Un INTA en transformación: ajustes sin despidos y una redefinición institucional en marcha. audio.

Mientras el Gobierno nacional avanza con una serie de recortes en distintos organismos públicos, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) atraviesa su propio proceso de adecuación. Sin embargo, lejos de los escenarios más drásticos que algunos preveían, la Dirección Nacional del organismo ha trazado una hoja de ruta con ajustes estratégicos, pero sin despidos de personal, según confirmó Julio Ojeda, Secretario General de APINTA, en diálogo con este medio.
Un pedido y una respuesta
El puntapié inicial de esta reestructuración se dio el 29 de noviembre de 2024, cuando el Consejo Directivo del INTA solicitó a su Dirección Nacional definir una “dotación de personal óptima” que garantizara un instituto “moderno y eficiente”. Se estableció un plazo de 75 días para delinear una estrategia, que concluyó el 14 de febrero de 2025.
Ante la incertidumbre generada en el sector, la Dirección Nacional del INTA presentó un plan que busca el equilibrio entre la optimización de recursos y la continuidad operativa. A diferencia de la propuesta impulsada desde el Ejecutivo, que sugería el cierre de las Agencias de Extensión Rural (AER) y los Institutos de la Agricultura Familiar (IPAF) con la consecuente reducción de al menos 1.500 trabajadores, el documento interno del INTA plantea una reconfiguración menos agresiva.
Según el informe al que accedió este medio, la planta de personal del INTA ha permanecido estable durante los últimos 18 años. Actualmente, cuenta con 6.123 agentes, de los cuales el 86% pertenece a planta permanente. En el transcurso de 2025, se prevé una reducción de 180 agentes debido a jubilaciones y otras bajas voluntarias, una cifra que se incrementaría en los próximos años, alcanzando una reducción del 16% para finales de 2026.
¿Qué cambiaría en el INTA?
El plan de reestructuración pone el foco en la redefinición de estructuras y en la eficiencia operativa. Se plantea la reducción del 20% de las gerencias dependientes de las Direcciones Nacionales y la transformación de la Coordinación Nacional de Financiamiento Extrapresupuestario en una coordinación interna. Además, el programa de apicultura seria absorbido por la Red de Unidades Demostrativas Apícolas, y se eliminarían las Plataformas de Innovación Territorial (PIT).
En lo que respecta a las Agencias de Extensión Rural (AER), la propuesta establece una disminución del 14% en su cantidad total, pero sin comprometer la presencia territorial del INTA. Este ajuste, explican desde la Dirección Nacional, implicará un esfuerzo organizativo para garantizar que la institución mantenga su alcance en el territorio.
Un INTA con mirada a futuro
Más allá de los recortes, el documento resalta el impacto positivo del INTA en el sector agropecuario. Durante 2024, la inversión del organismo fue de 216 millones de dólares, mientras que el beneficio para el sector privado osciló entre 635 y 1.080 millones de dólares.
Para sostener esta relación costo-beneficio, el plan de reestructuración incluye la implementación de nuevos sistemas de evaluación de desempeño, vinculados a la planificación institucional y la mejora continua. También se reforzará la comunicación con los gremios y el personal para garantizar transparencia en el proceso.
La intención es que esta transformación no implique una pérdida de capacidades, sino una reorganización que permita sostener y mejorar los servicios esenciales del organismo. “Este esfuerzo institucional busca fortalecer al INTA de cara al futuro”, concluye el informe.
Por el momento, y ante la preocupación del sector, desde APINTA aclaran que no habrá despidos. Así lo aseguró Julio Ojeda en diálogo con este medio, llevando tranquilidad a cientos de trabajadores que dependen de la continuidad del organismo para seguir aportando innovación y conocimiento al campo argentino.