“Trabajo entregado y nunca cobrado”: el testimonio de un productor que expone la crisis silenciosa del Alto Valle

Daniel Silvestri, productor frutícola del Alto Valle, revela una realidad que atraviesa a cientos de chacareros: liquidaciones incumplidas, costos que se disparan, fruta que no paga la energía y un sistema que expulsa al productor primario. Un relato crudo desde adentro de la chacra.

Una crisis que no siempre se ve, pero se sufre todos los días

“El productor primario está complicado”. La frase no busca dramatizar: describe una realidad extendida en el Alto Valle. Daniel Silvestri, productor frutícola, lo dice con la naturalidad de quien ya convivió demasiado tiempo con la incertidumbre. La temporada 2025 dejó marcas profundas y, en muchos casos, todavía abiertas.

“No conozco a todos en profundidad, pero hay de todo: productores que están bien, otros regulares y otros muy mal. Fue un año complicado para todos”, resume. Incluso para quienes lograron sostenerse con reservas, el golpe fue fuerte.

Cosechas entregadas, pagos que no llegan

Uno de los puntos más críticos que expone Silvestri es el incumplimiento en los pagos por parte de empresas empacadoras. En su caso, la situación es extrema: asegura que apenas cobró el 10 por ciento de la temporada 2024-2025 de pera Williams y que ni siquiera recibió la liquidación.

“Es la primera vez que me pasa. Son empresas grandes de la región. No entiendo qué está pasando”, señala. El esquema de pagos diferidos, que ya se volvió habitual en la actividad, termina funcionando como una transferencia de riesgo desde las empresas hacia el productor.

La consecuencia es directa: descapitalización, endeudamiento y pérdida de horizonte productivo.

Manzana: cuando guardar fruta sale más caro que venderla

Si la pera arrastra problemas estructurales desde hace años, la manzana tampoco escapó al deterioro. Silvestri cuenta que, tras varias campañas positivas, esta última fue particularmente mala.

“El 40 por ciento de mi fruta se lo consumió el frigorífico. Cuando saqué los números finales, hubiera sido mejor mandarla a industria”, reconoce. El costo de la energía, sumado a un mercado saturado por fruta vieja y nueva coexistiendo al mismo tiempo, terminó de achatar los precios.

“Se empezó vendiendo a un precio en febrero y fue el mismo en septiembre y octubre. Nunca levantó”, explica. Solo las empresas grandes, con fruta de altísima calidad y espalda financiera, lograron mejorar los valores hacia el final de la temporada.

Costos que no cierran: la cosecha se lleva todo

Uno de los datos más contundentes de la entrevista aparece cuando Silvestri pone números sobre la mesa. El costo de la cosecha —sumando salarios y aportes— representó cerca del 30 por ciento del ingreso total.

“Cuando la cosecha supera el 15 por ciento, ya empezás a tener problemas. Este año se me fue el 30 por ciento”, advierte. El dato es todavía más alarmante cuando se lo cruza con otra realidad: el productor cobró prácticamente el mismo precio que en campañas anteriores, pero con un 100 por ciento de aumento en el costo de la mano de obra.

“El problema no es el trabajador, es todo lo que se paga alrededor”, aclara. Aportes, cargas y estructura impositiva terminan asfixiando al eslabón más débil de la cadena.

La temporada que viene: menos fruta, ¿mejores precios?

Mirando hacia adelante, Silvestri ensaya un moderado optimismo. Los frigoríficos quedaron prácticamente vacíos y la combinación de granizo, heladas y daños en malla —especialmente entre Roca, Cipolletti— reducirá la oferta de fruta de calidad.

“Creo que va a arrancar mejor la temporada porque no se va a mezclar fruta vieja con fruta nueva”, explica. Aun así, aclara que es solo una expectativa, no una certeza.

Mano de obra, sanidad y tecnología: una brecha que se agranda

En cuanto a la cosecha, el productor no teme una falta de trabajadores, pero sí una pérdida de calidad en el trabajo. “Estamos teniendo muchos problemas de mala cosecha. A veces es difícil explicar cómo hay que hacer las cosas”, reconoce.

En lo sanitario, el control de carpocapsa se vuelve cada vez más complejo, especialmente en zonas periurbanas con alta iluminación. Si bien valora iniciativas como el uso de drones para distribuir feromonas, advierte que la tecnología existe, pero no es accesible para el productor chico.

“El mundo va a 150 y nosotros íbamos a 30. Hoy lo estamos viendo”, grafica. La brecha tecnológica, sumada a los altos costos locales, deja a la fruticultura regional fuera de competencia.

Un cierre que duele: cuando el productor piensa en irse

El momento más duro llega al final. Silvestri, productor primario y de escala chica, admite que ya no ve futuro en la actividad para él.

“No me sigue nadie. Ya estoy planificando irme de la fruticultura”, confiesa. Sin embargo, deja un mensaje para las nuevas generaciones: cree que los jóvenes todavía tienen una oportunidad, porque la tierra será un bien cada vez más valioso y el Valle tiene potencial para diversificarse más allá de la manzana y la pera.

El testimonio de Daniel Silvestri no es una excepción: es el reflejo de una crisis estructural que combina atraso de precios, incumplimientos comerciales, costos crecientes y ausencia de políticas que protejan al productor primario. Mientras la fruta sigue saliendo de las chacras, el sistema parece decidido a vaciarlas.

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