La poda ya tiene nuevos valores y vuelve a exponer la tensión económica de la fruticultura regional

UATRE difundió la actualización salarial para trabajadores rurales de poda en Río Negro y Neuquén. Los nuevos montos llegan en medio de una temporada atravesada por la crisis estructural de la fruticultura, el aumento de costos y la incertidumbre productiva en el Alto Valle.

Mientras la fruticultura patagónica continúa intentando sostenerse entre márgenes cada vez más estrechos, costos crecientes y una fuerte pérdida de rentabilidad, la actualización de las escalas salariales para tareas de poda volvió a poner en primer plano una discusión tan sensible como estructural: cuánto vale hoy el trabajo rural en una economía regional que atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas.

La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) difundió las nuevas escalas correspondientes al Régimen Nacional de Trabajo Agrario para trabajadores de poda en Río Negro y Neuquén, con vigencia escalonada entre abril y agosto de 2026.

De acuerdo al esquema informado por la organización gremial, el valor total diario para un podador pasó de $56.126,09 en abril a $57.533,65 en mayo y alcanzará los $58.977,91 desde agosto hasta el final de temporada.

Detrás de esos números aparece una realidad mucho más profunda que una simple actualización salarial. La poda representa una de las labores más estratégicas dentro del ciclo productivo de la pera y la manzana. De su correcta ejecución depende buena parte de la calidad futura de la fruta, el equilibrio vegetativo de las plantas y la productividad de las chacras.

Pero también se trata de una tarea físicamente exigente, intensiva y altamente especializada, realizada en un contexto económico cada vez más delicado para trabajadores y productores.

La nueva escala contempla distintos ítems adicionales, entre ellos presentismo, permanencia y zona desfavorable, además de compensaciones vinculadas al desgaste de herramientas y provisión de ropa de trabajo.

En abril, el podador remunerativo quedó establecido en $23.705,50 diarios, mientras que en mayo ascendió a $24.300 y desde agosto llegará a $24.910 por jornada.

La actualización salarial aparece en un momento especialmente sensible para la actividad regional. La fruticultura del Alto Valle arrastra años de pérdida de superficie implantada, descapitalización de productores, aumento sostenido de costos internos y dificultades crecientes para sostener la competitividad exportadora.

A ese escenario se sumaron en la última campaña eventos climáticos severos, entre ellos heladas y granizo, que redujeron volúmenes productivos y profundizaron el deterioro financiero de numerosas chacras.

En paralelo, el componente laboral continúa ocupando un lugar central dentro de la estructura de costos de las empresas y productores independientes, particularmente en labores manuales como poda, raleo y cosecha.

La discusión salarial, por lo tanto, expone una tensión permanente dentro de la cadena: los trabajadores buscan recomponer ingresos en un contexto inflacionario persistente, mientras gran parte del sector productivo advierte que los números de la actividad continúan sin cerrar.

En muchas chacras del Valle, la preocupación ya no pasa únicamente por la rentabilidad, sino directamente por la posibilidad de continuar produciendo.

La poda, históricamente considerada uno de los trabajos más emblemáticos de la fruticultura regional, refleja además un fenómeno silencioso que atraviesa a toda la actividad: la creciente dificultad para sostener mano de obra especializada en el sector rural.

Cada temporada exige trabajadores capacitados, experiencia técnica y dispuestos a realizar tareas la alta exigencia física durante extensas jornadas invernales. Sin embargo, la inestabilidad económica y la pérdida de poder adquisitivo han ido erosionando progresivamente el atractivo laboral de estas actividades.

En ese contexto, la actualización difundida por UATRE no sólo establece nuevos valores de referencia para la temporada 2026, sino que vuelve a dejar al descubierto la fragilidad estructural de una economía regional que intenta sostener simultáneamente producción, empleo y competitividad en un escenario cada vez más complejo.

Porque detrás de cada escala salarial, en definitiva, también se discute el futuro mismo de la fruticultura patagónica.

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