El psílido del peral se adelantó y obliga a reforzar el monitoreo desde julio

Leandro Pisano, ingeniero agrónomo de Siguiendo Plagas, advirtió que durante julio ya se detectaron oviposiciones de psílido del peral, una situación que modifica el comportamiento esperado de la plaga y plantea la necesidad de comenzar antes con los monitoreos y ajustar las estrategias sanitarias.

El comportamiento del psílido del peral volvió a encender una señal de atención en los montes frutales del Alto Valle. Cuando todavía se transitaba el invierno y las condiciones climáticas parecían poco favorables para la actividad de la plaga, los monitoreos de campo comenzaron a detectar un movimiento que, por lo temprano, llamó la atención de los técnicos.

Según explicó el ingeniero agrónomo Leandro Pisano, de Siguiendo Plagas, en campañas anteriores se tenía como referencia el mes de agosto para el inicio del ciclo de oviposición. Sin embargo, durante julio de este año comenzaron a observarse las primeras posturas.

“Llamativamente, durante el mes de julio la hembra encontró algunas oportunidades para poder comenzar su ciclo de oviposición”, señaló Pisano al analizar los resultados de los muestreos realizados en el Alto Valle.

Las primeras oviposiciones aparecieron en julio

El dato adquiere mayor relevancia si se considera que julio presentó condiciones climáticas que, en principio, podían hacer pensar en una menor actividad de la plaga.

De acuerdo con Pisano, durante aproximadamente el 70% de los días de julio se registraron jornadas nubladas, además de precipitaciones frecuentes y abundantes. Sin embargo, hubo períodos puntuales con temperaturas favorables que fueron suficientes para que las hembras del psílido iniciaran la oviposición.

Los primeros registros fueron detectados alrededor del 7 y el 10 de julio. Posteriormente, se identificaron nuevas oportunidades hacia mediados de mes y nuevamente sobre el final de julio y comienzos de agosto.

El resultado de los muestreos actuales muestra porcentajes de oviposición que, según el especialista, ya son elevados.

Esto plantea una cuestión central: la relación entre las condiciones climáticas y la actividad del psílido puede ser bastante más compleja de lo que podría suponerse a partir de una observación general del invierno.

El monitoreo vuelve a ser una herramienta decisiva

Para Pisano, la situación demuestra una vez más que no alcanza con interpretar el comportamiento de la plaga exclusivamente a partir de las condiciones meteorológicas generales.

El seguimiento directo en los montes permite conocer qué está ocurriendo realmente con la población y, fundamentalmente, anticiparse a las siguientes etapas de su ciclo.

Ahora el objetivo es determinar cuándo comenzarán los nacimientos y qué proporción de esas oviposiciones podrá prosperar hasta alcanzar el momento en que las ninfas puedan instalarse y comenzar a alimentarse sobre los tejidos vegetales.

“No todas esas oviposiciones necesariamente llegan a yema hinchada”, explicó el profesional, marcando la importancia de continuar con los muestreos para determinar la evolución efectiva de la plaga.

Es justamente allí donde el monitoreo adquiere valor estratégico: no se trata solamente de detectar la presencia del psílido, sino de conocer su dinámica para decidir cuándo intervenir y con qué objetivo sanitario.

Una señal para revisar el calendario sanitario

El adelanto observado durante esta campaña deja además una enseñanza para los próximos ciclos productivos.

Pisano consideró conveniente comenzar con los muestreos y monitoreos desde la primera semana de julio, con el objetivo de conocer anticipadamente la actividad de las hembras y detectar eventuales períodos favorables para la oviposición.

La recomendación implica revisar una práctica que muchas veces se encuentra asociada a calendarios sanitarios históricos. Si el

comportamiento de la plaga cambia, también debería hacerlo la estrategia de seguimiento.

En este sentido, el profesional señaló que, frente a la dinámica registrada, puede ser necesario considerar tratamientos destinados a interrumpir o reducir el ciclo de oviposición.

El objetivo no sería simplemente aplicar un tratamiento por la presencia de la plaga, sino llegar al inicio de la brotación y la floración con la menor cantidad posible de oviposiciones capaces de continuar desarrollándose.

Menos decisiones a calendario y más decisiones a partir del monte

El caso del psílido vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo para la fruticultura: cuánto de la estrategia sanitaria debe responder a fechas preestablecidas y cuánto debe construirse a partir de lo que efectivamente está sucediendo en cada monte.

La información obtenida por los equipos de monitoreo permite ajustar esa decisión y evitar que una estrategia pensada para un comportamiento determinado de la plaga quede desfasada frente a una campaña que presenta una dinámica diferente.

En definitiva, el dato que deja esta observación de julio no es solamente que el psílido del peral apareció antes. La señal más importante es que la plaga está mostrando una dinámica que obliga a mirar antes y con mayor precisión.

Para el productor, la diferencia puede ser significativa: detectar una oviposición temprana permite ganar tiempo para evaluar la evolución del ciclo, definir estrategias y evitar llegar a la brotación con una presión de la plaga mayor a la deseada.

El mensaje técnico, entonces, es concreto: el invierno no significa necesariamente inactividad y agosto ya no debería ser tomado como único punto de partida para comenzar a observar al psílido del peral. Julio también debe estar bajo vigilancia

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