Menos volumen, más estrategia: el arándano argentino ajusta su modelo para sostenerse en los mercados

Con una caída cercana al 10 por ciento en las exportaciones, la campaña 2025 del arándano dejó señales claras de un sector que ya no compite por volumen, sino por calidad, diferenciación y construcción de mercados. Jorge Pazos, presidente de la Cámara Argentina de Exportadores de Arándanos, analiza el cierre de temporada, los cambios productivos y el principal desafío hacia adelante: sostener la rentabilidad en un contexto cada vez más exigente.

La campaña 2025 del arándano argentino llegó a su tramo final con un balance marcado por menores volúmenes, cambios fenológicos y una estrategia cada vez más afinada para sostener la actividad. Así lo describió Jorge Pazos, presidente de la Cámara Argentina de Exportadores de Arándanos, al hacer un repaso integral de la temporada.

“Fue una campaña que se inició de manera precoz. No tuvimos esos fríos que a veces hacen que la planta quede en standby, y eso adelantó el ciclo fenológico y también el final de la cosecha, que se dio hacia la primera quincena de diciembre”, explicó.

Ese adelantamiento no fue un fenómeno aislado. Según Pazos, también se registró en otros países productores del hemisferio sur, como Chile, y se tradujo en menores volúmenes globales. En el caso argentino, el impacto fue concreto: “Tuvimos un promedio de un 10 por ciento menos de volumen de exportación con respecto a la temporada anterior”.

Ese dato, aclaró, surge de estadísticas confiables vinculadas al comercio exterior. Sin embargo, el retroceso en exportaciones no fue el único destino de la fruta. “También se creció un poco más en el mercado interno y otra parte se destinó a congelado, tanto para el consumo local como para exportación”, detalló.

Menos superficie, más productividad

El menor volumen no responde únicamente al clima. Pazos fue claro al señalar que el sector viene atravesando desde hace años un proceso de pérdida de superficie implantada, producto de “malas políticas económicas, escasos incentivos, problemas de mano de obra y un sinfín de situaciones que afectaron la actividad”.

No obstante, remarcó que muchos productores que permanecen en el negocio encararon una reconversión productiva profunda. “Se está buscando mayor productividad con variedades nuevas. Eso implica un proceso: una planta necesita al menos dos años para empezar a producir y entre cuatro y cinco para alcanzar su máxima expresión. Todo ese recambio varietal genera una merma transitoria que no necesariamente tiene que ver con lo climático, sino con esperar que la planta madure”.

El mercado interno como salvavidas

En ese contexto, el consumo interno se transformó en un pilar clave para la sostenibilidad del sector. “El mercado interno es una especie de salvavidas para muchos productores”, reconoció Pazos.

Ese crecimiento no fue casual. Hace más de seis años, la Cámara impulsó una campaña específica para promover el consumo local. “Iniciamos la campaña Mejor con Arándanos, con el objetivo de instalar el concepto de consumir arándanos frescos en temporada, destacando sus beneficios para la salud, sobre todo su alto contenido antioxidante”.

Con el paso del tiempo, esa estrategia dio resultados. “Hoy el arándano forma parte de la canasta de frutas. Está en verdulerías y supermercados cuando es época, y el consumidor entendió las bondades del producto, lo fácil que es consumirlo como snack y que además es bueno para la salud”.

La demanda llegó a tal punto que, una vez finalizada la temporada argentina, el mercado pide continuidad. “Por eso se importa fruta de Chile. No compite con la fruta argentina, porque la nuestra ya terminó. Simplemente se busca satisfacer una demanda existente”, aclaró.

El rol creciente del congelado

Otro componente que ganó protagonismo es el segmento de congelados IQF. Para Pazos, no se trata de una alternativa aislada, sino de parte de un esquema integral. “Todo forma parte de un mix: exportación, mercado interno y congelado. A veces, cuando los precios no satisfacen al productor y existe la posibilidad de congelar, eso permite disponer de fruta durante todo el año”.

El consumo de berries congelados se expandió en los últimos años y amplió los usos del producto. “Permite licuados, yogures, repostería, waffles. No es fresco, pero conserva las mismas propiedades. Esa versatilidad suma”.

Europa, nichos y diferenciación

En materia de exportaciones, Europa volvió a ser el principal destino. El giro estratégico fue forzado por el escenario internacional. “Hace años, el 70 por ciento de nuestras exportaciones iban a Estados Unidos y el 30 por ciento a Europa. Con la irrupción de Perú, que está a mitad de camino y con volúmenes muy superiores, nos fue desplazando”.

La respuesta argentina fue clara: buscar nichos. “No somos un país de volumen. Entonces definimos competir por calidad y diferenciación”. En ese esquema, la logística aérea juega un rol central, al permitir llegar rápido y con mayor vida útil poscosecha.

Además, el sector cuenta con una ventaja competitiva relevante. “Prácticamente el 80 por ciento de los campos están certificados como orgánicos. No toda la fruta se vende como orgánica por una cuestión de precio, pero la condición está, y los mercados lo valoran”.

La diversificación también incluyó nuevos destinos. Brasil se consolidó como un mercado estratégico por proximidad. “Replicamos la campaña de consumo y hoy es uno de los mercados más interesantes. Llegamos por vía terrestre y tiene mucho potencial”.

A eso se suman envíos de nicho a destinos como Asia, Israel, Cuba, Dubai o Marruecos. “No son grandes volúmenes, pero para nosotros tres, cuatro o cinco pallets son relevantes y nos permiten sostener continuidad”.

Costos, logística y el desafío estructural

Al analizar los límites del negocio, Pazos fue directo: “La mano de obra es uno de los principales condicionantes. Es una producción intensiva en capital y en trabajo. Con un dólar retrasado, la mano de obra medida en dólares se encarece, aunque sabemos que el ingreso de los trabajadores no es suficiente”.

La distancia a los mercados también pesa. “Estamos en el extremo sur del hemisferio. Eso encarece la logística”. Sin embargo, destacó un punto a favor: “Buenos Aires es un hub logístico importante, con buena disponibilidad de bodega aérea hacia múltiples destinos”.

Mirar hacia adelante, en conjunto

De cara al futuro, el principal desafío es sostener la rentabilidad sin perder posicionamiento. En ese camino, el sector decidió avanzar en una estrategia colectiva. “Entendimos que los problemas del arándano son similares a los de la cereza, la pera, la manzana y otros productos exportables”.

De esa lectura surgió Frutas de Argentina, una plataforma de trabajo conjunto. “Nos presentamos como una oferta exportable integrada. No es solo vender arándanos, es vender fruta argentina. Eso da más visibilidad, más interés y permite compartir esfuerzos”.

El objetivo final es claro. “Buscamos seguir posicionando a la Argentina como oferente confiable y, si Dios quiere, recuperar los volúmenes de exportación que supimos tener”, concluyó Pazos.

Una definición que resume el momento del arándano argentino: menos volumen, más estrategia, y la convicción de que la diferenciación sigue siendo el camino para sostenerse en un mercado global cada vez más competitivo.

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