No estamos pensando en la próxima cosecha, estamos tratando de sobrevivir”: la advertencia del corazón productivo tras el nuevo golpe del granizo

El presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, Sebastián Hernández, describió el alcance del último temporal que castigó zonas clave del Alto Valle en plena cosecha. Daños totales en algunas chacras, fruta irrecuperable y una emergencia que obliga a pensar no en la campaña actual, sino en cómo llegar a la 2027. Qué alivios están en marcha y cuáles siguen siendo una deuda estructural.

El granizo volvió a caer donde más duele. En plena cosecha, sobre chacras de alta productividad, en uno de los corredores frutícolas más valiosos del Alto Valle. Desde Tres Puentes hasta la costa de Villa Regina, pasando por Ingeniero Huergo y General Godoy, la tormenta dejó un nuevo mapa de preocupación, pérdidas y urgencias.

“Estamos preocupados. Es productor el que habla y duele igual que a todos”, resume Sebastián Hernández, presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, quien además sufrió daños en su propia chacra durante el granizo del 10 de noviembre. Esta vez, explica, el impacto es aún más crítico por el momento del año.

Todavía no hay cifras cerradas. Las declaraciones juradas comenzaron a cargarse y el relevamiento recién empieza a ordenar el daño en el territorio. La Federación trabaja junto a las cámaras locales para construir el mapa definitivo. Pero el diagnóstico preliminar es contundente: se trata de una zona productiva de excelencia, con hectáreas muy valiosas y afectaciones severas.

En algunos casos, el daño es total. “Hay lugares donde el granizo peló hasta las hojas. En otros, la fruta quedó marcada, rota. Y esta fruta no se recupera”, advierte Hernández. A diferencia del evento de noviembre, cuando parte del daño pudo cicatrizar, el golpe actual cae sobre fruta lista para cosechar o ya en plena recolección. No hay margen para recuperación ni calidad comercial posible.

La consecuencia es directa: pérdidas inmediatas y un horizonte cada vez más estrecho para el productor.

Emergencia climática: qué alivios están vigentes

La emergencia agropecuaria ya está declarada tanto a nivel provincial como nacional. Fue aprobada el 21 de enero y contempla a las zonas hoy afectadas, sin necesidad de nuevas presentaciones. Eso permite acelerar algunos alivios, aunque Hernández es claro en marcar sus límites.

En el plano provincial, los productores con daños del 50 al 80 por ciento acceden a la exención del 50 por ciento de los impuestos Inmobiliario y Automotor. Aquellos con pérdidas del 80 al 100 por ciento quedan eximidos en su totalidad. Los certificados comenzarán a distribuirse a través de las cámaras en los próximos días, una vez auditadas las declaraciones juradas.

También se confirmó la prórroga de los créditos productivos vinculados a cosecha, raleo y labores de la temporada 2025. Esos compromisos quedarán diferidos hasta la finalización del período de emergencia, lo que en la práctica extiende los vencimientos hasta 2027.

A nivel municipal, se analizan gestiones puntuales según la situación de cada localidad, mientras que en paralelo se trabaja en un esquema de acompañamiento para la temporada 2026, enfocado en labores culturales clave: poda, mantenimiento y preparación de chacras.

La deuda nacional: aportes, contribuciones y costos imposibles

El punto más sensible sigue siendo el costo laboral. Hernández confirma que existe un compromiso del Gobierno nacional para avanzar en un esquema de diferimiento y financiamiento de aportes y contribuciones a la seguridad social, algo que hoy no contempla la emergencia agropecuaria tradicional.

“La presión de los 931 es muy pesada para el productor. Con esta situación climática, no hay manera de hacerle frente”, explica. La propuesta en discusión apunta a que el alivio sea retroactivo a enero de 2026, una herramienta clave para evitar que más productores queden fuera del sistema.

En este contexto, la Federación también se prepara para un debate de fondo: la reforma laboral. Hernández anticipa reuniones con el Ministerio de Trabajo y el análisis del proyecto enviado por el

Ejecutivo al Congreso. El objetivo es fijar una posición sectorial y llevarla a diputados y senadores.

“No se trata de pedir que nos regalen nada. Se trata de poder seguir funcionando”, sostiene. Reconoce las tensiones con los gremios, pero plantea una realidad que atraviesa a todas las economías regionales: costos altísimos, rigidez normativa y una ecuación que ya no cierra.

Malla antigranizo: una inversión estratégica que no puede esperar

El último eje es estructural y estratégico. El financiamiento para malla antigranizo vuelve a aparecer como una prioridad impostergable. Hernández admite que no todas las chacras están preparadas, pero insiste en que no hay alternativa frente a tormentas de esta magnitud.

“No hay forma de detener un evento así sin malla. Los cañones o los seguros no alcanzan”, afirma. La Federación trabaja en un esquema de financiamiento nacional que permita incorporar, año tras año, nuevas hectáreas protegidas y reducir la vulnerabilidad crónica del sistema productivo.

Pensar más allá de la próxima campaña

El cierre es tan crudo como realista. Tras este nuevo golpe climático, el productor ya no piensa en la temporada que viene.

“Los que sufrimos este daño no estamos pensando en la 26. Estamos pensando en la 27. En cómo sobrevivir y llegar”, resume Hernández.

El granizo no solo destruye fruta. Arrastra capital, desalienta inversiones y acelera la salida de productores. Los alivios ayudan, pero no alcanzan. El desafío, una vez más, es transformar la emergencia en una política de fondo que permita sostener al corazón productivo del Alto Valle antes de que sea demasiado tarde.

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