Maíz bajo riego en la Norpatagonia: del ocaso frutícola a una nueva lógica productiva en los valles irrigados

El 1° Encuentro de Maíz Bajo Riego, que se realizará el 5 de marzo en Cervantes, sintetiza un proceso silencioso pero profundo: la reconversión de chacras frutícolas hacia sistemas forrajeros y ganaderos. La ingeniera Verónica Favere, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, analiza el trasfondo productivo, las ventajas agroecológicas regionales y la ecuación económica que hoy posiciona al maíz como alternativa estratégica bajo riego.
Audio de la entrevista a la ingeniera Verónica Favere, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
Una transformación que se consolidó en el paisaje
La jornada técnica que se desarrollará en la Cámara Frutícola de Cervantes no es un hecho aislado. Es la expresión institucional de una transformación territorial que lleva al menos dos décadas gestándose en los valles irrigados del norte patagónico.
“Cuando llegué al Valle Medio, hace 25 años, la foto era mayoritariamente frutales y alfalfa. Maíz se veía poco y animales prácticamente no había”, recordó Favere. Hoy esa imagen cambió. La fruticultura perdió superficie, muchos montes fueron erradicados y una parte significativa de esas tierras encontró en los forrajes y la ganadería una alternativa productiva.
El fenómeno no responde a una única causa. La crisis estructural de la fruticultura —atravesada por problemas de integración en la cadena, descapitalización, rentabilidad insuficiente y complejidades comerciales— generó un proceso de abandono o reconversión. En algunos casos, la tierra quedó improductiva. En otros, comenzó un tránsito gradual hacia alfalfa, luego maíz y finalmente sistemas ganaderos integrados.
“Son productores que eran frutícolas netos y hoy son ganaderos. Y eso se dio por una multiplicidad de factores”, sintetizó la técnica del INTA.
Valle Medio como anticipo, Alto Valle como transición
Favere observa una dinámica diferenciada entre regiones. En el Valle Medio, donde la fruticultura perdió peso antes que en el Alto Valle, la reconversión forrajera y ganadera está más consolidada. En cambio, en el Alto Valle el proceso aparece todavía en transición, aunque el crecimiento del maíz ya es visible.
“Hace unos años era raro ver maíz desde la ruta. Hoy ya es una imagen frecuente”, afirmó.
La jornada del 5 de marzo busca precisamente acompañar ese proceso, aportando conocimiento técnico en genética, manejo de riego, control de malezas, agricultura de precisión y diagnóstico de suelos.
Potencial agroecológico: más rendimiento que la zona núcleo
Desde el punto de vista ecofisiológico, la Norpatagonia presenta atributos que, correctamente gestionados, elevan el potencial productivo del maíz.
“A la latitud en la que estamos, los modelos matemáticos muestran que el maíz tiene mayor rendimiento potencial que en la zona núcleo”, explicó Favere.
Las razones son conocidas en la literatura agronómica: alta radiación, elevada heliofanía, amplitud térmica favorable y, sobre todo, la posibilidad de manejar el agua. En un escenario global marcado por eventos climáticos extremos —sequías prolongadas o precipitaciones excesivas— el control del recurso hídrico constituye una ventaja comparativa estructural.
“Lo que más atrae a quienes miran nuestra región es tener el agua cuando quieran y como quieran”, remarcó.
En un contexto de cambio climático, donde la variabilidad se intensifica, los sistemas bajo riego adquieren un valor estratégico difícil de subestimar.
La ecuación económica: rendimientos y margen
Desde el punto de vista financiero, la ingeniera fue precisa. El maíz bajo riego en la región ronda las 6 toneladas por hectárea. Los rendimientos promedio actuales se ubican entre 10 y 11 toneladas.
“Queda un diferencial de 4 a 5 toneladas por hectárea”, detalló.
Ese margen no compite con la renta histórica de la fruticultura intensiva en sus mejores momentos, pero ofrece previsibilidad, menor exposición comercial y una lógica de escala distinta. El sistema forrajero-ganadero requiere mayor superficie para sostener ingresos, pero presenta menor complejidad operativa y menor riesgo comercial individual.
Además, existen instrumentos provinciales de financiamiento —como líneas canalizadas a través de Río Negro Fiduciaria que permiten acceder a créditos de bajo monto y a sola firma para siembras de hasta 15 hectáreas, facilitando la reconversión gradual.
Una jornada que refleja articulación institucional
El encuentro es resultado del trabajo conjunto entre el INTA, grupos CREA, Aapresid, el Ministerio de Desarrollo Económico de Río Negro y el Centro PyME de Neuquén. La actividad incluirá exposiciones técnicas durante la mañana y, por la tarde, estaciones dinámicas en la Chacra Esperanza, establecimiento de la familia Pili.
Se presentarán ensayos con distintos híbridos adaptados a la región, demostraciones de agricultura de precisión con densidad variable, aplicaciones con drones y una calicata conducida por el ingeniero Carlos de Guele, especialista en suelos, para analizar la implicancia edáfica en el manejo agronómico.
La inscripción es gratuita, aunque obligatoria por cuestiones organizativas.
Una nueva racionalidad productiva
El maíz bajo riego no representa simplemente un cultivo más. Es parte de una redefinición del uso del suelo en los valles irrigados. No reemplaza en términos económicos directos a la fruticultura intensiva, pero sí permite sostener actividad, generar flujo y reconstruir capital productivo en sistemas que quedaron debilitados.
La pregunta ya no es si el maíz se adapta. La evidencia indica que sí. El interrogante de fondo es si la región logrará consolidar conocimiento, escala y eficiencia suficientes para transformar esta alternativa en una estrategia sostenible de largo plazo.
El 5 de marzo en Cervantes no será solo una jornada técnica. Será, en términos productivos, una fotografía de hacia dónde están migrando los valles de la Norpatagonia.








