El granizo devastó las chacras del Valle y el Gobierno asumió el compromiso de acompañar a los productores

Tras el temporal que castigó a las chacras de los valles rionegrinos, el Gobierno provincial confirmó que acompañará a los productores afectados. Sin embargo, el desafío real vuelve a ser el mismo: cómo sostener la producción frente a una naturaleza cada vez más imprevisible y economías familiares que operan al límite.
El último temporal de granizo dejó una marca profunda en el Alto Valle. En cuestión de minutos, la piedra arrasó con el trabajo de todo un año: perales, manzanos y frutales menores quedaron severamente dañados en chacras de Cipolletti, Allen y General Roca. Detrás de cada hectárea afectada, hay familias que se preparaban para la cosecha y que hoy observan los árboles pelados, los suelos cubiertos de fruta caída y la incertidumbre en el horizonte.
“El granizo hizo un desastre en las chacras de nuestros valles, afectando a familias productoras de peras, manzanas y otros frutales”, reconoció el gobernador Alberto Weretilneck, quien aseguró que la Provincia acompañará a los damnificados “en la evaluación de los daños y en las medidas necesarias para seguir adelante”.
Relevamientos en marcha
Equipos técnicos del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo comenzaron a recorrer las zonas más golpeadas. Las tareas de relevamiento buscan determinar el nivel de afectación y activar las declaraciones juradas de daños, primer paso para acceder a posibles beneficios o herramientas de asistencia.
Según adelantaron fuentes oficiales, la prioridad está puesta en los pequeños y medianos productores, quienes muchas veces carecen de respaldo financiero o cobertura de seguros frente a contingencias climáticas.
Una realidad que se repite
La caída de granizo no es un hecho aislado: el Alto Valle ha enfrentado en los últimos años una seguidilla de eventos extremos —heladas tardías, calor intenso, sequías— que ponen en jaque la sustentabilidad de la fruticultura regional.
“Cada golpe climático no solo implica pérdidas productivas, sino un impacto emocional enorme”, suelen remarcar desde las entidades del sector. En muchos casos, las familias afectadas viven en las mismas chacras que trabajan, y la pérdida de la producción equivale a la pérdida de ingresos por toda una temporada.
El desafío de reconstruir
Mientras los técnicos toman registros, la pregunta de fondo sigue siendo cómo fortalecer un sistema productivo que convive con riesgos cada vez más frecuentes. Los productores reclaman políticas estables, acceso al crédito, incentivos a la tecnificación y un esquema de seguros agrícolas que no llegue cuando ya es tarde.
Weretilneck reiteró su compromiso: “Toda nuestra solidaridad. Estamos con ustedes”.
Un valle que no se rinde
A pesar del golpe, el espíritu productivo del Alto Valle se mantiene. En cada chacra, las familias se reorganizan, buscan rescatar lo que se pueda y volver a empezar. La resiliencia, una vez más, vuelve a ser la herramienta más valiosa frente a la adversidad.









