Perros protectores: la estrategia que gana terreno en la Patagonia para cuidar el ganado sin enfrentar a la fauna silvestre

Durante años, la depredación fue considerada uno de los principales desafíos para los productores ovinos y caprinos de la Patagonia. Frente a las pérdidas ocasionadas por pumas, zorros e incluso perros asilvestrados, muchas veces la respuesta estuvo asociada al control de los depredadores. Sin embargo, una herramienta que recupera prácticas ancestrales comienza a consolidarse con respaldo técnico y científico: los perros protectores de ganado.
Audio de la entrevista a la ingeniera Rocío Álvarez
El próximo martes, el INTA Alto Valle realizará una capacitación destinada a productores e interesados en conocer esta tecnología de manejo. La propuesta apunta a mostrar que la clave no está en entrenar perros para atacar, sino en formar animales capaces de convivir con el rodeo y prevenir la presencia de depredadores.
«La idea es compartir experiencias y mostrar cómo funciona esta herramienta, que está pensada principalmente para productores, aunque puede participar cualquier persona interesada en la temática», explicó la ingeniera Rocío Álvarez, una de las capacitadoras de la jornada.
El mayor mito: no son perros de pelea
Uno de los conceptos que más busca desmitificar el equipo técnico tiene que ver con la función real de estos animales.
«Cuando se habla de perros protectores, muchas personas imaginan que son perros que salen a pelear con un puma o con un zorro. En realidad, no funcionan de esa manera. Son perros que se crían para vivir con ovejas o cabras y forman una familia con los animales que deben proteger», explicó Álvarez.
Su tarea consiste en recorrer permanentemente el establecimiento, marcar territorio, detectar movimientos extraños y alertar con su sola presencia. Su gran porte, los ladridos y la delimitación territorial suelen ser suficientes para que los depredadores eviten acercarse al rodeo.
La impronta: el secreto del éxito
Detrás de un buen perro protector existe un proceso que no admite improvisaciones.
Todo comienza cuando el cachorro deja de depender de su madre biológica y pasa a convivir con las ovejas o las cabras que protegerá durante toda su vida.
«La impronta dura aproximadamente 90 días. En ese período el cachorro empieza a considerar como su nueva familia a la majada. Si ese momento se pierde y el perro llega a la adultez sin esa experiencia, después ya no puede cumplir correctamente ese rol», sostuvo la especialista.
Ese vínculo temprano explica por qué estos animales no necesitan recibir órdenes constantes: su comportamiento protector surge de la relación que construyen con el ganado desde los primeros meses de vida.
Mucho más que comprar un cachorro
Desde el INTA advierten que incorporar un perro protector no significa simplemente adquirir una determinada raza.
Álvarez explicó que antes de tomar esa decisión los productores deberían capacitarse, conocer experiencias de otros establecimientos y recurrir únicamente a criaderos que trabajen con líneas genéticas específicas para protección.
«Lo primero que recomendamos es recibir capacitaciones y conversar con productores que ya utilizan esta herramienta. Después sí buscar criaderos autorizados y con referencias», señaló.
Actualmente las razas más utilizadas son el Maremmano y el Pastor de los Pirineos, ambas seleccionadas por su temperamento, tamaño y capacidad para convivir con el rodeo.
¿Es una inversión cara?
El costo inicial puede parecer importante, especialmente para pequeños productores.
Según explicó la capacitadora, un cachorro equivale aproximadamente al valor de entre doce y quince corderos.
Sin embargo, el análisis cambia cuando se compara con las pérdidas ocasionadas por un solo ataque de puma.
«La inversión puede parecer grande, pero muchas veces un ataque esporádico provoca en pocas horas pérdidas equivalentes o incluso superiores al valor del perro», afirmó.
No existe una receta única
Otra de las ideas que busca transmitir el INTA es que no hay una fórmula universal sobre cuántos perros necesita cada establecimiento.
La cantidad dependerá de múltiples factores: la superficie, el manejo del rodeo, la edad de los animales protectores, la distribución del agua, la presencia de depredadores y hasta el trabajo coordinado con los campos vecinos.
«No se trata de comprar un perro y dejarlo con las ovejas. Primero hay que hacer un diagnóstico para saber si realmente las pérdidas son por depredación y después analizar cómo incorporarlo dentro del sistema productivo», explicó Álvarez.
Los estudios realizados por el INTA muestran que algunos ejemplares pueden recorrer hasta 15 kilómetros por día, razón por la cual resulta fundamental coordinar acciones con establecimientos linderos y evitar prácticas que puedan poner en riesgo a estos animales, como el uso de cebos tóxicos o métodos letales para controlar fauna.
Una herramienta que busca cambiar la mirada
Más allá de la capacitación, el mensaje que transmite el equipo técnico es claro: la convivencia entre producción ganadera y fauna silvestre es posible cuando las decisiones se apoyan en conocimiento y manejo.
Los perros protectores no eliminan por sí solos el problema de la depredación, pero sí representan una herramienta que, integrada a un sistema de manejo adecuado, puede reducir pérdidas, mejorar la producción y disminuir los conflictos con la fauna nativa.
En una Patagonia donde la producción ovina y caprina convive diariamente con grandes depredadores, la prevención comienza a imponerse sobre el enfrentamiento. Y allí, silenciosamente, estos perros se transforman en uno de los aliados más valiosos del productor.
Capacitación: Perros protectores de ganado
En Guerrico, INTA Alto Valle
Se requiere inscripción previa desde el siguiente link https://tinyurl.com/ypu5udkb
Para mayor información escribir a Laura Villar al correo: [email protected] o enviar mensaje al: 2944538173
Los capacitadores serán Rocío Alvarez del INTA Los Menucos y José María Garramuño de la Estancia La Noria de la provincia de Río Negro








