Planificar el invierno no es opcional: la reserva forrajera como decisión estructural del sistema ganadero

La ingeniera Laura Villar, del INTA, advierte que la planificación de reservas invernales no es una cuestión operativa sino estratégica. Impacta directamente en la preñez, la productividad y la estabilidad económica del establecimiento.
Audio de la ingeniera Laura Villar, del INTA Alto Valle
En sistemas ganaderos del Alto Valle, donde el riego abre oportunidades, pero el invierno impone límites, la planificación forrajera deja de ser una práctica accesoria para convertirse en una condición estructural del modelo productivo. Así lo planteó la ingeniera Laura Villar, del INTA Alto Valle, durante una entrevista con este medio en la que anticipó la capacitación sobre planificación de reservas invernales para rumiantes que se realizará este viernes 27 de febrero, de 14 a 16 horas, en la agencia de Villa Regina del organismo.
“El índice más importante en producción de carne es la preñez. Y la gestación transcurre en el invierno, que es el momento de mayor limitante forrajera”, explicó Villar, subrayando el núcleo del problema: sin planificación alimentaria no hay estabilidad reproductiva.
Más que rollos: entender al rumiante
La propuesta formativa tendrá una primera instancia teórica orientada a comprender el funcionamiento del rumen, los requerimientos según categoría y estado fisiológico, y luego un bloque práctico con ejercicios de cálculo para estimar necesidades reales de forraje.
“Lo primero que hay que tener en cuenta es la categoría. No es lo mismo una vaca adulta que un animal en recría o una hembra en último tercio de gestación. Cambian los requerimientos de proteína y energía, y eso define la calidad de la reserva”, precisó.
En el Alto Valle, la base proteica suele ser la alfalfa. A ella se suman maíz, pasturas bajo riego y eventualmente balanceados comerciales. Pero el punto crítico no es solo qué se ofrece, sino cuándo y con qué previsión.
Auto suficiencia versus dependencia
Consultada sobre la diferencia estratégica entre producir el propio alimento o depender del mercado, Villar fue clara: “Cuando uno tiene su alimento, es lo mejor. La autosuficiencia es lo ideal. El problema es cuando se sale a comprar en el pico de demanda: los precios suben y el margen se reduce”.
La lógica económica es contundente. El heno, el rollo o el grano pueden almacenarse durante largos períodos si están protegidos de humedad y radiación. Anticiparse no solo reduce costos, sino que elimina el riesgo de desabastecimiento en el momento crítico.
En un contexto de márgenes ajustados, no planificar suele ser más caro que invertir anticipadamente.
Condición corporal: el indicador clave
Uno de los aportes prácticos más relevantes que destacó la técnica es el monitoreo sistemático de la condición corporal. En ovinos y caprinos se evalúa por palpación de la región lumbar; en bovinos puede hacerse de manera visual observando prominencias óseas y cobertura muscular.
“Es una herramienta muy sencilla y resuelve muchísimo. Permite decidir qué animal necesita suplementación y cuál puede sostenerse con la dieta base. Siempre se priorizan las hembras preñadas y los animales en crecimiento”, explicó.
Este manejo diferencial evita pérdidas reproductivas, mejora la producción de calostro y leche, y fortalece el vínculo madre-cría.
Riego y rotación: una oportunidad aún incipiente
El Alto Valle posee una ventaja estructural: disponibilidad de agua bajo riego. Sin embargo, Villar reconoce que todavía predomina el monocultivo forrajero, especialmente maíz y alfalfa.
“La rotación con gramíneas, leguminosas y verdeos de invierno y verano permite descansar el recurso y mejorar la eficiencia del sistema. Además, se están incorporando especies adaptadas a suelos salinos y salino-sódicos, que son una limitante en la región”, indicó.
La integración agricultura-ganadería bajo riego abre un abanico de posibilidades aún poco explorado en escala productiva.
Una decisión estructural
Hacia el cierre, Villar dejó una definición que resume el enfoque: “Si uno produce carne, la planificación de reservas debería ser un deber dentro del esquema productivo”.
Porque el invierno no es una contingencia; es una fase previsible del ciclo. Y en ese período se define buena parte del resultado reproductivo anual.
La capacitación del viernes en INTA Villa Regina será gratuita y abierta. Además, el cronograma incluye nuevas jornadas técnicas: el 5 de marzo en Cervantes sobre maíz forrajero y el 11 de marzo en la Facultad de Ciencias Agrarias sobre verdeos de verano.
El mensaje es claro: planificar no es almacenar pasto. Es diseñar el invierno con criterio productivo, reproductivo y económico.









