Cerezas: Chile marca el camino y Argentina busca despegar en el tablero global

En el mundo de la fruticultura, pocas producciones reflejan con tanta claridad la diferencia entre visión estratégica y oportunidad desaprovechada como la cereza. Chile, en apenas dos décadas, se consolidó como potencia exportadora indiscutida; Argentina, en cambio, todavía intenta traducir su potencial en un plan concreto que le permita competir en el escenario internacional.

En diálogo con este medio, el ingeniero Mariano Winograd, consultor frutícola de vasta trayectoria y presidente del programa 5 al día, analizó los desafíos y posibilidades que enfrenta el sector argentino. La conversación completa puede escucharse en todas nuestras plataformas de audio, donde el especialista profundiza sobre un tema que interpela a productores, exportadores y decisores políticos.

Chile: inversión y estrategia a largo plazo

El modelo chileno no fue casual. El país vecino entendió que para competir en el mundo era necesario apostar fuerte a la inversión privada, a la apertura de mercados y a la construcción de una marca-país confiable. La cereza chilena no solo ganó presencia en Asia con China como destino estrella, sino que además se transformó en un símbolo de calidad internacional, generando divisas y empleo en toda la cadena.

La clave estuvo en la articulación público-privada: políticas estables, créditos blandos, infraestructura de frío y logística adaptada al ritmo de los envíos aéreos. El resultado es contundente: cada temporada, miles de toneladas de cerezas viajan desde Chile hacia mercados que pagan precios premium, consolidando un negocio que se convirtió en modelo de referencia global.

Argentina: condiciones naturales, pero sin política sostenida

Del otro lado de la cordillera, Argentina cuenta con ventajas agroecológicas que podrían posicionarla en el mismo nivel. La Patagonia ofrece suelos y climas ideales, y también hay áreas con potencial en Cuyo. Sin embargo, las dificultades logísticas, la falta de infraestructura adecuada en empaque y transporte, y la ausencia de políticas públicas de largo plazo han limitado la competitividad.

El mercado interno, por su parte, no logra absorber volúmenes significativos, lo que restringe la expansión de la actividad. Para que el sector crezca, es indispensable garantizar previsibilidad a quienes invierten y, sobre todo, diseñar un plan estratégico que permita construir confianza en los mercados externos.

Un espejo para las economías regionales

La historia de la cereza funciona como espejo de los dilemas que enfrentan las economías regionales. Argentina tiene las condiciones para convertirse en protagonista, pero necesita convertir sus ventajas naturales en un proyecto exportador con continuidad. La lección chilena demuestra que no alcanza con producir fruta de calidad: se requiere infraestructura, acuerdos comerciales, planificación de largo plazo y una cadena organizada que actúe con visión común.

Winograd remarca que la cereza no es solo un negocio puntual, sino un ejemplo del potencial de la fruticultura argentina. Con la planificación adecuada, la producción podría transformarse en motor de arraigo, empleo y divisas, dinamizando regiones donde hoy la actividad se desarrolla de manera fragmentada.

Una decisión de futuro

Mientras Chile avanza en la diversificación de mercados y consolida su liderazgo mundial, Argentina se encuentra en un punto de definición: mantener su presencia en la exportación o dar el salto hacia un proyecto sólido y más competitivo. Lo que está en juego no es únicamente la cereza, sino la capacidad del país de aprovechar al máximo los recursos que la naturaleza le ofrece.

La entrevista con Mariano Winograd, disponible en nuestras plataformas de audio, invita a reflexionar sobre los caminos posibles para que la Argentina deje de mirar desde afuera y comience a ocupar un rol protagónico en el tablero internacional de la fruticultura.

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