Control de calidad y madurez: una capacitación en Roca pone el foco en el eslabón más crítico de la fruticultura.

Una jornada en General Roca pone el foco en un eslabón crítico del sistema productivo: la poscosecha. Técnicos del INTA y del ámbito educativo buscan reducir la brecha entre lo que se produce y lo que finalmente llega al mercado.
En un contexto donde la fruticultura del Alto Valle enfrenta márgenes cada vez más ajustados, exigencias crecientes de los mercados y una presión constante por mejorar la eficiencia, la calidad deja de ser un atributo deseable para convertirse en una condición indispensable de supervivencia.
Bajo ese diagnóstico, el próximo martes 28 de abril se realizará en General Roca una capacitación sobre control de calidad e índices de madurez en báscula y empaque, organizada por INTA Roca junto al área de Capacitación del CET N°17 de Paso Córdoba. La actividad, gratuita y con cupos limitados, se desarrollará de 9 a 12 horas en el Centro de Jubilados “Inés Tarifeño”, en barrio Chacra Monte.
Uno de los disertantes será el técnico del INTA, Lautaro Aguilar, quien en diálogo con Agrovalle expuso con claridad quirúrgica un problema estructural: la pérdida de valor que se genera cuando la calidad no se gestiona con precisión desde el origen hasta la poscosecha.
La calidad no es nueva, pero hoy es decisiva
“Es algo que siempre se ha hecho explica Aguilar, pero hoy cobra otra dimensión porque los márgenes son más chicos y el consumidor es más exigente”.
La afirmación sintetiza un cambio de época. La fruticultura ya no puede apoyarse únicamente en el volumen o en la tradición productiva. La consistencia en la calidad y la precisión en los procesos son hoy factores diferenciales.
En ese sentido, el especialista advierte que muchos de los defectos que terminan afectando la fruta son evitables. “Tienen que ver con la calidad en cosecha y con lo que sucede después, en la selección y en la línea de empaque”, señala.
Pero antes de llegar a esa instancia, hay un punto clave que suele pasar desapercibido: la evaluación en báscula, donde cada lote debería ser analizado técnicamente antes de ingresar a conservación o empaque.
Índices de madurez: la ciencia detrás de la decisión
Uno de los ejes centrales de la capacitación será justamente el abordaje de los índices de madurez, una herramienta técnica que define el destino de la fruta.
Lejos de ser una apreciación subjetiva, se trata de un conjunto de variables medibles que permiten determinar el estado fisiológico del fruto.
Entre los principales parámetros, Aguilar menciona:
* Firmeza de pulpa
* Degradación de almidón
* Sólidos solubles (grados Brix)
* Acidez
* Color de fondo
* Tamaño y diámetro
A esto se suman herramientas más avanzadas disponibles en laboratorio, como colorímetros o mediciones de etileno.
“Lo importante es no quedarse con un solo parámetro, sino trabajar con un conjunto de indicadores que permitan ajustar el diagnóstico del lote”, subraya.
Incluso la edad del fruto calculada desde plena floración forma parte del análisis técnico que define el momento de cosecha.
Cuando el mercado distorsiona la técnica
Sin embargo, la lógica productiva no siempre coincide con la lógica comercial. Y allí aparece una de las tensiones más relevantes del sistema.
“Una cosa es lo ideal para que la fruta llegue en condiciones óptimas a la góndola, y otra es lo que el mercado demanda o paga”, plantea Aguilar.
En años con menor producción como el actual, afectado por granizo en varias zonas los estándares tienden a flexibilizarse. En otros
casos, fruta con excelente calidad termina en destinos de menor valor, como la industria.
Para una región diseñada productivamente para el consumo en fresco, este desvío implica una pérdida económica significativa.
La brecha invisible dentro de la cadena
Más allá de la técnica, el diagnóstico del INTA también pone el foco en un aspecto humano y estructural: la falta de integración de conocimientos a lo largo de la cadena.
“Hay una brecha entre quienes trabajan en campo y quienes están en el empaque”, advierte Aguilar.
Mientras el operario de campo domina las labores productivas, muchas veces desconoce lo que ocurre en la línea de empaque. Y, a la inversa, desde el empaque se reclama calidad sin dimensionar las limitaciones del campo.
Esta desconexión no es menor. Impacta directamente en la eficiencia global del sistema.
Por eso, la capacitación busca algo más que transmitir conocimientos técnicos: apunta a construir una mirada integral del proceso productivo.
“Sería muy importante que todos los que integramos la cadena conozcamos el recorrido completo de la fruta”, sostiene.
Capacitar en tiempos de crisis
Contra lo que podría suponerse, la demanda por este tipo de capacitaciones no solo existe, sino que crece.
“Siempre hay más interés que en otras propuestas, incluso más que en temas de campo”, reconoce el técnico del INTA.
El atractivo radica, en parte, en la posibilidad concreta de mejorar la empleabilidad y la eficiencia operativa en una etapa crítica del negocio.
La jornada estará orientada a operarios, técnicos y productores interesados en comprender qué ocurre con la fruta después de salir de la chacra y cómo intervenir para mejorar su calidad.
Una herramienta concreta para un problema estructural
La capacitación será gratuita, con inscripción previa a través de formulario digital y cupos limitados para garantizar el trabajo práctico con instrumentos.
Además, se entregarán certificados de asistencia, un dato no menor en un contexto donde la profesionalización del recurso humano comienza a ser un activo estratégico.
Pero más allá del evento en sí, lo que se pone en juego es algo más profundo.
En una fruticultura tensionada por costos, clima y mercados, mejorar la calidad no es solo una cuestión técnica: es una decisión estratégica.
Y en ese camino, la formación aparece como uno de los pocos instrumentos capaces de generar cambios reales y sostenibles.
La jornada del 28 de abril no es una actividad aislada. Es, en todo caso, una señal.
Una señal de que el futuro de la fruticultura del Alto Valle no se definirá únicamente en la chacra, sino también en la capacidad de interpretar, medir y gestionar la calidad en cada etapa del proceso.
Porque, como queda claro en la voz de los técnicos, la diferencia entre una fruta que compite y una que pierde valor muchas veces se decide en esos detalles que no siempre se ven, pero que hoy resultan determinantes.








