto a vinos franceses, en una dinámica que permitió medir perfiles, estilos y niveles de calidad entre regiones de enorme tradición vitivinícola mundial.
Y la conclusión, según Cerutti, fue contundente.
“No tenemos dudas de que los vinos patagónicos son de altísima calidad. Cada día están mejor y perfectamente pueden competir con vinos de cualquier región del mundo”, sostuvo.
Una Patagonia que encontró su singularidad
Durante décadas, el peso histórico de Mendoza monopolizó gran parte de la identidad vitivinícola argentina. Sin embargo, en los últimos años, la Patagonia comenzó a construir un posicionamiento propio basado en factores naturales difíciles de replicar: amplitud térmica, sanidad ambiental, aguas de excelente calidad y perfiles aromáticos muy particulares.
“La singularidad que tienen nuestros vinos no se consigue en otras zonas”, remarcó Cerutti.
Y esa singularidad hoy empieza a tomar forma concreta en diferentes rincones de Río Negro.
La provincia ya no concentra exclusivamente su producción en el Alto Valle. Nuevos proyectos avanzan en zonas emergentes como Mainque la región atlántica y áreas cordilleranas, configurando una vitivinicultura que, como destacó la funcionaria, “hoy puede decir con orgullo que produce vinos desde la cordillera al mar”.
A las tradicionales etiquetas de Pinot Noir y Malbec, se suman ahora blancos y espumantes que comienzan a ganar protagonismo gracias a un clima excepcional para ese tipo de elaboraciones.
“Tuvimos semillón, riesling, espumantes… realmente una variedad muy linda de vinos”, detalló.
Ese fenómeno también refleja un cambio generacional y productivo. Nuevos actores aparecen en el mapa vitivinícola regional con pequeñas bodegas boutique, producciones limitadas y fuerte impronta territorial.
El gran desafío: vender identidad
Sin embargo, detrás del crecimiento cualitativo aparece un desafío estructural que atraviesa a gran parte de las economías regionales argentinas: la comercialización.
Cerutti reconoció que el escenario económico obliga al sector a profundizar estrategias vinculadas a exportaciones y enoturismo, dos herramientas consideradas claves para sostener la rentabilidad y reducir stocks acumulados.
“El enoturismo no solamente es una actividad hermosa, sino que permite compartir con la gente el trabajo cotidiano de las bodegas y generar identidad”, explicó.
La directora reveló además que experiencias como las de Chubut despertaron gran interés entre los participantes del encuentro, especialmente por la capacidad de algunas bodegas de comercializar prácticamente toda su producción directamente en sus establecimientos turísticos.
La Patagonia parece haber entendido que el vino ya no se vende únicamente en una góndola: también se vende como experiencia, paisaje, relato y pertenencia.
Por eso, Río Negro avanza en acuerdos con empresas de transporte, hoteles y prestadores turísticos para fortalecer la Ruta del Vino y facilitar el movimiento de visitantes en un contexto atravesado por la tolerancia cero al alcohol al volante.
“Tenemos paisajes maravillosos y muchísimo para ofrecer. El turismo es parte del desarrollo económico de nuestras localidades”, enfatizó.
Marcelo Miras: el reconocimiento a una vida dedicada al vino patagónico
Pero si hubo un momento cargado de simbolismo durante “Íconos de Patagonia”, fue la elección del “Enólogo Ícono de Patagonia”, una distinción votada por los propios colegas participantes del encuentro.
El reconocimiento quedó en manos de Marcelo Miras, una figura histórica de la vitivinicultura regional y referente indiscutido de varias generaciones de elaboradores patagónicos.
La elección no parece casual.
Miras representa una parte esencial de la historia moderna del vino en Río Negro: trayectoria, conocimiento técnico, capacidad formativa y una defensa permanente de la identidad regional.
“Hace más de tres décadas que hace vino en esta parte del mundo, que no es fácil”, destacó Cerutti.
La funcionaria subrayó además el rol pedagógico que tuvo el enólogo a lo largo de los años, formando profesionales que hoy ya son protagonistas de la nueva escena vitivinícola patagónica.
“Hoy participaron enólogos que fueron alumnos de Marcelo. Para nosotros es un orgullo tener una persona como él”, expresó.
En tiempos donde muchas economías regionales luchan por sostenerse frente a la concentración, la volatilidad económica y la pérdida de competitividad, la figura de Miras funciona casi como una síntesis del espíritu patagónico: persistencia, identidad y construcción colectiva.
El vino como marca cultural de la Patagonia
Quizás el dato más importante que dejó el encuentro no estuvo únicamente en las copas ni en las puntuaciones técnicas.
Lo verdaderamente trascendente parece ser que la Patagonia vitivinícola comenzó a reconocerse a sí misma como una región con voz propia.
Una región que ya no quiere ocupar el lugar de promesa exótica dentro del mapa argentino, sino consolidarse como un actor competitivo, sofisticado y culturalmente potente.
Por eso, detrás de cada botella, aparecen también historias familiares, generaciones enteras vinculadas a la tierra y productores que siguen apostando por un territorio desafiante.
Y en esa construcción colectiva, Río Negro busca ocupar un lugar central.
“Siempre invitamos a los rionegrinos a probar vinos de nuestra provincia y acompañar a nuestros productores. También es una manera de construir identidad propia”, concluyó Cerutti.









