Podar para hacer mejores vinos: la capacitación que busca fortalecer el manejo de los viñedos del Alto Valle

En los viñedos, el invierno suele ofrecer una imagen engañosa. Las plantas parecen dormidas, detenidas en el tiempo, mientras las hojas ya han caído y el paisaje adopta los tonos austeros de la estación. Sin embargo, es precisamente en ese momento cuando comienza a definirse gran parte de la próxima cosecha.

La poda de la vid, una tarea muchas veces asociada al trabajo rutinario de invierno, es en realidad una de las decisiones agronómicas más importantes dentro del ciclo productivo. De ella dependerán el equilibrio de la planta, la calidad de la fruta y, en última instancia, las características del vino que llegará a la copa del consumidor.

Con esa premisa, el INTA AER General Roca y el área de Capacitación No Formal del CET N°17 de Paso Córdoba organizan una jornada de formación sobre poda en vid para vinificación, destinada a quienes buscan incorporar herramientas técnicas para el manejo de viñedos en el Alto Valle.

El capacitador será el ingeniero agrónomo y magíster Lautaro Aguilar, quien explicó que la poda constituye el punto de partida de todo el proceso productivo.

“La poda es una tarea fundamental para preparar la planta y dejarla en condiciones para todas las labores que vienen después durante la temporada”, señaló.

Del volumen a la calidad

La vitivinicultura regional ha experimentado cambios profundos durante las últimas décadas. Mientras antiguamente gran parte de la producción estaba orientada a vinos comunes y altos rendimientos, hoy el foco está puesto en la obtención de uvas de mayor calidad enológica.

Ese cambio también transformó la manera de podar.

Según Aguilar, históricamente se buscaba maximizar la cantidad de racimos y kilos por hectárea. Actualmente, en cambio, la estrategia consiste en reducir la carga productiva para concentrar atributos en menos racimos.

“Se dejan menos yemas para obtener un mejor vino”, resumió.

La lógica es simple pero contundente: menos cantidad puede traducirse en una mejor expresión varietal, mayor concentración de aromas, mejores niveles de azúcares y una materia prima más apta para elaborar vinos de calidad.

La luz: el recurso más valioso del viñedo

Uno de los conceptos que el especialista considera centrales es el manejo de la luz dentro de la planta.

Recuperando una enseñanza de antiguos maestros de la viticultura, Aguilar recordó una frase que sintetiza buena parte de la filosofía del manejo moderno del viñedo: “El fertilizante más barato que tiene la planta es la luz”.

Por ese motivo, los sistemas de conducción buscan optimizar la captación de radiación solar y evitar que la vegetación se vuelva excesivamente densa.

En la vitivinicultura regional predomina el sistema de espaldera, una estructura baja y ordenada que permite una mejor interceptación de luz y favorece la calidad de los racimos.

“La idea es que cada brote tenga su espacio y pueda captar buena luz para producir fruta de calidad”, explicó.

La poda invernal constituye apenas el primer paso. Luego aparecen otras intervenciones durante la temporada, como el desbrote, el despampanado y los atados, todas orientadas a mantener ese equilibrio vegetativo.

Un clima que obliga a adaptarse

El manejo del viñedo también enfrenta nuevos desafíos derivados de las condiciones climáticas.

Aguilar advirtió que las últimas temporadas muestran una mayor frecuencia de eventos extremos, especialmente lluvias primaverales y tormentas de granizo.

Las precipitaciones incrementan los riesgos sanitarios al favorecer la aparición de enfermedades fúngicas, mientras que el granizo representa una amenaza directa para la producción.

“Se observa una frecuencia mayor de tormentas de granizo respecto de años anteriores”, indicó.

Frente a ese escenario, la incorporación de sistemas de protección mediante mallas comienza a ganar protagonismo en distintos establecimientos productivos.

Una tarea que no puede postergarse

Más allá de las innovaciones tecnológicas, el especialista enfatizó que la poda continúa siendo una labor irremplazable.

Una ejecución deficiente o fuera de término puede generar desequilibrios que afectan la productividad durante varias temporadas.

“La poda es una de las tareas fundamentales y no se puede dejar pasar”, sostuvo.

El problema no siempre se refleja de inmediato. Muchas veces las consecuencias aparecen años después, cuando la planta acumula estrés, pierde equilibrio y reduce progresivamente su potencial productivo.

Por eso, la capacitación apunta no sólo a transmitir técnicas de corte, sino también a comprender el funcionamiento integral del viñedo.

Capacitación con teoría y práctica

La jornada se realizará el martes 23 de junio, de 8:30 a 13 horas, en el salón del Centro de Jubilados de Chacra Monte.

La propuesta combinará una instancia teórica con actividades prácticas en campo, incluyendo una visita a la reconocida Bodega Canale, que colabora habitualmente con este tipo de iniciativas de formación.

La participación será gratuita, aunque los cupos son limitados y requieren inscripción previa por cuestiones organizativas.

Además, los asistentes recibirán un certificado de participación.

Aguilar adelantó que esta capacitación forma parte de un programa más amplio de formación y que durante la próxima temporada se prevén nuevas jornadas vinculadas a las denominadas intervenciones en verde, como desbrote y despampanado.

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