Del agua a la carne: la mirada de Don Manuel que piensa el campo de Río Negro a cien años

En Valle Azul, Agropecuaria Don Manuel construye una experiencia productiva basada en la integración entre agricultura, forraje, ganadería, riego y energía renovable. Nicolás García, uno de sus titulares, fue uno de los protagonistas del primer Foro de las Juventudes Rionegrinas, donde compartió ante más de 500 jóvenes una idea que trasciende a una empresa: el valor de transformar los recursos disponibles en producción, pero también en futuro.
Hay paisajes que, de tanto verlos, dejan de sorprendernos.
Las chacras, los frutales, las hileras de álamos, los canales de riego y las superficies verdes del Alto Valle forman parte de una postal cotidiana para quienes viven en Río Negro. Pero detrás de ese paisaje existe una historia mucho más profunda: generaciones que transformaron un territorio, dominaron el agua, trabajaron los suelos y construyeron una matriz productiva que hoy parece natural.
Nicolás García propone detenerse justamente allí.
Uno de los titulares de Agropecuaria Don Manuel, establecimiento ubicado en Valle Azul, fue convocado para compartir su experiencia ante más de 500 jóvenes durante el primer Foro de las Juventudes Rionegrinas. Y lejos de presentar únicamente una fotografía de la empresa, eligió hablar de algo más difícil de explicar: la posibilidad de imaginar qué quedará de lo que hoy se está construyendo.
“¿Quién vendrá acá dentro de cien años? ¿Qué estarán haciendo en estos suelos, produciendo?”, se preguntó durante la jornada.
La pregunta no es menor. Porque en Don Manuel, el horizonte productivo no termina en la próxima campaña.
Transformar el agua en producción
La historia de la empresa en Valle Azul está atravesada por un recurso que García considera extraordinario: el agua.
La posibilidad de transformar superficies de secano en tierras bajo riego abrió la puerta a otra escala productiva. Primero aparece el suelo; después, la agricultura. Maíz, alfalfa y otros cultivos permiten
generar biomasa que finalmente se convierte en alimento para el ganado.
La lógica es integral.
Actualmente, Agropecuaria Don Manuel trabaja unas 700 hectáreas bajo riego. Aproximadamente el 45% corresponde a pasturas perennes, principalmente alfalfa combinada con gramíneas. También cultivan maíz con diferentes destinos y avanzaron en la incorporación de remolacha forrajera, mientras experimentan con especies capaces de mejorar suelos que presentan determinadas limitaciones químicas.
La agricultura, en este esquema, no funciona como una actividad aislada.
“Todo lo que es agricultura pasa a transformarse en carne”, explicó García.
La definición sintetiza una filosofía productiva: integrar los eslabones para construir una cadena forrajera capaz de sostener la ganadería durante todo el año.
“Vendemos energía solar en formato de carne”
Quizás una de las imágenes más interesantes que dejó la conversación sea también una de las más sencillas.
García define el proceso productivo de una manera casi poética: “Vendemos energía solar en formato de carne”.
La explicación, sin embargo, es profundamente agronómica.
Todo comienza con el sol. La radiación llega al suelo y las plantas la transforman en biomasa. El desafío consiste en aprovechar la mayor cantidad posible de esa energía mediante una cobertura vegetal eficiente. Esa biomasa se convierte posteriormente en alimento y, finalmente, en carne.
La alfalfa aparece así como mucho más que un cultivo.
Es una pieza dentro de una cadena que conecta radiación solar, suelo, agua, planta, animal y producto final.
“Lo más posible es tratar de aumentar esa cobertura”, señaló García, explicando que la búsqueda está puesta en lograr que la mayor cantidad de energía solar sea capturada por las hojas y transformada en biomasa.
En esa mirada aparece una concepción moderna de la producción: no pensar cada actividad por separado, sino entender el establecimiento como un sistema.
Agricultura para alimentar una ganadería integrada
El maíz ocupa un lugar importante dentro de esa estrategia.
Una parte se destina a silaje de planta entera, que luego integra las dietas utilizadas en recría, particularmente durante el invierno. Otro destino es el grano húmedo, obtenido mediante la adaptación de la maquinaria disponible.
Esa modalidad tiene, además, otra consecuencia productiva: permite liberar los lotes en marzo y avanzar hacia cultivos de invierno, buscando mantener activa la superficie durante buena parte del año y aprovechar la posibilidad de realizar doble cultivo.
La lógica vuelve a ser la misma: producir más biomasa, aprovechar mejor el suelo y construir una cadena forrajera continua.
El objetivo de fondo es alcanzar una superficie que permita a la empresa autoabastecerse con el volumen de alimento necesario para la cantidad de animales que pretende manejar. Hoy todavía compran principalmente maíz a productores vecinos y a otros establecimientos de Río Negro.
Es decir, el proyecto todavía está en movimiento.
Y quizá allí esté una de sus características más interesantes: no se presenta como un modelo terminado, sino como un sistema que permanentemente está siendo revisado, probado y ajustado.
El agua también exige tecnología
Si el agua es uno de los grandes activos productivos de Río Negro, utilizarla correctamente es una responsabilidad que García coloca en el centro de la discusión.
Don Manuel combina actualmente dos sistemas de riego.
