Cuando el clima deja de sorprender y empieza a condicionar todo

Enzo Campetella advierte que el planeta ya opera en otro régimen climático, con más energía, menos margen de recuperación y efectos directos sobre el agua, los océanos y la producción
Durante décadas, los eventos climáticos extremos fueron leídos como anomalías. Un récord, una tormenta fuera de temporada, una sequía puntual. Hoy, ese marco quedó viejo. El problema ya no es lo excepcional, sino la frecuencia. Y cuando lo extremo deja de ser excepcional, el clima deja de sorprender y empieza a condicionar todo.
Esa es la idea central que atraviesa la entrevista con Enzo Campetella, meteorólogo senior y estratega en inteligencia climática, con más de 25 años de experiencia asesorando a empresas y organizaciones para transformar el clima en información estratégica.
Lejos del alarmismo, Campetella describe un cambio más profundo y preocupante: el desplazamiento del equilibrio climático global hacia un nuevo régimen, más energético, más inestable y con menor capacidad de recuperación.
Un planeta con más energía disponible
El punto de partida es claro. No se trata solo de eventos aislados, sino de un cambio en la normalidad estadística.
“En meteorología, la palabra normal no tiene que ver con lo habitual, sino con el promedio. Y ese promedio se está corriendo”, explica Campetella. “Hoy los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes. Lo vemos muy claro en las olas de calor y en las sequías cada vez más extensas”.
El dato es contundente: hace medio siglo, los eventos extremos se repartían de manera relativamente equilibrada entre frío y calor. Hoy, a escala global, ocho de cada diez fenómenos extremos están asociados al calor y solo dos al frío. Eso no es casualidad. Es un síntoma de un planeta con mucha más energía acumulada.
En el hemisferio norte, más continental, los impactos aparecen antes y con mayor violencia. En el hemisferio sur, con mayor influencia oceánica, el proceso es más lento, pero inevitable. “Tarda más en llegar, pero llega. Y en el Alto Valle ya lo estamos viendo”, señala.
Tormentas que antes eran moderadas hoy terminan, casi sin excepción, en algún grado de severidad. “Antes era una excepción. Ahora es casi una regla. No siempre caen sobre zonas productivas, pero cuando analizás las imágenes satelitales, ves que el nivel de intensidad es otro”.
¿Anomalías o cambio de base?
Una de las preguntas centrales es si todavía estamos hablando de anomalías climáticas o si ya entramos en un cambio de base del sistema.
Para Campetella, la respuesta es incómoda pero clara. “Todo indica que estamos, por lo menos, en camino a un cambio en el sistema climático”.
En la comunidad científica se habla cada vez más de los llamados tipping points, o puntos de no retorno. Umbrales físicos a partir de los cuales el sistema climático ya no puede volver al estado anterior, aun cuando en el futuro se tomen medidas drásticas.
“No es que no se pueda hacer nada, pero hay situaciones que, una vez que se cruzan, ya no se revierten. Especialmente si se modifican grandes engranajes del sistema, como la circulación atmosférica o las corrientes en chorro, que son las que dominan el tiempo en superficie”.
El problema de fondo es energético. Parte de la energía que recibe el planeta debería volver al espacio. Hoy no lo está haciendo. Ese excedente tiene que redistribuirse, y eso obliga al sistema climático a reorganizarse en otro equilibrio.
El agua: un recurso finito que creíamos infinito
Si el cambio climático se expresa con claridad en algún lugar, es en el agua. Lagos que se achican, ríos más erráticos, acuíferos que no se recargan.
Más del 60 por ciento de los grandes lagos del mundo perdió superficie desde 1992. Y según investigaciones recientes, los continentes están perdiendo agua dulce a un ritmo equivalente al consumo de 280 millones de personas.
“De toda el agua del planeta, solo el 3 por ciento es apta para consumo humano”, recuerda Campetella. “Durante mucho tiempo la pensamos como un recurso inextinguible. Hoy sabemos que no lo es”.
El régimen de lluvias es la clave. No cualquier lluvia sirve para recargar acuíferos. Investigaciones realizadas en distintos países demostraron que se necesitan al menos entre 15 y 20 milímetros sostenidos para que el agua logre infiltrarse en profundidad.
“La mayoría de las lluvias son de tres, cuatro o cinco milímetros. Eso no alcanza. Y cuando llueve demasiado en poco tiempo, como 200 milímetros en media hora, el suelo no puede absorberlo y esa agua se pierde”.
El equilibrio es extremadamente fino. Más temperatura implica más evaporación, más vapor de agua en la atmósfera, pero menos agua líquida disponible en el sistema. Incluso cuando llueve, se puede estar perdiendo agua.
Océanos al límite y efectos que viajan miles de kilómetros
Los océanos fueron, hasta ahora, uno de los grandes amortiguadores del sistema climático. Absorbieron gran parte del exceso de dióxido de carbono y ayudaron a moderar el calentamiento.
Ese rol también está llegando a su límite.
Más del 40 por ciento de la superficie oceánica ya está fuera de la zona considerada segura para la vida marina. La capacidad del océano para seguir absorbiendo CO₂ está en duda, al igual que la de grandes ecosistemas terrestres como el Amazonas, que en algunas regiones ya pasó de absorber carbono a emitirlo.
Campetella aporta un ejemplo clave para entender la interconexión del sistema. Investigaciones realizadas por equipos de Chile y Estados Unidos demostraron que una zona del Pacífico, al este de Nueva Zelanda, se calentó más de lo normal por una mayor absorción de CO₂. Ese calentamiento alteró las corrientes en chorro del hemisferio sur.
El resultado no se quedó en el océano. “Esa modificación se propaga como una onda hacia el este. ¿Quién está al este? Sudamérica. Patagonia y el centro de Chile”, explica. El vínculo con el aumento de sequías en esas regiones ya fue demostrado científicamente.
Clima y producción: del promedio histórico a la gestión del riesgo
Para regiones productivas como el Alto Valle, este nuevo régimen climático deja una señal clara: ya no alcanza con mirar promedios históricos. La gestión del riesgo, el manejo del agua, la infraestructura y las decisiones productivas empiezan a depender cada vez más de la lectura fina del clima y no solo de la experiencia acumulada.
Entender cómo está funcionando el sistema climático deja de ser un ejercicio académico y pasa a convertirse en una herramienta concreta para anticipar escenarios, reducir vulnerabilidades y sostener la producción en contextos cada vez más inestables.
Un sistema frágil y una decisión estratégica
El mensaje final no es catastrofista, pero sí exigente. Vivimos en un planeta que nos dio condiciones excepcionales para desarrollarnos, pero cuyo equilibrio es mucho más frágil de lo que creíamos.
El clima ya no se comporta como antes y esperar que vuelva a hacerlo puede ser el mayor error estratégico. Entender este nuevo escenario no evita los extremos, pero permite anticiparlos, adaptarse y tomar mejores decisiones. En un planeta que ya cambió, la información climática deja de ser un dato y se convierte en una ventaja.
Contacto: Cielos y Señales
Un boletín creado por Enzo Campetella, meteorólogo y fundador de Campetella Weather Solutions. Cada semana, una mirada clara y humana sobre lo que ocurre en el cielo: huracanes, tormentas, sequías y las señales que nos da el planeta.
https//enzocampetella.substack.com








