Vendimia 2026: calidad sobresaliente y señales de alerta en la vitivinicultura rionegrina

El enólogo y titular de Bodega Mirás, Marcelo Mirás, traza un diagnóstico preciso de la actual campaña: uvas de excelente calidad, vinos con gran expresión y un contexto económico que obliga a redefinir el rumbo del sector.

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Audio de la entrevista al enólogo y titular de la bodega Miras, Marcelo Miras

La vendimia como síntesis: un año en una copa

Hay momentos en la producción agroindustrial donde todo converge. La vendimia es uno de ellos. No solo por su dimensión técnica, sino por su carga simbólica: allí se condensa un año entero de decisiones, incertidumbres climáticas y trabajo silencioso en el viñedo.

En ese punto exacto del calendario se encuentra hoy la vitivinicultura rionegrina. Y desde ese lugar, con la autoridad que le confiere la experiencia, el enólogo y titular de Bodega Mirás, Marcelo Mirás, ofrece una lectura integral de la campaña 2026.

“Estamos en plena vendimia, quizás un poco más de la mitad de la cosecha. Y este año se presenta con muy buena calidad, realmente excelente”, resume, sin rodeos.

Clima desafiante, resultado sobresaliente

El dato no es menor. La campaña estuvo marcada por condiciones climáticas exigentes: temperaturas elevadas desde noviembre y un adelantamiento generalizado en la madurez de la uva.

Sin embargo, lejos de comprometer el resultado, ese escenario terminó configurando una cosecha de alto nivel.

“Ese verano de días muy calurosos adelantó la madurez, y también la vendimia. Pero la calidad es excelente”, insiste Mirás.

La clave, según detalla, estuvo en la sanidad del fruto y en una variable estructural del Alto Valle: la amplitud térmica.

“Fue un verano seco, ventoso, con muy buena sanidad. Y la amplitud térmica, tan importante para nosotros, jugó a favor tanto en la uva como en la fruticultura”, explica.

Equilibrio en el viñedo: decisiones finas, resultados precisos

Lejos de una cosecha homogénea, la campaña exigió decisiones quirúrgicas.

Algunas variedades blancas se adelantaron para preservar acidez clave en espumantes y vinos frescos mientras que ciertos tintos se dejaron evolucionar para alcanzar mayor madurez fenólica.

“Hubo que ir jugando con cada variedad, evaluando la madurez de los taninos, el color. Algunas se cosecharon antes, otras se esperaron un poco más”, detalla.

Ese manejo diferencial ya empieza a traducirse en los primeros vinos.

Una añada con identidad: blancos aromáticos y tintos con carácter

Los primeros indicios en bodega son contundentes.

En blancos, la tendencia es clara: intensidad aromática y frescura.

“Estamos viendo vinos blancos muy aromáticos, con muy buena acidez, muy agradables”, señala.

En tintos, en tanto, aparece un rasgo distintivo de la campaña: la expresión de color.

“Es una de las cosas que más me está sorprendiendo de esta añada. Muy buena intensidad de color y una expresión varietal muy marcada”.

Dentro de ese universo, el Pinot Noir emblema patagónico vuelve a consolidar su lugar.

“Estamos teniendo Pinot Noir muy fragantes, muy aromáticos, realmente muy ricos”, describe.

Pero no es el único. Mirás también destaca el desempeño de Merlot y Malbec, en una campaña donde, según su visión, “hay varias variedades que están dando resultados extraordinarios”.

El vino como decisión: técnica, intuición y territorio

Si hay un momento determinante en la construcción de calidad, es el punto de cosecha.

Y allí, Mirás introduce un concepto clave: la combinación entre análisis técnico y percepción sensorial.

“El momento oportuno de cosecha no se define solo con análisis físico-químicos. Es fundamental caminar el viñedo, degustar la uva, interpretar la madurez de los taninos, de las semillas”, explica.

Esa lectura fina del viñedo, sumada a las decisiones en fermentación, termina de definir el perfil del vino.

Un escenario global en transformación

Pero la vendimia no ocurre en el vacío. Y en ese punto, el diagnóstico de Mirás se vuelve más estructural.

“Estamos atravesando un momento de reacomodamiento de la vitivinicultura mundial”, plantea.

No habla de crisis, sino de un proceso más complejo: exceso de oferta global, aparición de nuevos actores y cambios en los hábitos de consumo, especialmente en generaciones jóvenes.

“El vino está presente, pero no necesariamente con la misma centralidad que tenía antes”, advierte.

Argentina: costos en alza y rentabilidad en tensión

Ese escenario global se vuelve aún más exigente en el plano local.

“El aumento de los costos internos y la falta de poder adquisitivo complican la ecuación. La gente prioriza productos de primera necesidad y el vino pierde frecuencia en el consumo”, describe.

A eso se suma un dato crítico: el estancamiento en el valor de la uva.

“Cuando ves que el precio de la uva es similar al de años anteriores, con inflación, empieza a ponerse en duda la continuidad del cultivo”, advierte.

El resultado es un sector bajo presión, obligado a redefinir estrategias.

Reenfocar el negocio: identidad, consumo y decisiones inteligentes

Frente a ese contexto, Mirás es claro: la salida no es uniforme, sino estratégica.

“Tenemos que decidir hacia dónde apuntar. En nuestro caso, por ejemplo, hacer foco en Pinot Noir, que es donde mejor nos posicionamos”, señala.

Pero también plantea desafíos más amplios: estimular el consumo, actualizar regulaciones y mejorar la comunicación del vino como producto cultural y saludable.

“El vino es una bebida de placer, pero también tiene propiedades. Nos está faltando transmitir eso”, afirma.

El desafío pendiente: financiamiento e innovación

Si hay un punto donde el diagnóstico se vuelve crítico, es en la necesidad de inversión.

“Nos está faltando acceso a crédito para innovación tecnológica, tanto en viñedos como en bodegas”, sostiene.

Sin ese salto, advierte, será difícil sostener la competitividad en el tiempo.

Bodega Mirás: tradición, identidad y apuesta al futuro

En ese escenario complejo, la bodega continúa apostando.

“Estamos muy contentos con los vinos que estamos elaborando”, cuenta.

El foco sigue puesto en variedades tradicionales como Pinot Noir y Malbec, pero también en proyectos con identidad propia, como el rescate del Torrontés Mendocino y la elaboración de vinos naranjos que ya tienen demanda internacional.

Entre la excelencia y la incertidumbre

La vendimia 2026 deja, así, una doble lectura.

Por un lado, confirma el potencial vitivinícola de Río Negro, con vinos de calidad sobresaliente y una identidad cada vez más definida.

Por otro, expone las tensiones de un sector que enfrenta desafíos estructurales profundos, donde la rentabilidad, el consumo y la inversión se vuelven variables decisivas.

“Bebamos vinos rionegrinos, siempre con moderación, y disfrutemos de lo que la tierra nos da”, concluye Mirás.

En esa frase, simple pero cargada de sentido, se sintetiza el espíritu de una actividad que, aun en la incertidumbre, sigue apostando por transformar trabajo en valor y territorio en identidad.

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