Balance 2025 del presidente de la Federación de Productores de Fruta: un año de supervivencia y costos fuera de control

El presidente de la Federación de Productores de Fruta, Sebastián Hernández, trazó un crudo balance del año para el sector. Sobrestock, precios que no acompañaron la inflación, clima adverso y una estructura de costos que dejó a la fruticultura fuera de competencia. El 2026 aparece como una esperanza condicionada.
Audio de la entrevista al presidente de la Federación de Productores de Fruta, Sebastián Hernández
Un balance sin eufemismos: 2025 fue un año difícil
«Fue un año complicado, difícil para el productor». La definición, directa y sin matices, resume el diagnóstico que dejó el presidente de la Federación de Productores de Fruta al evaluar el cierre del 2025. Según explicó, los valores de la fruta no acompañaron ni la inflación ni la estructura real de costos, lo que terminó generando un resultado económico negativo para la mayoría de los productores.
El dirigente recordó que los años posteriores a la pandemia habían mostrado cierta recuperación de la actividad, con un sector que, aunque ajustado, lograba traccionar. Ese escenario cambió de manera abrupta a partir de fines de 2023 y durante todo 2024, cuando una gran cantidad de fruta quedó en stock. Ese sobrestock condicionó el arranque de la temporada 2025, derrumbó las primicias y empujó los precios a la baja.
«Arrancamos el año con una temporada complicadísima, con valores inferiores a los de años anteriores y sin posibilidad de cubrir la inflación», señaló.
Ajuste extremo y auxilios que no alcanzan
Frente a este escenario, el productor frutícola tuvo que ajustar al máximo. «Cerrar el bolsillo, apretar la mano y hacer un esfuerzo extraordinario» fue, según la Federación, la única estrategia posible para llegar al final del año.
Durante la temporada hubo acompañamiento financiero para cosecha y raleo, pero el propio dirigente fue claro al calificar esas herramientas como «auxilios». Si bien permitieron sostener algunas labores básicas, no lograron revertir un balance general negativo. En muchos casos, los productores se vieron obligados a postergar inversiones y reducir tareas, priorizando únicamente la sanidad y la calidad mínima del producto.
Reformas laborales y tributarias: el eje de la discusión
Con el cierre del año, la agenda del sector se concentró en la discusión de las reformas laborales y tributarias. Desde la Federación confirmaron una intensa participación en reuniones con el Gobierno nacional, con un objetivo central: bajar los costos estructurales que hoy asfixian a la producción primaria.
«Necesitamos una reforma laboral que aliviane la relación entre el empleador y el empleado, que termine con la industria del juicio y que fomente el crecimiento del empleo», explicó. Aclaró que estos cambios no apuntan a perjudicar al trabajador, sino a mejorar la calidad del empleo y el funcionamiento general del sistema.
Según el dirigente, las economías regionales son las más golpeadas por la actual estructura de costos y regulaciones. «Con este desorden laboral y tributario quedamos fuera de competitividad en cualquier circunstancia», advirtió.
Clima adverso y emergencia permanente
Al problema económico se sumó un año climático complejo. En 2025 se registraron más de 480 declaraciones juradas por emergencia, con 34 eventos de heladas y múltiples tormentas de granizo que afectaron a distintas zonas productivas.
«Convivimos todos los días con el clima, la economía y todas las presiones juntas», describió. En diálogo con técnicos del INTA, recordó que el promedio histórico es de cuatro tormentas fuertes por año, y que todavía restaba atravesar parte de la temporada.
La emergencia agropecuaria volvió a ocupar un lugar central. El dictamen técnico ya está elaborado y solo resta la firma del gobernador para su declaración formal, paso clave para avanzar luego con la homologación a nivel nacional. Sin embargo, el dirigente alertó sobre un punto crítico: aun en emergencia, las deudas con los aportes y contribuciones sociales siguen acumulando intereses del 3 por ciento mensual.
«Si una pera va a industria, hoy no alcanza ni siquiera para pagar la cosecha», graficó.
Un sector sin herramientas para defenderse
La Federación remarcó que la emergencia agropecuaria regional lleva más de 16 años consecutivos. Para el presidente de la entidad, la explicación es estructural: la falta de rentabilidad impide realizar las inversiones necesarias para mitigar el riesgo climático.
«Solo entre el 8 y el 10 por ciento de la superficie está protegida. El resto está a cielo abierto, rezando para que no caiga granizo», señaló. Sistemas como mallas antigranizo o riego por aspersión para heladas siguen fuera del alcance de la mayoría de los productores.
Supervivencia y expectativa
Consultado sobre cómo definiría el año, el dirigente fue categórico: 2025 fue un año de supervivencia. «No se pudo invertir. Se sobrevivió con la expectativa de que las cosas empiecen a cambiar», afirmó.
Advirtió, no obstante, que los efectos de las reformas no serán inmediatos. Algunas medidas podrían aliviar la contratación laboral en el corto plazo, pero los cambios de fondo se verán recién a mediano plazo. Aun así, destacó que el productor mantiene su esencia: proyectar, trabajar y apostar a que la próxima campaña sea mejor.
«Hace décadas que venimos discutiendo lo mismo. Subsidiar y financiar para paliar nunca resolvió el problema de fondo», reflexionó.
Competitividad en jaque
Uno de los puntos más sensibles del diagnóstico fue la pérdida de competitividad internacional. Argentina hoy es más cara que países vecinos como Chile, incluso sin que el productor reciba un precio acorde a su esfuerzo.
«Si pagáramos lo que realmente debería recibir el productor, seríamos dos o tres veces más caros que el resto del mundo», advirtió.
Un mensaje al productor
Para cerrar, el presidente de la Federación dejó un mensaje directo al productor que duda si vale la pena seguir. Reconoció el desgaste, la incertidumbre y la dificultad de producir sin manejar precios ni variables macroeconómicas, pero destacó la fortaleza histórica del sector.
«Esta actividad se lleva en la sangre. Son generaciones de trabajo y esfuerzo. Esperamos que el 2026 nos encuentre distintos, con cambios reales que nos permitan dejar de sobrevivir y empezar a crecer», concluyó.
La cosecha de pera Williams 2025-2026 está próxima a comenzar. Para muchos productores, será una nueva apuesta, con la esperanza de que el próximo balance deje atrás la lógica de la emergencia permanente.








