“Con esta presión impositiva, exportar es cada vez más difícil”: Nicolás Sánchez, presidente de CAFI, y una advertencia política sobre la fruticultura del Alto Valle

El titular de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados analizó el inicio de la temporada desde San Antonio Este, advirtió sobre los riesgos de exportar sin orden y puso el foco en los costos internos, la presión impositiva y la necesidad de recuperar competitividad
La temporada exportadora 2026 ya está en marcha desde el puerto de San Antonio Este. Con la salida del primer buque cargado con peras y manzanas del Alto Valle, la fruticultura regional volvió a conectarse con los mercados internacionales. Pero, lejos de la postal optimista, el escenario que describe el sector combina expectativas moderadas, cautela comercial y una fuerte preocupación por la competitividad.
Así lo planteó Nicolás Sánchez, presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), en diálogo con Agrovalle, donde trazó un diagnóstico crudo pero realista sobre el momento que atraviesa la actividad.
“Cada nueva cosecha viene cargada de ilusión. Poder arrancar de vuelta, tener nuevamente buques y un servicio regular con más frecuencia que el año pasado, que fue muy difícil, es importante para todos”, señaló. En ese sentido, destacó que la operatoria portuaria es el resultado de un esfuerzo colectivo: “Esto demuestra que cuando todos nos ponemos de acuerdo, el servicio aparece y queda al servicio del conjunto del sector”.
Logística: menos armadores, más costos
Uno de los ejes centrales del análisis de Sánchez fue la logística marítima, un factor que sigue condicionando a la fruticultura argentina. “Sigue siendo un cuello de botella. Cada vez hay menos armadores y son más grandes, lo que reduce la competencia y hace muy difícil bajar costos. Es un fenómeno global”, explicó.
Tras la pandemia, los valores del transporte internacional cambiaron estructuralmente. “Los fletes subieron muchísimo, luego bajaron un poco, pero nunca volvieron a los niveles previos. Y eso es algo que nosotros no pudimos acompañar”, advirtió.
Consultado por la comparación con Chile, fue cauto: “Depende del servicio y del destino. Chile también tiene sus costos y, además, prioriza su propia demanda y disponibilidad de contenedores. El año pasado fue caro y no bajó. Este año habrá que ver cómo se comporta el mercado”. En ese marco, valoró que en 2026 San Antonio Este vuelva a contar con un servicio regular y más frecuente.
¿Hay realmente un crecimiento del 10%?
Frente a las proyecciones oficiales que hablan de un crecimiento cercano al 10% respecto de la temporada anterior, Sánchez relativizó el dato. “No sé quién habla de crecimiento. Depende mucho de la zona. Entre Roca y Cinco Saltos falta manzana. Hay chacras donde directamente no está la fruta, ya sea por heladas u otros factores”, explicó.
Además, puso el foco en el impacto de los eventos climáticos. “Las tormentas que tuvimos fueron catastróficas. Hay zonas con pérdida absoluta de hectáreas: Chimpay, áreas entre Cipolletti y Roca, y ahora Regina y Godoy. Todavía enfrentamos nuevos pronósticos de tormentas, así que el volumen real todavía no está claro”, sostuvo.
Aun así, destacó un dato relevante: “Lo que entra al galpón se aprovecha mucho mejor. Eso sí lo estamos viendo”.
Exportar sin orden: el riesgo de destruir mercados
Uno de los pasajes más contundentes de la entrevista fue su advertencia sobre la estrategia exportadora. “Argentina sigue siendo cara. Tenemos precios relativos distorsionados y eso complica mucho el negocio”, afirmó.
Sánchez recordó lo ocurrido en la campaña pasada con Estados Unidos: “En 2024–2025 hubo un crecimiento del 100% en las exportaciones a ese mercado. Se mandó fruta de manera desordenada, incluso por cargadores que no son habituales, y se destruyó el mercado. Los retornos fueron malísimos”.
El impacto fue tal que hoy los productores de pera de California impulsan campañas para bloquear el ingreso de fruta argentina. “Desde CAFI estamos trabajando con Cancillería y la embajada en Estados Unidos para evitar que nos cierren ese mercado. Todo esto es consecuencia de haber regalado la fruta”, advirtió.
“Si seguimos haciendo las cosas así, el negocio no va a funcionar. Exportar puede funcionar si cuidamos precios y mercados. Si no, no”, sintetizó.
El verdadero problema: impuestos y costos internos
Para el presidente de CAFI, el núcleo del problema no es productivo. “El Alto Valle tiene unidades productivas hiper eficientes, chacras de alta densidad y un mix comercial interesante. No es un problema de producción”, afirmó.
La dificultad, sostuvo, es económica y política. “Argentina exporta con una mochila enorme: impuestos al cheque, al débito y crédito, ingresos brutos, tasas municipales, cargas sociales altísimas. Todo suma y nos deja fuera de competencia”, enumeró.
Sobre la reforma laboral, aclaró que el sector participa del debate, aunque no espera cambios inmediatos. “Nuestros convenios funcionan. Lo que realmente necesitamos es una baja de impuestos. Sin eso, no hay competitividad posible”, remarcó.
Competir en el mundo, resistir en casa
Sánchez destacó que la fruticultura del Valle está acostumbrada a competir a nivel global. “Competimos con Sudáfrica, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Europa. Sabemos competir afuera y también adentro, donde siempre hubo importaciones”, señaló.
Sin embargo, alertó sobre el impacto de un esquema macroeconómico distorsionado: “Si no se corrigen los precios relativos, ¿cuál va a ser la fuente de empleo del futuro? No todo lo puede absorber Vaca Muerta o la minería. Al país le conviene que haya rentabilidad en el sector privado para que lleguen inversiones”.
Un cierre con cautela y expectativa
Al resumir la temporada, Sánchez dejó una definición que condensa el ánimo del sector: “Después de dos años de decepción, afrontamos una campaña con un poco más de entusiasmo. Es compleja financieramente, venimos de años malos, pero se ve algo de luz. Esperemos no ser desordenados y poder capitalizar un año positivo”.
El primer buque “AS Sabine”, ya partió desde San Antonio Este. La fruticultura volvió al mar. Ahora, el desafío es que ese movimiento se traduzca en rentabilidad, previsibilidad y futuro para una de las economías regionales más emblemáticas del país.








