Vietnam abre sus góndolas al mundo, pero Argentina sigue afuera: una década de gestiones sin resultados

Mientras el mercado vietnamita supera los US$1.000 millones en importaciones frutihortícolas y se consolida como uno de los polos de demanda más dinámicos de Asia, la producción argentina continúa sin acceso sanitario para exportar frutas. El contraste expone una oportunidad perdida y un reclamo histórico que vuelve a tomar fuerza en el sector.
Un mercado en expansión… al que Argentina no entra
Vietnam atraviesa un proceso de transformación estructural en su consumo alimentario. Con una clase media en expansión, mayor poder adquisitivo y canales comerciales cada vez más sofisticados, el país asiático incrementó un 34% sus importaciones de frutas y hortalizas en los primeros meses de 2026, superando los US$1.000 millones.
La demanda está. La logística acompaña. Los acuerdos comerciales facilitan el ingreso con aranceles incluso cercanos al 0% en algunos productos. Y los competidores avanzan con velocidad: China lidera, Estados Unidos consolida su presencia,
mientras India, Tailandia y Australia crecen con tasas exponenciales.
Pero en ese mapa global dinámico hay una ausencia notoria: Argentina.
Sin acceso sanitario: una barrera que se volvió estructural
Hoy, la Argentina no tiene habilitado el mercado vietnamita para exportar frutas frescas.
No ingresan frutas de pepita, ni cítricos, ni limón, ni arándanos, ni cerezas.
Se trata de una limitación sanitaria y fitosanitaria que lleva más de una década sin resolverse, pese a los reiterados planteos del sector frutícola nacional ante distintas administraciones de gobierno.
El dato no es menor. En un contexto de crisis estructural para economías regionales como la fruticultura del Alto Valle marcada por pérdida de superficie, caída de rentabilidad y descapitalización productiva, la imposibilidad de acceder a nuevos mercados de alto crecimiento agrava la falta de horizonte.
Chile avanza, Argentina observa
El contraste con otros países exportadores es elocuente. Chile, por ejemplo, ya logró posicionarse en Vietnam con más de 4.000 toneladas enviadas en la actual temporada, donde las cerezas representan el 67% del volumen.
Este desempeño no es casual: responde a una estrategia sostenida de apertura de mercados, negociaciones sanitarias activas y articulación público-privada.
Mientras tanto, Argentina permanece fuera de ese circuito, sin poder capitalizar un mercado que demanda precisamente los productos en los que tiene ventajas comparativas.
Un reclamo que persiste y una señal que no alcanza
Desde el sector frutícola insisten en que la apertura de Vietnam no es un objetivo nuevo, sino un expediente que acumula años sin avances concretos.
Incluso, remarcan que hace más de un año fue designado un agregado agrícola en ese destino estratégico, una señal
institucional que, hasta el momento, no se ha traducido en resultados tangibles en materia de acceso sanitario.
La lectura en el sector es clara: sin una política exterior agrocomercial activa, sostenida y técnicamente consistente, las oportunidades siguen quedando en el plano discursivo.
Más que un mercado: una señal de inserción internacional
El caso Vietnam trasciende lo puntual. No se trata solo de un destino más, sino de un símbolo de cómo se inserta o no la Argentina en los mercados globales.
En un escenario internacional donde la demanda de alimentos crece, los estándares sanitarios se vuelven determinantes y la competencia es cada vez más profesionalizada, quedar fuera no es neutro: implica resignar valor, diversificación y futuro.
Una oportunidad que sigue abierta… pero no indefinidamente
Vietnam seguirá creciendo. Su consumo continuará sofisticándose. Y los países que logren consolidar presencia hoy, serán los que capitalicen esa expansión en el mediano plazo.
La pregunta, entonces, es incómoda pero inevitable:
¿cuánto tiempo más puede permitirse la fruticultura argentina mirar desde afuera?
En un contexto de crisis productiva interna, la apertura de mercados no es una opción estratégica: es una necesidad estructural. Vietnam aparece como una puerta abierta al mundo, pero para Argentina sigue siendo, por ahora, una puerta cerrada. Y cada año que pasa sin avances no solo posterga oportunidades, sino que profundiza la brecha con los competidores que sí decidieron jugar el partido global.







