Fruticultura: entre el impacto del granizo y los altos costos, los productores buscan sostener la próxima temporada

Mauricio Molinaro advirtió que la rentabilidad continúa siendo el principal problema del sector y destacó que los productores siguen realizando las tareas culturales pese a las dificultades económicas.

Por estos días, mientras las tareas de poda comienzan a ganar protagonismo en las chacras del Alto Valle, la preocupación sigue instalada entre los productores. El cierre de una temporada marcada por el granizo, la menor disponibilidad de fruta de calidad y los elevados costos de producción deja interrogantes sobre la sustentabilidad económica de muchas explotaciones.

Así lo expresó Mauricio Molinaro, presidente de la Cámara de Productores Frutícolas de Villa Regina, General Godoy, Chichinales y Valle Azul, quien describió un escenario complejo, aunque sin perder de vista la capacidad de trabajo y adaptación que históricamente caracteriza al productor regional.

«La verdad que es preocupante porque fue un año bastante maltratado por la piedra en toda la zona y hay poca fruta que haya salido buena», resumió.

Una cosecha condicionada por el clima

El granizo volvió a convertirse en uno de los factores determinantes de la campaña. En numerosas chacras, los daños redujeron significativamente el volumen de fruta comercializable, afectando directamente los ingresos de los establecimientos.

Según Molinaro, la menor disponibilidad de fruta de calidad no necesariamente se tradujo en mejores resultados económicos para todos los productores.

«Hay algunos que cerraron negocios con los valores de referencia, otros incluso por debajo. Cuando no hay demanda, los precios terminan complicando al productor», explicó.

La preocupación se profundiza porque la reducción de kilos cosechados limita la capacidad de recuperación económica de las explotaciones.

«Si no haces una buena venta y además tenés menos kilos, al final eso se va a notar. Va a generar un problema para el productor», sostuvo.

Los costos siguen siendo el gran desafío

Aunque el sector continúa reclamando mejoras en materia cambiaria y financiera, Molinaro identificó a los costos como uno de los principales factores que afectan la competitividad de la producción regional.

Energía, combustibles, transporte, insumos y mano de obra forman parte de una estructura de gastos que continúa creciendo y presiona sobre los márgenes productivos.

«Los grandes costos son los que complican al productor. Energía, transporte y todo lo que influye en la actividad productiva», señaló.

En ese contexto, las entidades continúan impulsando pedidos vinculados a tarifas diferenciales para combustibles y otras herramientas que permitan aliviar la estructura de costos.

Las chacras siguen trabajando

A pesar de las dificultades económicas, Molinaro destacó que la mayoría de los productores continúa realizando las labores esenciales para sostener el potencial productivo de las chacras.

«Vos recorres la zona y todos están haciendo algo o lo que más pueden», afirmó.

Sin embargo, reconoció que algunas inversiones comienzan a postergarse cuando los recursos escasean.

«Por ahí se dejan de hacer algunos abonados o determinados trabajos, pero la poda siempre se trata de hacer lo máximo posible», explicó.

La afirmación refleja una realidad habitual en la fruticultura regional: cuando los márgenes se reducen, los productores priorizan aquellas tareas consideradas indispensables para garantizar la producción futura.

Competencia internacional y mercado interno

Consultado sobre la competencia de países como Chile, Molinaro consideró que actualmente el principal problema no pasa por una presión comercial externa significativa.

Según explicó, la fruta importada no está ingresando con valores suficientemente bajos como para alterar de manera sustancial el mercado interno.

«Hoy la manzana chilena tampoco está barata y eso ayuda a que no nos haga caer los precios», indicó.

Además, aseguró que los volúmenes de fruta importada que llegan al mercado argentino continúan siendo relativamente limitados.

La preocupación por la pera Williams

Uno de los puntos más sensibles mencionados durante la entrevista fue la situación de la pera Williams, variedad emblemática de la región.

Molinaro reconoció que parte de la fruta almacenada comienza a mostrar problemas de conservación propios del avance de la temporada, lo que obliga a derivar mayores volúmenes hacia la industria.

Ese proceso implica una pérdida de valor para el productor, ya que los precios industriales suelen ubicarse muy por debajo de los obtenidos en mercados de fruta fresca.

Expectativas por la próxima temporada

De cara al próximo ciclo productivo, la atención también está puesta en la evolución de las condiciones climáticas y en la posibilidad de un escenario más húmedo asociado al fenómeno El Niño.

Si bien evitó realizar pronósticos categóricos, Molinaro advirtió que una mayor humedad puede favorecer la aparición de enfermedades y plagas durante el desarrollo de la fruta.

Paralelamente, destacó que continúan las gestiones institucionales para conseguir herramientas de apoyo para los productores y programas vinculados a la sanidad vegetal, particularmente en la lucha contra la carpocapsa.

Mientras tanto, en las chacras del Alto Valle la actividad no se detiene. La poda avanza, las tareas culturales continúan y los

productores vuelven a prepararse para una nueva temporada con la misma expectativa de siempre: lograr que el esfuerzo realizado durante todo el año encuentre finalmente una recompensa económica que permita sostener la actividad y proyectar el futuro.

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