Fiesta Nacional de la Manzana: Ricardo Sánchez: el ingeniero que hizo de la sanidad una política de Estado en la Patagonia

En la noche más emotiva de la celebración popular que define la identidad productiva de la región, hubo un reconocimiento que trascendió lo protocolar. Cuando la intendenta María Emilia Soria mencionó el nombre de Ricardo Sánchez, el aplauso no fue solamente para una trayectoria individual, sino para una concepción del servicio público ligada a la defensa técnica y estratégica de la fruticultura del Alto Valle.
La distinción, entregada en el Escenario Mayor ante una multitud, puso en primer plano a un ingeniero agrónomo cuya carrera estuvo íntimamente asociada a la construcción del estatus sanitario que permitió a la Patagonia posicionarse como región exportadora de excelencia.
De la universidad pública a la arquitectura sanitaria regional
“Gracias al esfuerzo de sus padres y a la universidad pública, obtuvo el título de ingeniero agrónomo”, (se destacó en el video institucional). Ese dato, lejos de ser anecdótico, es fundacional: sintetiza una generación de profesionales formados en el sistema público que luego devolvieron al territorio conocimiento, gestión y liderazgo técnico.
Sánchez se desempeñó como inspector fitosanitario en la Secretaría de Fruticultura de Río Negro, fue jefe de fiscalización frutícola y transitó organismos clave del entramado técnico-productivo. Su paso por el INTA y su labor en espacios vinculados a la ingeniería agronómica y la articulación sectorial consolidaron un perfil técnico con mirada sistémica.
Pero sería desde el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria donde su impronta alcanzaría mayor proyección regional.
SENASA Patagonia Norte: sanidad, frontera y credibilidad internacional
La conducción de SENASA Patagonia Norte no es un cargo meramente administrativo. Implica custodiar uno de los activos estratégicos más sensibles de la economía regional: el estatus sanitario.
En una región cuya competitividad depende de la condición de área libre de determinadas plagas, la vigilancia, fiscalización y control fitosanitario no son trámites burocráticos; constituyen la arquitectura invisible que sostiene el acceso a mercados internacionales.
Durante su gestión, la lógica de trabajo combinó tres dimensiones fundamentales:
* Rigor técnico en los sistemas de monitoreo y fiscalización.
* Coordinación interinstitucional con provincias, municipios y entidades privadas.
* Defensa política y técnica del modelo patagónico frente a tensiones presupuestarias o normativas.
En un contexto donde la sanidad suele valorarse solo cuando se pierde, la tarea de Sánchez y su equipo fue precisamente evitar que la crisis sanitaria ocurriera. Esa es, en definitiva, la paradoja del buen trabajo técnico: su éxito se mide por la ausencia de problemas.
La dimensión humana del técnico
El reconocimiento en la Fiesta no se limitó al funcionario. El video mostró al hombre que hoy continúa recorriendo su chacra junto a “su nieta Clarita”, replicando el gesto que aprendió de su padre.
Allí radica la coherencia de una trayectoria: quien condujo políticas sanitarias a escala regional nunca se desligó del suelo productivo. No fue un burócrata distante de la realidad chacarera, sino un ingeniero con cultura de campo.
Ese anclaje explica también su comprensión de la fruticultura como cadena y no como compartimentos estancos. Productores, empacadores, exportadores, técnicos y organismos sanitarios forman parte de un mismo sistema interdependiente.
Un reconocimiento con lectura política
En su discurso, Soria subrayó la resiliencia del sector y el rol de las instituciones “que siguen trabajando sin bajar los brazos, a pesar del desfinanciamiento”. La mención no fue casual.
En tiempos de restricción presupuestaria y debate sobre el alcance del Estado, homenajear a un ex conductor de SENASA Patagonia Norte constituye también una afirmación conceptual: la sanidad agroalimentaria no es un gasto, es inversión estratégica.
Sin sistemas sólidos de control fitosanitario, la fruticultura regional pierde mercados, precios y credibilidad. Y sin credibilidad, no hay proyecto exportador posible.
La herencia que queda
El reconocimiento a Ricardo Sánchez no fue solamente un gesto emotivo en el marco festivo de General Roca. Fue la reivindicación de una generación de técnicos que comprendieron que la competitividad no se declama: se construye con método, disciplina y visión de largo plazo.
En una fruticultura atravesada por crisis estructurales, caída de superficie implantada y tensiones económicas, la figura de Sánchez remite a un activo intangible que la región no puede darse el lujo de descuidar: capital humano con formación, experiencia territorial y compromiso institucional.
La Fiesta celebró historias individuales. Pero, en el caso del ingeniero, celebró algo más profundo: la convicción de que la sanidad, la técnica y el Estado profesional siguen siendo pilares insustituibles del Alto Valle productivo.
Y en ese legado, más que una jubilación, hay una escuela.








