El productor que mira los números y no encuentra respuestas: preocupación en la fruticultura por la caída del consumo y el aumento de costos

Mientras el Alto Valle transita una nueva temporada productiva, la preocupación vuelve a instalarse entre los chacareros. Esta vez no por una helada, una tormenta de granizo o una plaga, sino por una variable que golpea directamente en la rentabilidad: la falta de consumo.
Desde Villa Regina, el productor frutícola Omar Greco describe un escenario que, según sostiene, se repite en numerosas chacras de la región. «La venta está muy baja, muy floja. No hay movimiento. La fruta tiene precio, pero no tiene salida», resume.
La preocupación de Greco no pasa tanto por el valor de la fruta sino por la escasa demanda en el mercado interno. Según su análisis, el deterioro del poder adquisitivo de las familias está modificando los hábitos de consumo.
«Hoy la gente prioriza comprar alimentos básicos. Antes compraba fruta, ahora muchas veces elige otras cosas porque el dinero no alcanza», señala.
Costos que siguen creciendo
A la caída en las ventas se suma otro problema: el incremento de los costos productivos.
Combustible, repuestos, agroquímicos, energía eléctrica y mano de obra forman parte de una estructura de gastos que, según el productor, continúa creciendo mes a mes.
«Vos vas a comprar un repuesto para un tractor o para cualquier herramienta de trabajo y encontrás diferencias importantes respecto de hace apenas unos meses», explica.
Uno de los rubros más sensibles es precisamente el combustible, fundamental para las tareas culturales de invierno, como la poda, el movimiento de ramas y los tratamientos sanitarios.
Rentabilidad en duda
Aunque los balances definitivos llegarán recién al cierre del ejercicio, Greco anticipa que muchos productores observan con preocupación la evolución de los números.
«No sé cómo van a cerrar las cuentas a fin de año, pero si seguimos así, muchos vamos a terminar en rojo», advierte.
La ecuación económica, sostiene, se vuelve cada vez más compleja. A los costos de producción se suman el frío, el almacenamiento en cámaras frigoríficas, el transporte y la logística, mientras el mercado no logra absorber la fruta al ritmo esperado.
Competencia dentro de la propia góndola
El productor también observa cambios en las preferencias de los consumidores. Durante los meses de bajas temperaturas, los cítricos ganan terreno frente a las frutas de pepita.
«Hoy la naranja y la mandarina tienen mucha salida. Son frutas asociadas al invierno y además suelen tener precios más accesibles para el consumidor», explica.
En ese contexto, la manzana mantiene cierta ventaja estacional sobre la pera, aunque el escenario general sigue siendo desafiante.
Tecnología sí, pero con resultados comprobados
La incorporación de nuevas herramientas tecnológicas también forma parte del debate actual dentro de la fruticultura.
Greco considera interesante el desarrollo de aplicaciones con drones, especialmente para tratamientos sanitarios, aunque advierte que todavía existen interrogantes técnicos.
«Hay que comprobar que la pulverización llegue correctamente a toda la planta. Lo importante es que cualquier innovación sirva realmente para mejorar la sanidad y reducir costos», señala.
En esa línea, se mostró abierto a iniciativas vinculadas al control de plagas mediante feromonas aplicadas con drones, siempre que los estudios técnicos respalden su eficacia.
El desafío climático
La creciente inestabilidad climática es otro de los factores que condicionan la actividad.
Las mallas antigranizo representan una herramienta fundamental para proteger la producción, pero su costo continúa siendo una barrera para muchos establecimientos.
«Hoy colocar protección sobre una hectárea puede costar prácticamente lo mismo que vale la propia hectárea productiva», grafica.
Por eso considera que se necesitan mecanismos de financiamiento y acompañamiento estatal que permitan ampliar la cobertura frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes.
El futuro depende de los jóvenes
Entre las preocupaciones de largo plazo aparece el recambio generacional.
Greco observa que existen jóvenes interesados en continuar ligados a la producción, pero advierte que muchas chacras corren riesgo de desaparecer cuando no hay una nueva generación dispuesta a seguir trabajando la tierra.
«Hay chicos que están apostando con mucha fuerza. Pero también hay muchas chacras que terminarán vendiéndose porque no tienen continuidad familiar», sostiene.
Chacras abandonadas y menos producción
Otro problema que afecta a numerosos productores es la existencia de establecimientos abandonados, muchas veces atrapados en procesos sucesorios o conflictos legales.
Según explica, estas situaciones generan inconvenientes sanitarios para los vecinos que mantienen sus explotaciones activas.
A la vez, asegura que el paisaje productivo del Alto Valle cambió notablemente en las últimas dos décadas.
«Hace veinte años uno veía frutales por todos lados. Hoy hay muchas hectáreas vacías, otras con alfalfa, maíz o distintos cultivos. Creo que estamos produciendo menos de la mitad de la fruta que sacábamos años atrás», afirma.
Una actividad que resiste
Pese a las dificultades, Greco mantiene una mirada de perseverancia. Reconoce el esfuerzo de los jóvenes productores que continúan apostando por la fruticultura y considera que el sector todavía tiene potencial para recuperarse.
«Hay que seguir peleándola. No aflojar», concluye.
Detrás de esa frase simple se resume quizás el sentimiento de buena parte de los productores del Alto Valle: la convicción de seguir trabajando, aun cuando las cuentas no cierren y el futuro continúe lleno de interrogantes.








