Punto de inflexión en el Valle: calidad en la fruta, pero urgencia en el modelo productivo

Horacio Bernal advierte que la temporada mostró buenos estándares en pera y manzana donde no hubo granizo, pero plantea que el sistema necesita tecnología, integración y financiamiento para evitar una transformación irreversible.
Audio de la entrevista al ingeniero agrónomo Horacio Bernal
Por Agrovalle
La fruticultura del Alto Valle atraviesa una paradoja. Mientras en buena parte de los montes —donde el clima no golpeó— la calidad de la fruta mostró señales alentadoras, el trasfondo estructural del sistema productivo vuelve a encender luces amarillas.
Así lo expresó el ingeniero agrónomo Horacio Bernal, uno de los referentes técnicos históricos de la región, quien trazó un diagnóstico sin eufemismos: no hay temporada igual a la otra, pero ninguna es fácil.
“Ser productor y saber que lo que hacés está a la intemperie, expuesto al clima, pone a prueba la fortaleza. Seguir en esto, a veces, es casi para héroes”, resumió.
Adelanto de cosecha y buena calidad en pera
Desde el punto de vista agronómico, la campaña estuvo marcada por un adelanto notorio en las fechas de cosecha.
En fruta de carozo el anticipo fue de entre siete y diez días; en peras y manzanas, algo menor pero igualmente perceptible. El fenómeno estuvo vinculado a una floración adelantada, lo que comprimió el ciclo productivo.
Sin considerar los accidentes climáticos, Bernal fue claro: en pera, la calidad fue muy buena.
Se observaron:
Buenos calibres
Mejor proporción de fruta en primera categoría
Mejor comportamiento en línea de empaque
Aptitud tanto para exportación como para mercado interno
“En condiciones normales de manejo, la calidad de las peras ha sido muy interesante. Se nota cuando la fruta pasa por la máquina: hay mayor proporción en categorías principales”, explicó.
Manzana y el efecto creciente del golpe de sol
En manzana, el comportamiento fue similar en términos generales, aunque con una tendencia que se acentúa campaña tras campaña: el incremento del daño por golpe de sol.
“El estrés por exposición solar se nota cada vez más. En los clones muy coloreados se disimula, pero en frutas menos pigmentadas el impacto es evidente”, señaló.
Desde el punto de vista sanitario, no se registraron cambios significativos respecto a plagas tradicionales. Sin embargo, emerge un problema creciente: el daño de cotorras, cada vez más extendido y transversal a cultivos y épocas.
Bernal advirtió que las pérdidas económicas son importantes y reclamó intervención coordinada de las autoridades.
¿Hay menos fruta? El peso del granizo
En términos productivos, el ingeniero no observa una merma estructural generalizada en condiciones normales.
Sin embargo, el granizo en franjas específicas del este del Alto Valle alteró el panorama regional. La imagen de camiones haciendo fila en las plantas de jugo refleja el volumen de fruta afectada.
“Si falta pera o manzana, será básicamente por el accidente climático, no por una caída estructural de producción”, evaluó.
Crisis coyuntural o cambio estructural
El análisis más profundo de Bernal aparece cuando la conversación se desplaza hacia la estructura económica del sector.
Su definición es categórica: el Valle está ante un punto de inflexión.
“Vamos a ir presenciando un cambio estructural”, afirmó.
Diferenció dos dinámicas:
Hacia el oeste, un proceso más marcado de concentración y modelo empresarial.
Hacia el este, mayor persistencia de estructuras familiares, muchas de ellas con jóvenes tomando la posta.
Pero advirtió algo central: no se puede producir al margen de lo que exige el mercado.
“No podemos producir 30 mil kilos por hectárea y pretender competir. No podemos tener fruta sin los parámetros de color y calidad que el mercado demanda. Insistir con lo que no sirve compromete el patrimonio.”
Tecnología sí, pero con financiamiento viable
La modernización requiere inversión. Y la inversión, financiamiento.
Bernal puso un ejemplo contundente: la malla antigranizo. Técnicamente, su conveniencia no está en discusión. Económicamente, sí.
Instalarla implica entre 15.000 y 17.000 dólares por hectárea, una cifra que puede superar el valor de la tierra.
“La reactivación avanza con crédito. Lo que la actividad tiene que generar es el repago. ¿Para qué quiero crédito si después no lo puedo devolver?”, planteó.
El desafío, según sostuvo, es articular:
Asociativismo productivo
Participación activa del Estado
Líneas de financiamiento pagables
Planificación tecnológica integral
Integración: la palabra incómoda pero necesaria
Si hay un concepto que Bernal insiste en instalar es el de integración.
Considera inviable sostener estructuras atomizadas en un escenario de alta exigencia técnica y competitiva.
“No puede ser que tengamos tractores de 50 años en un predio y maquinaria subutilizada en otro. Es muy difícil emprender solos en estas condiciones.”
La figura jurídica puede variar, pero el norte debe ser la cooperación productiva.
¿Hay futuro?
La respuesta no es lineal.
“No es viable si no cambiamos algunas cosas”, sostuvo.
Sin embargo, descartó una visión terminal: el hecho de que aún haya inversión demuestra que existe potencial.
El eje pasa por producir lo que el mercado demanda, a costos razonables y con tecnología adecuada. Sin eso, la pérdida de productores continuará.
Una temporada que deja más preguntas que respuestas
La campaña 2025 no quedará en la memoria como un año de derrumbe técnico. Donde el clima permitió trabajar, la calidad acompañó. Pero el debate no está en la fruta; está en el modelo.
El Alto Valle no discute únicamente rindes o calibres. Discute escala, financiamiento, integración y supervivencia.
Y, como planteó Bernal, el tiempo para decidir el rumbo parece cada vez más acotado.









