El cooperativismo gana peso en la economía rionegrina y busca consolidarse

Con casi 500 cooperativas activas, el sector gana peso económico, territorial y político. La gestión provincial busca ordenar, profesionalizar y medir impacto, pero el desafío sigue siendo la sostenibilidad y la autonomía real.

Durante años, el cooperativismo ocupó un lugar secundario en la estructura del Estado rionegrino, asociado más al plano social que al productivo. Sin embargo, el cierre de 2025 dejó un cambio de escenario. Con 475 cooperativas activas y 51 mutuales regularizadas, el sector comenzó a consolidarse como un actor con presencia concreta en los principales sectores económicos de la provincia.

Ese reposicionamiento no fue casual. Según explicó el subsecretario de Cooperativas y Mutuales de Río Negro, Martín Vesprini, la decisión política inicial fue clave: ubicar al área dentro del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo. “Esa primera definición permite integrar a las cooperativas donde corresponde, en el motor del desarrollo económico”, señaló.

Qué significa que una cooperativa esté activa

Uno de los puntos centrales del informe presentado por la provincia es la depuración del padrón. Río Negro cuenta con más de 720 cooperativas inscriptas, pero no todas están en condiciones operativas. Las consideradas activas son aquellas que tienen su documentación al día, autoridades vigentes y situación regular ante el INAES y el organismo provincial.

“No se trata solo de existir, sino de estar en condiciones de producir, generar empleo y acceder a financiamiento”, explicó Vesprini. Bajo ese criterio, el número de cooperativas activas permite dimensionar un entramado económico con fuerte distribución territorial, activos administrativos relevantes y participación directa en cadenas de valor históricas como la fruticultura, la ganadería, la pesca, la energía y el turismo.

Presencia sectorial y anclaje territorial

El cooperativismo rionegrino atraviesa prácticamente todos los rubros: servicios públicos, producción agropecuaria, vivienda, trabajo, tecnología y transformación industrial. En muchos casos, cumple funciones donde el mercado tradicional no llega o no encuentra rentabilidad inmediata.

Ejemplos concretos aparecen en la transformación de fruta en jugos en el Valle, en cooperativas ganaderas con incidencia directa en la faena, o en experiencias vinculadas a tecnología y servicios en la región andina. “Las cooperativas de trabajo, que son las más numerosas, están muy ligadas a la actividad productiva real”, remarcó el subsecretario.

En paralelo, las cooperativas de vivienda y de servicios siguen cumpliendo un rol clave en el acceso a derechos básicos, mientras que las mutuales, aunque menos visibles, sostienen esquemas de financiamiento, turismo y prestaciones que complementan la economía local.

El principal problema: la sostenibilidad interna

Más allá del crecimiento, la gestión reconoce que no todas las cooperativas logran sostenerse en el tiempo. El principal obstáculo no siempre es productivo, sino administrativo y organizacional.

“Muchas cooperativas nacen para resolver una necesidad concreta, pero sin el acompañamiento necesario en lo institucional”, explicó Vesprini. Mandatos vencidos, balances atrasados o falta de regularización terminan bloqueando cuentas bancarias y acceso a créditos, empujando a algunas experiencias al estancamiento.

Desde la Subsecretaría, el foco estuvo puesto en asistencia técnica permanente, modernización de canales de atención y acompañamiento documental. El mensaje es claro: las cooperativas son empresas sociales, pero empresas al fin, y deben gestionarse como tales.

Medir impacto y corregir desvíos

Durante 2025, el Estado provincial acompañó más de 100 proyectos con aportes no reintegrables, créditos y asistencia técnica. A diferencia de etapas anteriores, la evaluación del impacto pasó a ocupar un lugar central.

A través de sistemas internos y tableros de seguimiento, la Subsecretaría cruzó financiamiento, regularización y resultados concretos. El balance que presenta la gestión es significativo: más de 200 cooperativas regularizadas, 25 nuevas cooperativas creadas y dos nuevas mutuales.

Este enfoque se complementó con la creación de Mesas Territoriales en las distintas regiones, espacios donde cooperativas, municipios, universidades, entidades financieras y legisladores trabajan sobre problemas concretos, con una lógica de construcción desde el territorio y no desde oficinas centrales.

Autonomía, el desafío pendiente

El horizonte que plantea la gestión es claro: integrar definitivamente al cooperativismo en la matriz productiva provincial y reducir su dependencia estructural del Estado. Para eso, la articulación con áreas clave del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo resulta estratégica, especialmente en sectores emergentes como energía, turismo y nuevas economías.

“El objetivo es que las cooperativas sean protagonistas del desarrollo, no beneficiarias permanentes”, sostuvo Vesprini. La hoja de ruta para 2026, construida a partir del trabajo de campo de 2025, apunta a ese equilibrio delicado entre acompañamiento público y autonomía económica.

Un actor que ya no puede ser marginal

El cooperativismo rionegrino dejó de ser un fenómeno accesorio. Con presencia territorial, impacto productivo y capacidad de generar empleo, hoy forma parte del entramado económico real de la provincia. El desafío, hacia adelante, será sostener ese crecimiento con reglas claras, profesionalización interna y resultados medibles.

Ahí se jugará si el cooperativismo logra consolidarse como una herramienta estructural de desarrollo o si vuelve a quedar atrapado en el plano del discurso. En Río Negro, al menos, el proceso ya está en marcha.

Lic. Martín Vesprini, Subsecretario de cooperativas y mutuales de Río Negro.
Lic. Martín Vesprini, Subsecretario de cooperativas y mutuales de Río Negro.
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