Poda, conocimiento y eficiencia: el saber técnico que define la calidad de la fruta en el Alto Valle

INTA Villa Regina abre la inscripción a un curso clave que combina técnica, seguridad y rentabilidad en un momento crítico para la fruticultura

En una fruticultura que atraviesa tensiones estructurales profundas marcadas por la caída de rentabilidad, la pérdida de superficie y la creciente exigencia de eficiencia hay prácticas que, lejos de ser accesorias, se convierten en decisivas. La poda es una de ellas.

Desde la Agencia de Extensión Rural del INTA en Villa Regina, el ingeniero agrónomo Sergio Ziaurriz vuelve a poner en el centro de la escena una herramienta que, bien aplicada, puede redefinir el resultado económico de una explotación.

“El gasto de poda es importante, pero sigue siendo una de las herramientas fundamentales para lograr calidad de fruta y eficiencia en el sistema”, sostiene con claridad técnica, pero también con conocimiento de campo.

Una práctica que impacta directamente en la rentabilidad

Lejos de una mirada meramente operativa, la poda aparece como una intervención estratégica sobre la fisiología del árbol y la lógica productiva del monte frutal.

En términos concretos, una poda correctamente ejecutada permite:

Mejorar el tamaño de la fruta

Reducir la proporción de calibres no comerciales

Facilitar tareas posteriores como raleo y cosecha

Optimizar la sanidad del cultivo

“Cuando se logra una poda adecuada, se obtienen menos unidades pero de mayor tamaño, lo que se traduce en mejores kilos cosechables y menor costo en procesos posteriores”, explica Ziaurriz.

El impacto no es menor. En experiencias concretas, la aplicación de criterios técnicos permitió incluso eliminar la necesidad de conservar fruta chica, históricamente destinada a industria o mercados de baja rentabilidad.

“Al no guardar fruta chica, se reducen costos de frío y se mejora directamente la ecuación económica del productor”, detalla.

La poda como intervención fisiológica

Hablar de “poda bien hecha” implica comprender el comportamiento del árbol. No se trata de cortar, sino de conducir.

En perales, por ejemplo, una poda más corta permite concentrar energía en menos unidades, favoreciendo el calibre. En manzanos, incide directamente en el raleo y la distribución de la carga. En frutales de carozo, el eje está puesto en renovar madera.

“En carozo es clave diferenciar el material nuevo del viejo. El material envejecido produce fruta más chica. La calidad está en el vigor”, explica el técnico.

Además, la poda cumple un rol sanitario central: al mejorar la entrada de luz y aire, reduce condiciones propicias para enfermedades y mejora la eficacia de los tratamientos fitosanitarios.

Diferencias que definen resultados

Uno de los aspectos más relevantes del curso es la diferenciación específica por cultivo y variedad.

Ziaurriz pone ejemplos concretos:

En pera Williams, de mayor vigor, es clave el manejo de chupones para permitir la entrada de luz.

En Packham’s, con tendencia más dardífera, la lógica es distinta y más equilibrada.

En D’Anjou, la intervención se orienta a regular la carga y evitar caída de calibre.

Incluso introduce el concepto de poda en verde como herramienta complementaria en determinadas variedades, evidenciando un enfoque técnico actualizado y adaptado a cada sistema.

Seguridad: una deuda que empieza a abordarse

El curso no se limita a la técnica. Incorpora un eje históricamente relegado: la seguridad laboral.

El trabajo en altura, el uso de herramientas cortantes y las condiciones del terreno configuran un escenario de riesgo que muchas veces no es abordado con la seriedad necesaria.

“Hay que trabajar siempre acompañado, usar correctamente las escaleras, protegerse con gafas y guantes, y manejar adecuadamente las herramientas. Son prácticas básicas que reducen accidentes”, advierte.

La profesionalización del operario, en este sentido, no es solo productiva: es también una cuestión de integridad física.

Capacitación abierta, gratuita y con fuerte demanda

El curso organizado en conjunto con la Cámara de Productores de Villa Regina evidencia año a año una creciente demanda.

“En los últimos años se han inscripto entre 40 y 50 personas, por eso necesitamos organizarnos en grupos reducidos para garantizar una buena formación práctica”, explica.

La propuesta combina:

Un módulo teórico inicial

Seis jornadas prácticas intensivas por grupo

Trabajo directo sobre perales, manzanos y frutales de carozo

Además, el INTA provee herramientas, mientras que se recomienda a los participantes contar con elementos personales de protección.

Una invitación abierta en clave territorial

En un dato que refleja cambios culturales dentro del sector, Ziaurriz destaca la creciente participación femenina.

“Hoy hay una participación mucho más equilibrada entre varones y mujeres, y eso enriquece muchísimo el intercambio”, señala.

La capacitación está abierta tanto a personas sin experiencia como a trabajadores que buscan perfeccionarse.

“El intercambio de saberes es mutuo. Nosotros enseñamos, pero también aprendemos mucho en el proceso”, concluye.

En un escenario donde cada decisión técnica impacta en la supervivencia productiva, la poda deja de ser una tarea rutinaria para convertirse en una herramienta de precisión.

Capacitarse ya no es una opción complementaria: es una condición necesaria para sostener la fruticultura del Alto Valle.
El curso se inicia el 30 de abril.
La participación tiene carácter gratuito.
Inscripción INTA de Villa Regina (RN)

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