Valle Medio sin cerezas: el impacto silencioso de un año climático extremo que dejó sin trabajo a cien familias

Una combinación letal de falta de horas de frío, floración adelantada y el golpe final del granizo dejó a productores del Valle Medio sin cosecha. Daniel Pascali, referente de la cereza en Choele Choel y Chimpay, advierte que el daño no es solo productivo: “El productor se la banca; el que queda en cero es el trabajador”.
La campaña 2024–2025 de cerezas en el Valle Medio de Río Negro quedará marcada como una de las más duras de las últimas décadas. No por un solo evento, sino por una sucesión de anomalías climáticas que, encadenadas, terminaron por borrar la fruta del mapa. La tormenta de granizo fue el golpe visible, pero el problema había comenzado mucho antes.
Daniel Pascali lo explica con crudeza y conocimiento de campo. Empresario, productor y fundador de Reino Cereza, asegura que en su caso no se trató de perder un porcentaje: directamente no hubo producción. “El granizo terminó de crucificar lo que ya venía muerto. El velorio estaba armado desde mayo y junio”, resume.
De la ceniza volcánica a la cereza patagónica
Pascali no proviene de una familia chacarera tradicional. Nacido en Ingeniero Jacobacci, dedicado históricamente al comercio y al transporte, llegó a la producción frutícola casi por necesidad. “Cuando explotó el volcán, hace doce años, tuve que irme con mi familia. Llegué a Choele Choel y empecé desde cero”, recuerda.
Así nació Reino Cereza, primero como un desafío y luego como un proyecto familiar. “Arrancamos con dos hectáreas y media. Nos gustó, aprendimos, seguimos aprendiendo. Hoy tenemos alrededor de 125 hectáreas proyectadas”, cuenta. El emprendimiento creció con una lógica distinta a la del gran productor integrado: gestión logística, mirada comercial y una fuerte presencia familiar. Su esposa, vinculada a la biología; su hijo, hoy estudiante, involucrado en el proyecto; y una estructura pensada para abastecer tanto mercado interno como, progresivamente, exportación.
El problema no fue el granizo, fue el invierno
Para Pascali, el eje de la crisis no está únicamente en la tormenta que castigó al Valle Medio. “El primer problema fue en mayo y junio: no se cumplieron las 800 horas de frío que la cereza necesita. Después vino un julio con 20 grados, sesenta días antes de la primavera. La planta se desordenó”, explica.
La consecuencia fue una floración anticipada, sin condiciones para la polinización. “Las abejas no trabajaron. Y cuando se rompe esa cadena, el daño ya está hecho”, agrega. El granizo, llegado más tarde, solo confirmó el desenlace.
El diagnóstico se repite entre productores vecinos. Pascali recorre chacras, conversa, compara cuadros. “No era un problema mío, era del Valle Medio”, afirma.
Cien trabajadores sin Navidad
El impacto más duro, insiste, no es empresarial sino social. La falta de fruta obligó a licenciar a cerca de cien trabajadores temporarios que cada año llegaban para la cosecha. “No son empleados permanentes. Son trabajadores golondrina de la zona que van rotando entre chacras. Esa plata hoy no está”, explica.
Y marca una diferencia clave: “El productor está acostumbrado a bancársela. Tiene espalda, hace otras cosas. El que queda en cero es el operario. Ese tipo es el que hay que ayudar”.
La imagen es contundente: cien familias sin ingreso en Navidad y Año Nuevo. “No tienen para poner algo en la mesa. Esta Navidad en el Valle Medio es triste”, resume Pascali.
Exportar no es solo para multinacionales
La paradoja de la campaña es que Pascali venía de concretar un viaje estratégico a China. Treinta días de reuniones, pre-negociaciones y oportunidades abiertas. “Volví con un abanico enorme de opciones. Y cuando llegué, yo era el primero que no tenía cereza para mandar”, relata.
Defensor de la exportación asociativa, sostiene que el negocio no es exclusivo de grandes empresas. “Si uno tiene 250 kilos, el vecino otros 250 y se llena un contenedor, se puede exportar. Los números cambian completamente”, afirma.
En paralelo, Reino Cereza había logrado algo poco común: un nicho sólido en el mercado interno. Proveedores regulares de Walmart, Carrefour, La Anónima y otras cadenas nacionales, habían construido una estrategia que combina volumen, calidad y logística. “Ese nicho no lo tiene cualquiera. Este año pedimos disculpas, pero el camino está”, señala.
“No se arregla con plata”
Consultado sobre medidas de emergencia, Pascali es categórico. “Esto no se arregla con subsidios. Dar 200 o 500 mil pesos por hectárea no sirve”, sostiene, con la experiencia de haber atravesado la crisis de la ceniza volcánica.
Su propuesta apunta al alivio fiscal inmediato: quita de Ingresos Brutos, condonación de deudas impositivas, exención de patente automotor. “No hablamos de camionetas de lujo. Son vehículos de trabajo, para llevar fruta”, aclara.
Y advierte: “Si tenemos que cargar con Ingresos Brutos, IVA, Ganancias y todo el esquema impositivo en un año sin producción, ahí sí la respuesta sería reconvertir o irse”.
Apostar, incluso en el peor año
A los 53 años, Pascali no habla desde la queja. “Trabajo desde los 20. Nunca me sobró nada, pero siempre me fue bien. No le echo la culpa a ningún gobierno. Me levanto a las seis y media y hago lo que hay que hacer”, dice.
Lejos de pensar en abandonar, redobla la apuesta. “Tengo cien hectáreas en blanco. Veremos si son cerezas, alfalfa primero, pero sigo apostando a la Argentina”, afirma.
La campaña fue un golpe duro, pero no un final. Sí, en cambio, una advertencia. “Un año malo lo bancás. Lo que pasó este año yo no lo vi nunca”, concluye.
Y deja una frase que sintetiza el espíritu del Valle Medio en este diciembre sin cerezas: “El productor se las arregla. El problema es cuando la variable de ajuste termina siendo la gente”.










