Una investigación que sorprende: estudiantes de la Agraria de Villa Regina revelan cómo la ciudad avanza sobre sus chacras

Guiados por la profesora Ing. Laura Mihaljevic, alumnos de la Escuela Agraria de Villa Regina realizaron un trabajo que desnuda uno de los dilemas más urgentes del Alto Valle: la urbanización sobre suelos frutícolas. El estudio combina datos, historia y análisis territorial para mostrar cómo la expansión desordenada está reduciendo la base productiva que sostiene la economía regional.
Una mirada joven sobre un problema histórico
En las aulas de la Escuela Agraria de Villa Regina ocurrió algo que merece ser escuchado más allá del ámbito educativo. Un grupo de estudiantes —Nahiara Bonelli, Valentina Dalsasso, Sara Moya y Lautaro Salina Greco— trabajó durante semanas en un tema que atraviesa a toda la región: el avance poblacional sobre las chacras productivas.
La guía de la profesora Ingeniera Laura Mihaljevic fue clave para que los jóvenes se animaran a pensar el territorio con una mirada técnica, crítica y profunda. Lo que lograron es un informe que no solo describe un fenómeno urbanístico: interpela la identidad productiva del Alto Valle.
Del diseño original al crecimiento sin rumbo
Los estudiantes recuerdan que Regina nació planificada, en 1924, con el diseño de la Compañía Ítalo–Argentina de Colonización y el ingeniero Felipe Bonoli. Esa ciudad ordenada, que convivía con una fruticultura pujante, quedó en el pasado.
Décadas de crecimiento barrial improvisado, falta de proyección y servicios saturados abrieron la puerta a una expansión urbana que avanzó directamente sobre suelos agrícolas. En las imágenes satelitales comparativas, el contraste es evidente: lo que antes eran chacras, hoy son barrios.
La barda y el río: límites que condicionan
El informe identifica un doble encierro natural. La barda, con su suelo arenoso y escasa disponibilidad de agua, encarece la urbanización. El río, sin un puente que conecte la Isla 58 con la barda sur, limita la expansión hacia ese sector.
Conclusión de los jóvenes: como urbanizar la barda cuesta más, la ciudad se expandió hacia donde era más fácil y más rentable… las chacras.
Factores sociales que aceleran la pérdida
Uno de los hallazgos más sensibles del trabajo es el desinterés de las nuevas generaciones por continuar en la fruticultura. Cuando los productores envejecen y no hay recambio familiar, las chacras se abandonan o se lotean.
Sumado a eso, el negocio inmobiliario se vuelve irresistible: lotear es rápido, barato y rentable.
Una afirmación contundente: “Cuando una chacra se lotea, se pierde para siempre”
Los estudiantes remarcan que la urbanización es irreversible. Y con esa pérdida también se van:
• hectáreas productivas
• fruta exportable
• empleos rurales
• competitividad
• la identidad frutícola del Alto Valle
La fruticultura necesita continuidad territorial. Cuando se fragmenta, el sistema completo se debilita.
Las propuestas: ordenar antes de que sea tarde
El equipo, guiado por Mihaljevic, plantea tres soluciones clave:
• Establecer límites firmes a la expansión urbana para proteger las áreas productivas.
• Distinguir claramente zonas rurales y urbanas en un plan territorial serio.
• Promover la urbanización sobre la barda, donde el suelo no es apto para frutales.
Aseguran que sin medidas urgentes, la región podría perder uno de sus recursos más valiosos: sus suelos fértiles, formados por miles de años de dinámica natural.
Una generación que mira el valle con responsabilidad
El valor del trabajo no está solo en la información, sino en la sensibilidad territorial que expresa. Los estudiantes entienden lo que muchas veces se pierde de vista: que el paisaje productivo del Alto Valle no es eterno, y que cada hectárea que se urbaniza es un golpe directo a la economía y al arraigo cultural de la región.
El rol de la profesora Mihaljevic fue decisivo para impulsar este análisis, que combina ciencia, observación y pertenencia. Una muestra de la potencia que tienen los jóvenes cuando se los guía hacia preguntas profundas.
Lo que comenzó como un trabajo escolar se transformó en un llamado de atención para toda la región. La investigación de estos estudiantes deja una pregunta abierta y urgente: ¿qué Alto Valle queremos dentro de 30 años?
Ellos ya dieron una respuesta: uno que no pierda la tierra que le dio identidad, trabajo y futuro. Ojalá sus voces —jóvenes, claras y comprometidas— lleguen a quienes deben decidir el destino de estas chacras que hoy están en riesgo.








