José Baleani, productor del Alto Valle: “Hace años que no veía una calidad de durazno como la de esta temporada.

Con carga abundante, buena calidad y expectativa por un mercado con bajo stock, los productores de durazno del Valle rionegrino se preparan para una cosecha que podría marcar un alivio en un año atravesado por altos costos, falta de competitividad y daños climáticos. En diálogo con este medio, José Baleani , productor de la localidad de General E Godoy detalla el panorama, las presiones económicas, el impacto de la mano de obra y los desafíos de un sector clave en la economía regional.
Un año que sorprende: “Hace mucho que no veía esta calidad
Mientras las primeras cuadrillas ya afinan las tareas de raleo y los productores comienzan a mirar el mercado con cautela, la cosecha de durazno en el Valle de Río Negro llega con una particularidad que entusiasma: “una fruta de calidad destacada y con muy buen calibre”.
José Baleani, no duda en remarcarlo:
“La producción de durazno viene muy buena este año. No solo el durazno: también el pelón y la ciruela. Hace varios años que no veía la calidad que hay ahora, y encima con buen tamaño”, asegura.
Si bien la temporada avanza con expectativas positivas, la cautela es parte del oficio. “Siempre mirando al cielo, esperando que no pase ninguna tormenta. En mi caso, en unos días ya empiezo a sacar la primera fruta”, agrega.
Carga alta y raleo intenso
A diferencia de otras zonas del Valle que sufrieron heladas tardías o daños de granizo, este productor vive otra realidad:
“Venimos con mucha cantidad de fruta, no solo de carozo sino también de pepita. Estoy a full raleando, tengo mucho personal trabajando. A pesar del químico, siempre hay que retocar”, explica.
El raleo, una práctica central para asegurar calidad y calibre, este año demanda más horas y más personal por la fuerte carga.
Mano de obra: disponibilidad sí, números no
Uno de los puntos críticos en toda la cadena frutícola es el acceso a mano de obra. Pero José marca una diferencia:
“Yo no tengo problemas de personal. Trabajo todo el año con empleados permanentes. Los muchachos tractoristas ralean, podan, hacen todo. Al estar cerca del pueblo, tampoco me falta gente temporaria”.
El problema, dice, está en los costos.
“Los números no nos dan y eso repercute en ellos también. La venimos perdiendo todos juntos”, admite.
Costos que asfixian: energía, gasoil y mano de obra dolarizada
La estructura de costos de la fruticultura profundiza las tensiones. José lo detalla con crudeza:
“El combustible se disparó, dependemos de todo el gasoil. En el empaque la energía está por las nubes. Y la mano de obra hoy es muy cara en dólares. Nunca tuvimos un dólar tan poco competitivo”.
A eso se suma una sensación compartida por muchos productores:
“Estamos mal acostumbrados. Antes la inflación nos ayudaba por un lado, aunque nos hundía por otro. Trabajar con estabilidad sería lo mejor, pero hoy no somos competitivos”.
Variedades y mercado: todo depende del momento
Respecto a las variedades que mejor se comportan en el mercado, José explica que no hay una receta fija:
“Depende del mercado. Si entra mucha fruta, bajan los precios. Si hay poco, suben. El pelón y el durazno son de muy buena calidad. Todo se define en el momento en que la fruta llega al mercado”.
El mercado interno, sin embargo, no está traccionando:
“Está retraído. La gente está escasa de dinero. Hay que apuntar más a la exportación. En mi caso no exporto carozo, pero sí pepita. Y ahí sí hay posibilidades”.
La falta de stock, un posible aliado
Uno de los elementos que genera expectativas positivas para la cosecha es la baja disponibilidad de fruta en frío:
“El año pasado quedó mucha pera sobrante y eso embarró todo. Este año vamos a empezar con nada o muy poca fruta, y eso ojalá permita arrancar con buenos precios”, señala.
Clima, daños y desigualdades productivas
Las tormentas que afectaron a zonas de Cipolletti, Roca y parte de Chichinales también preocupan al sector:
“Fue una manga larga. Lo que le tocó a esa gente es tristísimo: un año de trabajo perdido en minutos”, lamenta.
Financiamiento oficial: útil, pero insuficiente
Sobre el programa provincial de financiamiento para raleo y labores culturales, José es contundente:
“Se agradece la ayuda, pero no alcanza. La producción debería solventarse sola. En países desarrollados hay subsidios, pero acá no. La ayuda sirve, pero no soluciona”.
Robos y daños por aves: un problema creciente
El productor también advierte sobre un tema cada vez más frecuente: el robo de fruta.
“Está a la orden del día. Las chacras son grandes, no se puede vigilar todo”.
Pero sorprende su confesión:
“Los pájaros hacen más daño que un robo. calandrias, cotorras… te picotean toda la fruta. Eso sí que no lo podemos controlar”.
Costos y rentabilidad: un margen que se achica
Aunque aún no hay precios definidos, José estima que los costos podrían llevarse entre el 65% y el 70% del ingreso:
“Pulverización, empaque, flete… todo suma. No sé si nos va a quedar un 30% de ganancia”, reconoce.
Pepita: menos merma de la esperada
Un dato alentador:
“Se hablaba de una merma grande en pepita por el tema de la abeja, pero yo no lo veo. Estoy mejor que el año pasado y hablando con los vecinos estamos parecidos”*, explica.
Un cierre que resume la filosofía del chacarero
Antes de despedirse, José deja una reflexión que sintetiza su visión:
“Tenemos que seguir trabajando. Seguir en esta línea. Hacer lo que sabemos hacer. Y que salga lo mejor posible”.