Por un lado, riego gravitacional con diseños de lotes de mayores dimensiones y caudales elevados, buscando reducir los tiempos de aplicación y disminuir pérdidas por percolación profunda. Por otro, avanza con pivotes centrales de aproximadamente 80 hectáreas, incorporando riego presurizado y mayores posibilidades de automatización y manejo.
García evita, sin embargo, caer en una discusión simplista acerca de cuál sistema es mejor.
La respuesta depende del suelo, del diseño y de las condiciones de cada lugar.
Esa mirada también revela una característica de la empresa: la tecnología no aparece como una moda, sino como una herramienta para resolver problemas concretos.
Cuando la energía también se produce en el campo
La búsqueda de eficiencia alcanza también al consumo energético.
Agropecuaria Don Manuel cuenta con un parque solar de 73 kilovatios de potencia instalada y ya funciona bajo el esquema de usuario-generador. La energía producida se utiliza prioritariamente dentro del establecimiento y, cuando existe excedente, puede inyectarse a la red.
La empresa proyecta ampliar esa capacidad para aumentar la participación de las energías renovables y reducir el peso de la electricidad dentro de la estructura de costos.
Una vez más, producción y eficiencia aparecen como dos caras de una misma ecuación.
Ponerle números a cada decisión
En el campo, muchas decisiones ocurren lejos de la mirada del consumidor.
Una siembra. Un riego. Una elección de cultivo. Una inversión. Una modificación en el manejo. Desde afuera pueden parecer decisiones simples. En realidad, detrás de cada una existe una combinación de costos, riesgos, disponibilidad de recursos, capacidad operativa y perspectivas de mercado.
Por eso García considera indispensable revisar procesos y poner números a las decisiones.
Pero introduce una condición fundamental: la eficiencia económica debe ser compatible con aquello que realmente puede ejecutarse en el campo.
“Hay que buscar un perfecto equilibrio entre lo ejecutable en el campo por el equipo de trabajo y lo óptimo desde el lado económico”, sostuvo.
Es una definición que resume buena parte de la agricultura moderna: producir mejor no significa solamente incorporar tecnología, sino saber dónde, cuándo y para qué utilizarla.
Pensar el campo más allá de una generación
Tal vez el aspecto más humano de la experiencia de Don Manuel apareció cuando García habló de los jóvenes.
Su mensaje no estuvo centrado exclusivamente en técnicas productivas. Tampoco en números.
Habló de dudas.
Como ingeniero agrónomo, recordó que durante su propia etapa de formación también atravesó interrogantes acerca de si aquello que estudiaba era realmente lo que quería hacer. El encuentro con su propósito, explicó, no fue inmediato.
Con el tiempo encontró una actividad que hoy lo moviliza.
Y desde allí habló ante los jóvenes.
Porque quizá uno de los mayores desafíos de las nuevas generaciones sea precisamente encontrar un lugar donde conocimiento, tecnología, vocación y territorio puedan encontrarse.
Río Negro tiene mucho más por producir
García cree que quienes viven en el Alto Valle muchas veces no alcanzan a dimensionar la riqueza productiva que tienen delante.
El agua, los suelos, la agricultura, la ganadería, la fruticultura y las posibilidades de incorporar tecnología forman parte de un escenario que todavía ofrece espacios para innovar.
“Hay muchas oportunidades”, afirmó.
Pero esas oportunidades, advierte, requieren mantener los “radares prendidos”: observar dónde existen procesos que pueden
mejorarse, dónde puede intervenir la tecnología y qué actividades pueden desarrollarse de otra manera.
La transición generacional también aparece como una oportunidad.
Muchos proyectos productivos necesitan incorporar nuevas herramientas, nuevas formas de gestión y una mirada tecnológica que permita hacer más eficiente cada proceso. Para García, allí existe un espacio concreto para los jóvenes.
No necesariamente lejos.
El desafío de cuidar lo que todavía no termina de construirse
Hay una frase de la entrevista que posiblemente explique mejor que ninguna otra la dimensión temporal de esta experiencia.
García observa que el paisaje productivo del Alto Valle que hoy parece cotidiano es consecuencia de más de un siglo de trabajo. Antes hubo monte nativo. Después llegaron generaciones que transformaron el territorio.
Ahora, en Valle Azul, siente que algunas superficies están atravesando su propio “año cero”.
La comparación obliga a mirar mucho más lejos que una campaña.
¿Qué habrá dentro de cien años en esos campos? ¿Qué producirán? ¿Quiénes estarán allí?
No existen respuestas.
Pero sí existe una responsabilidad: entregar esos suelos en mejores condiciones de las que fueron recibidos y utilizar los recursos disponibles con inteligencia.
Porque producir no consiste solamente en extraer del territorio.
También consiste en construirlo.
Y quizá allí esté la verdadera historia detrás de Agropecuaria Don Manuel: una empresa que produce maíz, alfalfa y carne, que incorpora riego presurizado, energía solar y nuevas tecnologías, pero que al mismo tiempo intenta responder una pregunta mucho más profunda.
Qué estamos construyendo hoy para quienes todavía no conocemos y que algún día van a producir sobre estos mismos suelos.
Esa pregunta, quizás, sea una de las formas más concretas de hablar de futuro.












